Lunes, 9 de diciembre de 2019

Vacíos cerebrales: tópicos lingüísticos

Si escribiera este artículo exagerando los tópicos que oímos con demasiada frecuencia, en discursos, conferencias, declaraciones o simples conversaciones, me saldría algo así:

“Comenzaré por visibilizar el relato de cómo ha llegado hasta su situación actual la falta de pensamiento. Un poco, solo un poquito, explicaré de él, pues es un asunto largo y complicado. Pero tampoco voy a mirar para otro lado en relación a este tema, la falta de pensamiento, porque…¡hombre, falta, lo que se dice falta de pensamiento, tampoco es que ocurra! Lo que ocurre es que hay poco pensamiento. O, si ustedes quieren, falta pensamiento original, creativo, empático…

Ocurre, en mi modesta opinión, que a fuerza de escuchar las mismas frases una y otra vez, el cerebro humano tiene, un poco, la tendencia de repetir lo escuchado, sobre todo si el cerebro del hablante es un poco vago y sus relatos poco coherentes. Pues las neuronas son, hasta cierto punto, como un espejo que imita las peores cosas, no las mejores. En fin, ¡la asignatura pendiente de la neurociencia y de la farmacología!: que alguien descubra algo que estimule a las neuronas a imitar lo bueno, no lo malo de lo que vemos. Hasta que alguien no haga este descubrimiento neurocientífico…¡no podremos sacar pecho! No habremos hecho los deberes. No podremos visibilizar lo invisible de nuestro cerebro. Estaremos mareando la perdiz sobre cómo ser más creativos, manejar más riqueza de lenguaje, sin necesidad de estar consultando a cada minuto google, y así, interrumpiendo la conversación y aburriendo a nuestro/a interlocutora/tor soberanamente”.

Este “discurso” ( o fuga de ideas, como lo llamábamos en psicopatología) podría, ¿verdad lector?, continuar páginas y páginas, horas y horas, produciendo el único milagro posible que genera la ignorancia: poner miles de palabras, unas al lado de otras, ¡sin expresar ni una sola verdad!, ¡sin configurar un solo pensamiento claro y coherente! En eso nos distinguimos, en general, de las demás especies: en que los animales, sin palabras, son más claros que el humano contemporáneo, sobre todo desde que este tiene toda la información al alcance de su limitado cerebro; desde que tiene como fuente de información los canales televisivos, los Ipads y las conversaciones vía whatsapp.

El placer que se sentía conversando con respeto con alguien que tenía puntos de vista a veces similares y a veces diferentes con nosotros, pertenece al pasado. Ahora, los insultos, las mentiras, las agresiones, los odios, los monólogos…han sustituido al placer de intercambiar, y no digamos al placer de llegar a puntos comunes, satisfactorios para todos los participantes  en una conversación.