Domingo, 12 de julio de 2020

Vías pecuarias y medio ambiente - 2

Adoptando una escala de percepción territorial más amplia, las cañadas pueden analizarse como corredores para la conservación, no sólo de especies de fauna y flora, sino también de ecosistemas completos, si bien es este un papel que cabría incrementar notablemente con una gestión adecuada. En biología aplicada a la conservación se denomina “corredor” a una banda de vegetación natural que conecta áreas de cierta extensión que de otra forma quedarían aisladas y cuyas características naturales y valor para la conservación de especies son muy superiores a las de los terrenos que limitan el corredor.

Aunque el papel de los corredores en los movimientos de fauna y su utilidad para favore­cer la recuperación de determinadas especies en peligro de extinción está siendo cuestionada por no existir datos concluyentes, se admite que su repercusión es positiva como componen­tes de una política de conservación a escala regional o de territorio amplio. La potencialidad que ofrece el sistema en este campo es muy importante, y entre las funciones que algunas vías pecuarias están ejerciendo, o podrían ejercer, se pueden señalar las siguientes:

a) Franjas de conexión entre el mundo urbano y el medio natural. Las vías pecuarias pue­den jugar un importante papel como eje conector entre el tejido urbano de las ciudades y pue­blos y el medio natural circundante. Se trata de aprovechar las que penetran en la ciudad o en el pueblo, como cuñas de conexión entre el mundo urbano y el medio rural, a fin de crear ejes verdes de penetración de la naturaleza en el medio urbano y poner en contacto al habitante de la ciudad con su entorno rural - natural.

Además se impone como necesario conectar los parques urbanos con el medio rural -na­tural, para así evitar que queden aislados en medio de la trama urbana, lo que obliga a un ma­nejo humano intensivo de estos, al haberse convertido los parques urbanos en auténticas islas carentes de relación con su entorno natural.

b) Franjas de conexión entre enclaves naturales. Otra de las funciones que podrían potenciarse, y que no es incompatible con el paso ganado, es el de pasillos de conexión entre áreas naturales, tanto protegidas, como no protegidas.

 

Si tenemos en cuenta que el nivel de fraccionamiento del territorio es cada día más intenso, debido al gran número de infraestructuras de comunicación existentes (autovías, autopistas, carreteras, vías férreas), o al propio desarrollo urbano industrial, los enclaves naturales de valor para la conservación, se encuentran cada vez más aislados en medio del cemento y asfalto.

Se impone, pues, la necesidad de aprovechar ciertas vías pecuarias para conectar los enclaves naturales, a fin de que se mantenga, o dinamice, el flujo permanente de fauna y flora que permita el intercambio de especies entre ellos. El fraccionamiento del territorio, y el aislamiento de los enclaves naturales, no es ecológicamente aconsejable para el normal desenvolvimiento de la vida de animales y plantas, ya que provoca graves problemas a éstos: aislamiento genético de las poblaciones en islas - endogamia y pérdida de variedad genética muerte de vertebrados por atropellos - con las consiguientes repercusiones sobre los efectivos poblacionales -, empobrecimiento de la diversidad específica, etc.

Las vías pecuarias utilizadas para este fin, podrían servir, en determinados casos, de auténticos pasillos verdes por donde la fauna y la flora podrían moverse (pensemos que las Cañadas tienen 75m de anchura), se constituirían de cara al futuro en condicionante ambientales al desarrollo de actividades de alto impacto, evitarían el aislamiento de los espacios naturales, y liberarían territorio de la dinámica urbanizadora de creación de infraestructuras.

c) Franjas de protección (franja colchón) de espacios de interés ecológico. Algunas vía pecuarias son limítrofes con terrenos de gran valor ecológico. El papel que les toca jugar a estas vías pecuarias es crucial, ya que constituyen excelentes franjas colchón frente a potencia les impactos que pudieran generarse sobre el enclave natural en cuestión. De ahí que sea prioritaria su vigilancia, a fin de evitar actitudes indisciplinadas que provoquen la usurpación y/o ocupación ilegal de estos espacios públicos limítrofes con áreas de interés ecológico, y que por tanto se vayan introduciendo cuñas de degradación en el borde de éstos (fenómeno que por desgracia ha comenzado a desarrollarse).

 

d) Las vías pecuarias en los Espacios Protegidos. En Otros casos las vías pecuarias forman parte de los espacios naturales protegidos, o en vías de protección, y la pérdida de  funcionalidad de algunas de ellas como paso de ganado, comunicación rural o pastoreo, puede aprovecharse para recuperar la cubierta vegetal autóctona del Espacio Protegido, o bien como soporte para destinarla a fines educativos, culturales o de interpretación de la naturaleza (senderos de la naturaleza), limitando los impactos a puntos concretos del enclave natural, canalizando a los visitantes por rutas previamente convenidas, excluyendo aquellos lugares sensibles donde es necesario evitar, o limitar al máximo, la presencia del ser humano.

e) Las vías pecuarias y los cursos de agua. Las vías pecuarias juegan un papel importante desde una óptica de mejora ambiental del territorio, ya que muchas de éstas discurren parale­las a cursos de agua, por lo que el dominio público hidráulico y la vía pecuaria se superponen, creándose franjas de suelo público de interés especial para el flujo de la fauna y la flora, así como para la mejora de los ecosistemas ribereños.

Sin embargo, en muchos casos es necesaria una labor previa de eliminación de ocupacio­nes ilegales, y la conveniente revegetación de dichas vías pecuarias, lo que permitirá conse­guir reconstruir los complejos de vegetación ribereña, teniendo efectos positivos sobre la calidad del medio fluvial en su conjunto.

 

f) Las vías pecuarias y la mejora de la cubierta arbórea (revegetación lineal). Uno de los graves problemas con el que cuentan muchas partes del territorio del Estado español, es la es­casez de cubierta arbórea, por lo que la revegetación de ciertas vías pecuarias tiene una clara función de mejora ambiental del entorno, ya que atenúan la desecación ambiental, crean refu­gios para la fauna, retienen el suelo y lo enriquecen con sus restos de hojas y ramas, recuperan paisajísticamente el territorio, etc.

Esta revegetación se debe potenciar en los tramos de vías pecuarias en los que no exista movimiento de ganado, o bien en los que, aún existiendo, no se generen tensiones entre la ac­tividad ganadera y la de mejora de la cubierta arbórea, y con especial mención a aquellos sec­tores del territorio en donde el medio natural sea árido y exista una acusada ausencia de vegetación arbórea.

No debemos olvidar que existen actualmente líneas de financiación comunitarias y na­cionales para potenciar la reforestación de amplias áreas de nuestro territorio.