Lunes, 23 de septiembre de 2019

Y tú mucho, mucho más

Nos espera un tiempo no solo de crispación –más-, sino de insensatez. A ver quién la dice más estúpida, a ver quién mea más lejos, a ver quién ficha al nombre más mediático, a ver quién pone a los suyos más arriba. Un tiempo en el que tendremos que acostumbrarnos al estrépito mitinero, ese que ha cambiado la escenografía de una forma perversa: antes veíamos al candidato en el púlpito, predicando como si no hubiera mañana en la soledad del escenario, sin embargo, en la actualidad el pregonero de todo lo que promete y no hará tiene detrás un telón de gente entregada: rostros que asienten, sonríen y acompañan guardándole las espaldas. Se trata de un mosaico peculiar y perturbador, solo hay que ver a los machos alfa de la política el 8 de marzo hablando de la mujer con attrezzo femenino detrás. Y precisamente no eran las mismas que se fueron de manifa a dar saltos y a corear consignas. Es refrescante esto de ver a las ministras desmelenándose apeadas del tacón, tanto como recordar en los colores de Montero –dineros- la alegre disposición de Carmen Alborch para romper los códigos de vestimenta política femenina, léase traje chaqueta armado como una coraza tipo Merkel.

El asunto del trapo tiene una deliciosa parte frívola: Montero, Irene, busca una austeridad un tanto impostada. No lleva nada encima que nos distraiga, parece no tener tiempo de pensar en lo que se pone pero sí en lo mucho que lo piensa… se trata de un minimalismo rebuscado. La que verdaderamente mostraba a las claras que pasaba de todo menos de su propia valía era Bescansa, pero cometió el error de destacar mucho y la dejaron ahí en la cuneta, justo donde Casado y Sánchez arrinconan a los otros… y no esperen que llegue Zidanne a rescatar a los cautivos de Argel, no, a los políticos amontonados como trastos viejos no les va a recuperar nadie, las cosas como son. Por eso más le valdría a Susana Díaz buscarse un trabajo fuera del partido porque tiene los días contados. Y parece que a ninguno les gusta ni la pensión vitalicia ni quedarse fuera. De ahí estos trasvases de uno a otro partido que dan auténtica risa. Porque la risa va a ser la que nos salve estos días de promesas, declaraciones, ocurrencias, recorridos, besos y estrechamiento de manos y de gaznates ajenos.

Un horror. Los políticos se nos van a meter hasta en las bragas, y digo bien porque el tema del feminismo promete. La reflexión social acerca del cuidado, del papel de la mujer, del valor de la custodia compartida y el permiso de paternidad es un camino que nos conduce, poco a poco, a esa revolución callada que yo vivo con alegría porque la siento ahí… sin embargo, nuestros políticos entran a saco en ella soltando ocurrencias, legislando a toda prisa y poniendo etiquetas hasta en los úteros ajenos que ya es decir. Necesitamos reflexión, sosiego y acción medida, pero nuestros políticos son de ocurrencia estúpida, de astracanada poco pensada, de declaración cerril, de calentamiento no climático –esa es otra- sino lenguaraz. De ahí que estos días debamos escuchar a los pajaritos para no acabar enfadados con el mundo. Porque nos espera una campaña no solo bronca, sino estúpida. Oh desventuradas orejas mías, decía Calixto en La Celestina, pues eso… al campo a oír piar.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.