Lunes, 9 de diciembre de 2019

Mi patria. Mi lengua

"No estoy dotado ni para la teoría ni para la erudición aunque, con el auge de los pequeños nacionalismos que por desgracia sufrimos en el mundo, yo me considero de una patria más grande que es mi lengua, la española". Son palabras de Joaquín Sabina en el VIII Congreso de la Lengua Española que se celebró hace unos días en el Teatro Libertador de Córdoba, Argentina. Pues sí, mi admirado Joaquín, te compro esas palabras. Como también lo hicieron el poeta argentino Juan Gelman, Premio Cervantes 2007, que afirmó que sólo tenía una patria, su lengua. Y casi con las mismas palabras, algunas décadas antes, el portugués Fernando Pessoa hacía la misma confesión.

Y es que la lengua española es, o debería ser, patria común de muchos millones de habitantes de este planeta, aunque se vea sometida a constantes ataques por muchas otras, envidiosas de su riqueza y la precisión de su vocabulario.

Cuando en tediosos informes de organismos nacionales o internacionales, casi siempre en inglés, leo expresiones traducidas como “desnutrición crónica”, yo me pregunto ¿pero en castellano eso no se llama hambre? Cuando dan cuenta de conflictos armados (que en castellano son, guerras) y se refieren a efectos colaterales preguntaría ¿me están hablando ustedes de muertos civiles? Si hablan de flexibilización del mercado laboral ¿no queda muchos más claro decir: despidos? En estos tiempos que corren una separación entre la Infanta Elena y Jaime de Marichalar se llama “cese temporal de la convivencia y una recesión es un "crecimiento económico negativo”, lo que además de un contrasentido. Todos ellos son ejemplos de mal uso del lenguaje, muchos de ellos eufemismos que, como dice la periodista Soledad Gallego Díaz, directora de El País: “Se utilizan palabras blandas para expresar situaciones duras

Pero además, un entrenador es ahora un coach, una audición es un casting, la conocida “lluvia de ideas” es un brainstorming, los seguidores son followers, el mecenazgo se llama crowdfunding, una empresa emergente es una startup, una red de contactos es un networking. No tenemos pasatiempos hoy tenemos hobbys, nuestra anticuada contraseña es un password y un anuncio es un banner ¡pero hombre, si ya ni siquiera se chatea ahora se twitea

Si dudar, me quedo con tu patria, Joaquín. Lo único que no comparto de tus palaras del otro día es que seas un “impostor” entre tanto poeta y erudito. ¿Cómo alguien que escribe como tú se puede sentir un impostor en un Congreso de la Lengua Española? Si acaso lo aceptaré como una más de esas vaciladas de golfante de las que tanto te gusta hacer gala, como cuando presumes de tener una mala salud de hierro.

¿Cómo puede ser un impostor alguien capaz de escribir una canción tan estremecedora a una princesa que cabalga entre la cirrosis y la sobredosis o que se lía a pedradas con los cristales de una sucursal de un Banco Hispanoamericano por una mujer? ¿Cómo puede ser un intruso entre los grandes quien ha vivido siempre en número siete de Calle Melancolía y día tras día pierde el tranvía al Barrio de la Alegría? Un personaje que siempre ha querido, y sigue queriendo, escribir la canción más hermosa del mundo y capaz de pintar a Chavela Vargas como una dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena, mestiza ardiente de lengua libre, gata valiente de piel de tigre con voz de rayo de luna llena.

En definitiva, no puede ser un impostor quien dice no ser un fulano con la lágrima fácil de esos que se quejan solo por vicio y que con 70 años cumplidos lo niega todo, incluso la verdad o realiza una declaración tan genial como decir: Superviviente, sí, ¡maldita sea! Nunca me cansaré de celebrarlo. Antes de que destruya la marea las huellas de mis lágrimas de mármol. Si me tocó bailar con la más fea viví para cantarlo.

El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante afirmaba que: El español es demasiado importante para dejarlo en manos de los españoles. Por eso es la patria común de muchos y brindo porque lo siga siendo.