...¿"Hasta que la muerte nos separe"?. No sé yo eh...

Este es un tema resbaladizo y peliagudo de tratar. Pero lo hago con la curiosidad y el estímulo de meterme en un jardín ubicado unas veces en el desaliento y otras en una esperanzadora incertidumbre. Cuando se contrae matrimonio se contraen muchas más cosas (contraer, de menguar) tanto en él como en ella y se vislumbran, poco a poco, otras, que al final generan lo que vulgarmente llamamos “la experiencia de la vida”. De vivir, de convivir con el otro u otra.

 Intentaré no hacerme un nudo en la exposición, pero más o menos, lo que quiero decir es que esa frasecita del cura ante el altar cuando se sella la unión entre un hombre y una mujer (por lo general) con el “hasta que la muerte os separe”, me da a mí que naranjas de la china. Que no, que no. Que no hay porqué mentar la muerte, que hasta que llegue (por lo general) queda una hartá.

 Entre la parca y el casorio hay un mundo que hay que llenar y muchas hojas de calendario que arrancar. Y ese mundo tiene muchos colores. La historia de nuestros padres (hablo desde la ventana de la gente de mi quinta (60 lunas) todos sabemos cómo la solventaron o solventan. Pero aquellas generaciones vivieron otra película, en la que en el nexo conyugal prevalecía la voluntad del hombre; la mujer se apañaba, se adaptaba, sufría…Película, sin embargo, no exenta de terribles dificultades para salir adelante, según qué casos.

  En la contienda que libramos en la actualidad, siglo XXI, por salir adelante cada día que amanece, el panorama pinta de forma bien distinta. Las parejas visibilizan con normalidad fecha de caducidad a su relación. Así las cosas, el amor pareció haber sido pasajero maquillaje y a la tercera bronca: ¡aire!.

 En mi entorno de amistades y amigos de distinto metraje en lo temporal hay de todo, pero muchos (as) se han separado o divorciado. Me parece sensata y respetable la opción de “se nos rompió el amor”, tu para allá, yo para el otro lado. No, nada es eterno, lo del cura puede que sea un protocolo romántico, pero inhábil en los tiempos que corren, es decir, en los del smarphon y el Sálvame de Lux.

 No entiendo la bestialidad de los malos tratos, de la violencia de género, bueno sí lo entiendo, y me parece una felonía que lleva al hombre (por lo general) a enlodazarse en los instintos más primarios de las cavernas.

 Nadie es dueño de nadie, el respeto a las ideas y a los sentimientos es lo que debe diferenciarnos de los animales. Aunque en ocasiones, ya digo, cueste ver la diferencia.