Martes, 12 de noviembre de 2019

Confesión

Vista panorámica de El Cerro

En primer lugar hoy quiero decir, para que queden las cosas claras, cuando escribo este artículo para hoy martes, que: CONFESION es (algo que uno hace de lo que sabe, espontáneamente o preguntado por otro). Y para que no queden dudas, hoy nadie me ha preguntado. Pues eso.

Hubo un lugar, un pueblecito perdido en la lejanía, tan lejos, que ni Machado llegó hasta allí para poder decir lo mismo haciendo poesía, de cuando estuvo por tierras sorianas: “Tierras pobres, tierras tristes, tan tristes, que tienen alma”. Pues tampoco sería el caso, pues tendría que haber añadido inmediatamente y sin reparos que valgan: “En el sur de la Vieja Castilla existe un pueblo El Cerro con muchos castaños que dan un fruto excelente y necesario desde tiempos inmemoriales. Todo ello en una Naturaleza pletórica en flora y fauna, muchas fuentes de aguas cristalinas y bebible… ¡AGUA  VIVA!... y un entorno de silencios infinitos, donde el… ¡Mismo silencio devuelve su ECO!” y buenas gentes”.

Claro es, que si algún viajero hubiera llegado hasta allí, en aquella lejana época, y hubiera preguntado a un cerrúo al que se encontró cogiendo agua en la fuente de la Plaza Mayor del lugar y que llevaba en su mano una bolsa de esparto… ¿Qué lleva usted ahí?... el lugareño le contestaría irónico pero confiado: “llevo Alcofroncios de verano”. Expresión puntual y absurda, cuando no se quiere revelar lo que se oculta. Para asombro del visitante.

Pero no es de extrañar esta respuesta inverosímil, pues en la época aquella era normal. Y para mí regocijo en esta actual he leído en la Revista Anual de EL CERRÚO (año 2012), estas “perlas sueltas”: Un cerrúo no te saluda, te pregunta interesado… ¿Tas pahí prenda? Un cerrúo no es guapo, es “bonitino”. Un cerrúo no corre, va “cagando leches”. Un cerrúo no queda en el bar, queda en “cá Paco”. Un cerrúo no sale ce copas, va a tomas unos “pelotes”. Un cerrúo no asa castañas, hace “calbotes”. Un cerrúo no te pregunta el motivo de algo, te dice ¡Tó! ¿Pos cómo? Un cerrúo no es cotilla, es “zaraguto”. Un cerrúo no te dice que no tiene tiempo, te dice “no le vaga”. Un cerrúo no te la juega, te “hace la gatá”. Un cerrúo no te golpea, te “pega un viaje”. Un cerrúo no te pregunta cómo te llamas, te pregunta, de ¿Quién eres niña?

Y es que como decía Felipe López Muñoz, un “cerrúo” singular en sus recopilaciones del vocabulario local: “Reuní un ramillete de palabras dichas en nuestro pueblo; unos cuantos vocablos cerrúos que cada vez se oyen menos, pero que debemos rescatar del olvido. Este lenguaje es nuestro, forjado a través de muchas generaciones, y os animo a que lo uséis en vuestra vida diaria para que no desaparezca”. Pues eso.

Por mi cuenta y riesgo, escogería varias palabras antiguas que se hablaban en El Cerro y se las aplicaría sin piedad a los políticos actuales, al procés ese, a los juicios eternos, a las próximas elecciones y a otras “cosas” del mundo rosa televisivo, sin olvidar el momento en el que estamos inmersos de una situación climatológica anormal y disparatada y más… y encajarían. ¡Vaya!

Pero no lo voy hacer, aunque os confieso que tengo varias “hilvanadas” sobre estos aconteceres, pero prefiero dejarlas ahí y que seáis vosotros los que las encagéis donde creáis oportuno y la adecuada… Abarullar, abujero, cascabullo, diendo, jumento, montacino, zaramalla (avanza el trabajo, pero es un zaramalla), numerío (esta para las listas electorales, pues hay mucho aspirante). Escalapitar (le-escalapitó para irse de fiesta… esta para Sánchez y Torrá)…

Decía que hoy era día de confesión, y por ello tengo que decir que El Cerro (donde me hicieron Hijo Adoptivo, para mí gran Orgullo), tal como yo lo conocí, ahora también ha evolucionado a mejor, aunque él y yo, nos hemos hecho más viejos y el pasado se nos difumina, aunque somos afortunados por vivir unos cambios que generaciones anteriores a la nuestra no podían ni haber imaginado. Todo ha cambiado, pero El Cerro y yo continuamos siendo los mismos… ¡con muchos más años!

Por ello viajero… cuando el tiempo acompañe; acércate a este lugar singular de la geografía provincial salmantina y disfruta conociendo lugares con encanto natural aún: “Hornacinos”, “El Monte Gurugú”, “Fuente la Merchana”, “El Balcón de Extremadura” y más. Pues ahora puedes integrarte en el interesante Proyecto de la Diputación salmantina denominado SENDEROS MICOLÓGICOS, con un recorrido de 9 kilómetros y que atraviesa por Montemayor del Rio y El Cerro, uno de los parajes más espectaculares de las sierras salmantinas, llenos de bosques eternos, fuentes de agua corriente, y sensacionales panorámicas. ¡No te lo pierdas!

Y si llegas a-El Cerro- y que encuentras al hacerlo, en sus calles o Plaza (donde dos caños vierten agua cristalina y bebible, desde tiempos remotos) y te encuentras con un cerrúo nativo del lugar y que lleva en su mano una bolsa de esparto o una cesta hecha con láminas de viejo castaño… si te encuentras… no le preguntes ¿Qué llevas ahí?-Pues puede que te conteste o no… ¡Llevo-Alcofroncios de verano!... que a la manera cerrúa es una expresión puntual y absurda, cuando no se quiere descubrir, lo que se lleva oculto; pero dicha con toda educación. Pues eso.

Hoy hemos hecho un “alto en el camino” para contaros estas singularidades ¡que las hay! De un pueblo sensacional, El Cerro. El próximo martes continuaremos con PERSONAJES SALMANTINOS “que dejaron Huella”. Pues eso.