Domingo, 15 de septiembre de 2019

Necesitados de misericordia

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  Sabemos muchas cosas, hoy hemos llegado muy lejos en todos los campos de la técnica. En muchas partes se vive en la abundancia, pero se cierran los ojos a la miseria y hambre de otros pueblos. Los pobres, los marginados, los crucificados, no interesan a los poderosos, ni a los gobiernos, ni a la gente instalada. Cientos de personas huyen de la guerra, hacia una realidad desconocida y se les cierran las fronteras. Pero lo más trágico es que no hay compasión para el que vive cerca y sufre: enfermos, ancianos, jóvenes. Y esto acontece en nuestras ciudades, barrios y hogares.

  Necesitamos seguir hablando de misericordia, palabra extraña en nuestro vocabulario, pero necesitamos, sobre todo, crecer en compasión e identificarnos y solidarizarnos con el que sufre. Los cristianos deben ser motivados a optar por la misericordia para ser misericordiosos,  para practicar las obras de misericordia. Necesitamos escuchar a Dios, pero también los gritos de los hermanos. San Agustín en sus confesiones, nos regala una biografía del alma, “A ti la alabanza y la gloria, ¡oh Dios, fuente de las misericordias! Yo me hacía cada vez más miserable y tú te me hacías más cercano”.

  Quisiera recordar aquellas palabras de Charles Péguy, “Dios ha tomado la iniciativa. Es él quien ha empezado... Dios ha puesto su confianza en nosotros. ¿Quiere decir eso entonces que nosotros, por el contrario, no confiábamos bastante en él?” Necesitamos confiar en Dios, acogernos a su misericordia, pero tendremos que trabajar, sin dejar pasar el tiempo,  para que en nuestra sociedad haya más responsabilidad, más justicia, más solidaridad: más misericordia.

  La misericordia deberá crear espacios de confianza, para que la persona, desde la herida y el dolor, pueda ser sanada y reconciliada. Nosotros, hijos que huimos de la casa del Padre, o nos quedamos en ella sin sentirnos hijos de verdad y hermanos de los otros, tendremos que poner y clavar nuestros ojos en el Padre bueno, y releer con frecuencia las parábolas de la misericordia.