Domingo, 25 de agosto de 2019

Zaniki o enamorarse de la vida

La película “Zaniki” del director salmantino Gabriel Velázquez es una bella lección de qué es básicamente la educación de las nuevas generaciones, qué importancia tienen los abuelos en la trasmisión de la cultura y tradiciones a los nietos y qué tipo de riqueza forma nuestra identidad local, muy distinta a las artificiales “marcas”, huecas de contenido.

La película o documental muestra con belleza poética y realismo los paisajes solitarios de la geografía salmantina, fotografiados con una sensibilidad pictórica que enlaza con algunas películas de nuestro recién desaparecido Basilio Martín Patino.

Pero no solo fotografías de paisajes contemplamos en Zaniki; los dos protagonistas, Eusebio y su nieto están situados en el núcleo del relato, mostrándonos con pedagogía y ternura qué es educar, qué es imprescindible trasmitir, qué valores no pueden ser obviados cuando hablamos de nuestra identidad castellana, salmantina o española: las encinas, el cultivo de las tierras, los ríos, los animales ( toros bravos de mirada serena), la música y el folclore nacidos de costumbres ancestrales, que con tanta calidad ha sabido recoger la familia Mayalde.

Algunos podrían criticar la película argumentando que no han mostrado suficientemente el gran problema de la despoblación de las tierras salmantinas, similar a la de tantas otras regiones y comarcas del interior peninsular. Pero sería una crítica errónea; la película lleva en su contenido la propuesta para luchar contra la despoblación: Zaniki responde a esa cuestión: si las jóvenes generaciones conocen a fondo y aman su tierra, harán todo lo posible por mantenerla, no abandonarla, aunque tengan muy pocas ayudas para proyectos e inversiones. Pero que cuando falta ese amor, esa valoración de la propia tierra, y los poderes públicos no hacen nada para dinamizar la vida rural y los pequeños municipios, se dan los dos factores para el abandono.

En estos días la prensa está publicando que en muy pocos años la población que vivirá en las áreas de Madrid y Barcelona, llegará al 60% de la población total española. ¡Qué disparate!, ¡ qué tristeza colectiva deberíamos sentir abandonando tanta riqueza dispersa en el campo y en los pequeños pueblos y ciudades de toda España.

La película Zaniki va en la dirección de recuperar esas tierras y esas culturas que no hemos sabido o podido valorar.