Lunes, 21 de septiembre de 2020

“La publicidad de las campañas no puede entenderse sin big data y la llegada personal a cada votante”

Las redes sociales, una de las herramientas más utilizadas por los partidos políticos, y en especialmente Whatsapp, “ese pozo sin fondo de desinformación, cualquier mensaje puede circular y es más difícil encontrar la verificación”
Nuevas herramientas para captar al votante.

Las campañas electorales (a menos de un mes de las generales, 28A, y dos meses de las locales, autonómicas y europeas, 26M) también se libran en las redes sociales, y de hecho, se han convertido en una de las herramientas más utilizadas por los partidos políticos para lanzar sus propuestas, movilizar el voto y tratar de convencer a los indecisos. “Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación han llegado para quedarse”, señala Manuel Alcántara, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca. “La publicidad de las campañas no puede entenderse sin big data y la llegada personal a cada votante”.
 
El uso electoral de las redes sociales es indiscutible, desde Facebook e Instagram a WhatsApp, Telegram y otros servicios de mensajería en el móvil. “Otras veces ha tenido más peso Facebook o Twitter, pero esta campaña se va observando bastante el uso de whatsapp”, y tiene su explicación, como señala Óscar Sánchez, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, “y es que es un poco ese pozo sin fondo de desinformación, cualquier mensaje puede circular y es más difícil encontrar la verificación, a no ser que la persona en concreto salga a corregir algo, y con la posibilidad de que te lleguen mensajes sin que vengan las siglas detrás”. En otras redes sociales como Twitter, añade, “el mensaje queda dicho, y si un partido político dice un disparate va en contra del descrédito de ese partido”.

¿Las redes sociales favorecen la participación ciudadana en el debate político? El catedrático Alcantará considera “que el ciudadano está más preparado que los propios políticos” porque “el uso masivo por parte de las gente de las redes hace que sea una forma de comunicación muy aceptada”.

En opinión del profesor Óscar Sánchez, “sería injusto no reconocer que sí que existe esa posibilidad de participación mayor, pero la diferencia más notoria es la de hacer mensajes cada vez específicos y más personalizados”, añadiendo que, si bien “en principio uno puede decir que es una forma ventajosa de poder hablarle a las personas de los temas que les interesan”, hay otra faceta, “la menos amable, y es decirle a cada público lo que quiere oír en cada momento”.

Seguro que más de uno recuerda “la película ‘Minority Report’, en la que iban lanzando mensajes estrictamente dirigidos a la persona en cuestión, detectaban por reconocimiento ocular esa vía de lo que te puede interesar”. “Eso que en aquel momento era un poco ciencia ficción, en realidad es muy de nuestro tiempo cuando vas moviéndote por las redes”, apunta Sánchez.

Tan cierto como que “no hay política sin comunicación” es que “la publicidad política tiene menos controles y restricciones que las que encuentra la publicidad comercial, una empresa no puede ir lanzando proclamas sin saber que las puede cumplir, sería publicidad engañosa, sin embargo, en el ámbito político es un poco más la ley de la selva, estamos ante un mercado de distinta naturaleza y existe un resquicio, por la propia naturaleza del producto puedes prometer algo y luego el partido se excuda en que las circunstancias eran otras, si ganábamos con mayoría absoluta, hemos llegado al gobierno y ya no decidimos solo nosotros...”.

Y hablando de partidos, una última pregunta para el catedrático Manuel Alcántara, ¿sería posible en España un presidente sin partido político detrás, estilo Macron? “Sí, incluso diría que eso es a lo que se tiende”.