Sábado, 15 de junio de 2019

De leonas y de hombres

Mi amigo Rafa, que es un sabio como muchos de mis amigos porque una se los encuentra para que nos hagan mejores, opta estos días de Cuaresma por la desconexión. Y no se desconecta del móvil, ni de la cervecita, ni del trabajo ni de la rutina diaria, no, lo suyo es actuar como si el estrépito electoral no fuera con él. Mordisquea un par de titulares, se informa lo justo y necesario y se inclina por la torrija con azúcar antes que por la torrija nacional. Y eso que últimamente, los señores de la carrera por el cargo se han moderado y ya no sacan a pasear el feto ajeno aunque es verdad que sus viernes de reparto continúan dándonos sonrojo. Mi amigo se ha desconectado y no lee periódicos, no ve telediarios y pasa la prensa digital rápida y distraídamente por si se resuelve lo del Brexit. Y como lo de la pérfida Albión va para rato, mi amigo sigue viviendo en la feliz inopia hasta que termine el tráfago electoral del y tú más. Mi amigo es sabio.

         A mí, aunque lo intento, me puede la curiosidad malsana aunque no hasta el punto de verle las jetas a estos señores que deberían estar quemándose las cejas para resolver los problemas de la gente en vez de estar buscándose las cosquillas mutuamente. Pongo la radio y hago un barrido por las noticias digitales hasta que el dedo se detiene en una imagen de la que tomo nota. Y es que en un acto en Jaén, coinciden al ladito Pedro Sánchez y Susana Díaz y no puedo por menos que detenerme a analizar el alcance de un encuentro cuanto menos incómodo. Y un punto para Susana, porque aunque su carcajada detenida en la foto sea más falsa que las acciones de Bankia, luce en la pechera una camiseta que es toda una declaración de intenciones: el rostro fotografiado, directo y serio de un león macho con todo y melena.

         A la dama andaluza la imposición de listas le tiene que haber sonado a risa de hiena, pero ahí está ella tomando la delantera. Su camiseta es todo un zarpazo del que no se libra Sánchez por muy presidente del país que sea. En su territorio, manda ella, ella es el macho alfa de una manada que quizás por desidia se quedó en casa aunque yo me inclino por pensar que la gente ya estaba harta de ver los mismos hocicos en los pesebres de siempre. Cambiamos a veces por pura desesperación, no porque lo que venga sea mejor. A eso se le llama voto de castigo y menos mal que ha llegado el tiempo bueno, porque era el zasca que le iba a caer a los partidos, Podemos incluido. Un revés a la derecha para que se dejen de tanta tontería, que esto parece el juicio del “próces”. Sin embargo yo no creo que la cosa llegue tan lejos, las aguas parecen haberse calmado un tanto y la gente sabe bien de los unos, los otros y los de más allá… y salvo algún ilusionado que los hay, el resto contempla el patio con el mayor de los desapegos. Quizás lo que triunfe ahora sea, precisamente, el quedarse en casa, como en Andalucía, o en pasar de urna e irnos a tomar una caña. Yo ahí como que no desconecto, aunque aprendo de mi amigo. Una camiseta blanca es lo que deberíamos llevar ahora mismo y dejarnos de mensajes subliminales: arreglar lo que está roto, políticos míos, que para eso os pagamos, seáis del color que seáis. Y mientras, pues me voy a tomar una caña con mi amigo y así me desconecto.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.