Jueves, 21 de marzo de 2019

Un sopapo a la inteligencia

Profesor de Derecho Penal de la Usal
Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP a la Comunidad de Madrid

La ingente cantidad de insultos, descalificaciones y mentiras que está profiriendo el líder del PP Pablo Casado está contagiando a sus compañeros de partido. Actúan con prepotencia, soberbia y desparpajo, creyendo que los ciudadanos somos imbéciles y que nos creeremos todas sus afirmaciones. Quizá en los cursos de verano o en los master específicos que promueve “Génova” a sus jóvenes promesas se les dice que hay que seguir la estrategia de Goebbels y se les enseña que una mentira pronunciada mil veces se convierte en verdad.

Es tal el hartazgo que provocan las afirmaciones de Casado que cada vez se oye decir a más gente que si lo están escuchando en una emisora de radio o en una cadena de televisión, apagan inmediatamente sus receptores o cambian de canal; porque no tiene carisma, ni oratoria, ni seriedad, ni la conexión que un líder político tiene que tener con la ciudadanía. Su único objetivo, derivado del odio y el resentimiento, es llegar al poder a cualquier precio, sin importar los medios empleados para conseguirlo.

No parece razonable que Casado emita tantas falsedades y ni se inmute y lo más grave es que parece convencido de decir la verdad. Cuando televisión española le entrevistó hace unos días, tuvo la desfachatez de afirmar que su partido fue quién impulsó la Ley de violencia de género, cuando las hemerotecas son una prueba evidente de que no sólo no fueron los que impulsaron la ley (que fue claramente el primer gobierno Zapatero), sino que la criticaron en el debate parlamentario diciendo que era una “mala ley” y que solamente era una “operación de marketing”. Incluso el mismo M. Rajoy la criticó, aunque finalmente votasen a favor de la misma; eso sí, a remolque y arrastrando los pies.

Tampoco es razonable que Casado afirme que desean volver a la ley de despenalización del aborto de 1985 cuando no sólo no la apoyó el entonces grupo popular, sino que interpusieron recurso ante el Tribunal Constitucional, quién emitió una sentencia novedosa, progresista y adecuada a las demandas sociales (STC 53/1985, de 11 de abril, BOE 18 de mayo) . Pero esto a Casado no le importa, como tampoco que diga que en España el aborto es libre hasta la vigésimo segunda semana del embarazo, cuando sabemos que no es cierto, sólo lo es hasta la semana 14, pudiendo llegar a la semana 22, pero solamente para casos realmente excepcionales como la existencia de “un grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada o que exista riesgo de graves anomalías en el feto”.

Por otro lado, la ciudadanía tiene que conocer que Casado está intoxicando sistemáticamente la realidad informativa. Como ejemplo de esto, recordaremos que hace tan sólo unos días, cuando procedieron a trasladar a los presos del “procés” de las prisiones catalanas a las de Madrid debido al juicio que se está celebrando en el Tribunal Supremo, el líder del PP manifestó que estos presos no tenían que estar en prisiones catalanas y que es otra de las cesiones (bajada de pantalones) de Pedro Sánchez ante el independentismo. Este indocumentado político tiene el deber de saber (y, si no lo sabe, no puede representar a los españoles), que El RD 3482/1983, de 28 de diciembre fue la norma por la que se traspasaron los servicios del Estado a la Generalidad de Cataluña en materia de Administración Penitenciaria y a partir de ahí será la Comunidad Autónoma (única en España hasta el momento) que tiene asumidas competencias en materia de ejecución penitenciaria, no de legislación, que es competencia exclusiva del Estado, en virtud del artículo 149.1.6º de la CE. Por tanto, es absolutamente legal, coherente y sensato que los Servicios de Prisiones de la Comunidad Catalana asuman la retención, custodia y resocialización de sus presos preventivos y condenados, de los que tienen su domicilio, familia y relaciones sociales en Cataluña. Y todo ello, en virtud de que ya el primer Estatuto de Cataluña, el de 1979, preveía la asunción autonómica de esa competencia.

Como también la contempla el Estatuto de Autonomía del País Vasco (Comunidad que aún no ha asumido esas competencias, pero que también tiene derecho a ello). No obstante, Casado ya está contaminando a la opinión pública, manifestando que el gobierno Sánchez está hipotecado por “los terroristas y separatistas”, al tener intención de que el gobierno español realice el traspaso de competencias en materia de ejecución penitenciaria a la Comunidad vasca. Y los Estatutos vasco y catalán se aprobaron cuando gobernaba la UCD de Adolfo Suárez, no en los gobiernos socialistas de Felipe González. Y luego, por otro lado, Casado reivindica la figura de Suárez y el espíritu de la transición. Ya quisiera él poseer la misma entidad ético política, la talla, la formación y la capacidad de diálogo que los líderes de la transición.

Y siguiendo la estela de las mentiras de Casado nos encontramos con la candidata a la Comunidad de Madrid por su partido, Isabel Díaz Ayuso, que en la presentación de su candidatura se ha definido a sí misma “fan de la constitución”, reivindicando el diálogo de la transición; claro, eso sí, reivindica el diálogo, pero cuando ellos lo practican porque cuando lo hacen otros lo califican de “bajada de pantalones ante el independentismo, el separatismo y el terrorismo”. Esta señora también ha tenido el feo detalle de manifestar que “la fiscalía pide más pena para Cristina Cifuentes, por un presunto delito de falsificación, que para Ana Julia Quezada, presunta autora del crimen del niño Gabriel”. Ya se necesita “tener bemoles” para mentir tan descaradamente y sin despeinarse.

Muchas de esas mentiras, que, como todas, tienen las patas muy cortas, se están poniendo de manifiesto en las declaraciones testificales de miembros del anterior gobierno (de M. Rajoy, Zoido ó Sáenz de Santamaría) y de algunos que fueron designados como mediadores (en otros momentos como el actual lo han definido como relator, aunque con la misma finalidad). Es el caso de Íñigo Urkullo, presidente de Euskadi, al que, naturalmente, Yo le creo más que a M. Rajoy y su séquito.

El PP y también muchos líderes de Ciudadanos (de los de Vox no hablo, porque para éstos es su programa político), están atravesando una línea roja muy peligrosa; del insulto a la inteligencia están pasando al sopapo a la misma. Y como sigamos así, subirán un peldaño más, que sería el inicio de la destrucción del sistema democrático. Los ciudadanos no podemos permitir que sigan en esa línea. Por desgracia, ya hemos sufrido históricamente en nuestras propias carnes las apelaciones necrófilas del “viva la muerte y muera la inteligencia”. ¡LOS CIUDADANOS NO PODEMOS PERMITIR QUE ESTO VUELVA A PASAR!