Lunes, 19 de agosto de 2019

Reciclarse o morir

En la Grecia Clásica se distinguían dos tipos de conocimiento. Por una lado estaba la opinión (doxa), por otro el verdadero saber (episteme). Mientras la primera es un conocimiento aparente de la realidad y se dice que, como en el caso de los ombligos, todos tenemos una, la segunda es un conocimiento cierto basado en razones que sólo está al alcance de aquellos que la buscan y que desean encontrarla. Por eso, aquellas buenas gentes, no tenían problema en cambiar de opinión cuando las evidencias o la lógica les señalaban que estaban equivocados.

Aceptado esto, me resulta inadmisible escuchar a ciertas personas que al opinar sobre algún asunto afirman con rotundidad: Yo he pensado así toda la vida; lo cual es inadmisible por dos razones. La primera porque están mintiendo, es imposible pensar de la misma manera a los 14 años que a los 60. Segundo porque ser coherente no es lo mismo que ser terco, ya que la terquedad, sin ciertas dosis de flexibilidad, se acaba transformado en fundamentalismo. El hombre cuya opinión nunca varía es semejante al agua estancada, y engendra reptiles en su mente; decía William Blake poeta y pintor inglés

Imagino que ya se han dado cuenta de estamos de nuevo en campaña electoral (si es que en algún momento hemos dejado de estarlo), aunque la legislatura anterior esté de “cuerpo presente”. Una campaña que será bronca, maleducada, grosera, irrespetuosa, pero sobre todo será larga, muy larga. Una campaña para la que los distintos partidos ya han comenzado los “entrenamiento” verbales y están en plena faena de captación de “nuevos fichajes”, fichajes del mercado de invierno que se diría en el argot futbolístico. Y es que los puestos de salida en estas carreras por un puesto en el Congreso, en el Senado, en Europa, en alguna Autonomía o alcaldía, son muy importantes ya que estamos ante una “oferta de trabajo” muy amplia.

Yo comprendo que una persona pueda no estar de acuerdo con lo que hacen ciertos dirigentes de su partido y lo critique, es sano, pero que de un día para otro su ideología deje estar en sintonía con su grupo y acepte ser fichado por otro que, dice, está más próxima a sus principios y valores, a su idea de España, me generada dudas, no sobre su derecho a cambiar de opinión, sino sobre las razones de hacerlo, sobre la intención de su acción, porque la línea que separa la captación de talentos, así lo llaman ahora, del transfuguismo es muy delgada.

La intención de un acto es lo que nos puede servir para calificarlo como honesto o no, pero esa intención rara vez la conocemos. Pudiera ser el sentirse ninguneado y aspirar, en otro grupo, a una posición más relevante con mayores opciones a cuotas de poder, pero también pudiera tratarse de un verdadero cambio de principios y valores lo que supone una capacidad crítica y una responsabilidad ciertamente honrosa.

Dice Mario Vargas Llosa: "Debemos hacer que el reciclaje se convierta en una forma de vivir”, algunos de estos nuevos fichajes seguro que tienen intención de hacerlo. Así que reciclarse o morir. Siempre que algo sea susceptible de ser reutilizado hay que hacerlo, ya que con ello reducimos la generación de desperdicios, sea dicho sin acritud ni ánimo de ofender.