Martes, 29 de septiembre de 2020

Hoy me invade la nostalgia

Cuántas añoranzas y recuerdos de la época. Hay olores y sabores que te hacen retroceder a la infancia, como el turrón Suchard con el que recibíamos la Navidad

Recuerdo cuando era niño. Parece que fue ayer cuando teníamos solamente dos canales de televisión, una época en la que los niños estábamos todo el día jugando en la calle, con la bici o en el monopatín, con las chapas o las canicas, liado con las colecciones de cromos…

Cuantas añoranzas y recuerdos de la época. Hay olores y sabores que te hacen retroceder a la infancia, como el turrón Suchard con el que recibíamos la Navidad o las pipas recién tostadas en el trenecito de la Plaza Mayor. Recuerdo los tazones de leche con Cola Cao repleto de galletas “María” para desayunar. Nos comíamos la leche condensada, la Nocilla y el Cola-Cao a cucharadas; recuerdo un día que hice reír a mi hermana nada más meterse la cucharada de Cola Cao, os podéis imaginar cómo terminamos.

A la hora de hacer los deberes siempre teníamos a mano la socorrida enciclopedia Larousse, y para las matemáticas nuestras famosas calculadoras Casio. Ahora está todo a mano, dentro de un móvil, un ordenador o una tablet. Antes había que ir a buscar la información y ahora es ella la que te busca a ti con los continuos avisos del móvil.

Hoy repaso como si fuera ayer las noches que me quedaba a dormir en casa de mis abuelos, aquellos colchones de lana en los que quedabas enterrado, y aquellas pesadas mantas cuyo peso ayudaba a encajarte como un sándwich. La calefacción en esas casas de pueblo no existía más allá de la cocina donde estaba la chimenea o la camilla con el brasero; era salir de allí en las noches frías de invierno e ir a la habitación corriendo, quitarte la ropa y meterte en la cama en menos que canta un gallo, y pegarte como una solapa a la bolsa de agua caliente que me ponía mi abuela para entrar en calor.

Lo cierto es que ahora todo ha cambiado: la forma de educar, conducir, trabajar, vivir… pero del mismo modo que antes ahora también vivimos grandes momentos, y dentro de unos años los recordaremos igual que nos pasa con los de la infancia, un día abriremos de nuevo nuestros recuerdos y allí los encontraremos, cubiertos de una nostalgia parecida.

No penséis que vivo anclado en el pasado y no disfruto del presente. La felicidad podemos encontrarla aquí y ahora con lo que tenemos, igual que lo hicimos en nuestra infancia. Y los niños de ahora también tendrán sus añoranzas el día de mañana, su niñez tendrá otro marco y sus vivencias no serán las mismas que las nuestras, pero será en su entorno donde se desarrollen sus recuerdos. He aprendido que la felicidad hay que buscarla constantemente y no dejar pasar esos momentos por los cuales vale la pena vivir y que, más tarde, valdrá la pena recordar.