Lunes, 3 de agosto de 2020

"¡ La república no existe, idiota !"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La República conserva su legitimidad mientras la voluntad del pueblo, libremente expresada, no la condene.

(Antonio Machado. Discurso radiado en Barcelona en noviembre de 1938)

 

Así fue el final del diálogo entre un mosso d’esquadra  y un guarda forestal manifestante a finales del año pasado en Barcelona:

GUARDA: Jo defenso la República!

MOSSO: Quina República ni què collons! La República no existeix, idiota!

(No sabemos si el policía reforzó su argumento como suelen hacer en estos casos).

Sin groserías, la Srta. Arrimadas ha ido a decirle lo mismo a Puigdemont en “Waterlú”, delante de su propia casa, por si no se había enterado.

Y, paradójicamente, algo parecido están declarando los catalanes enjuiciados ante el Tribunal Supremo por el procès: no hay tal república, pues ni el referéndum del uno de octubre de 2017 ni la declaración de independencia posterior tuvo efecto jurídico alguno, siendo un acto meramente simbólico y político que expresó una voluntad mayoritaria entre los catalanes, sin mayores consecuencias. Es cierto que se trata de una mayoría supuesta, mientras no haya un referéndum “como dios manda“, pero no es inverosímil, dado que el voto favorable a la D.U.I. contó con una mayoría de 72 diputados del Parlament, de un total de 135. Si, como se dice, la justicia juzga hechos, no intenciones, y si no se demuestra la acusación de rebelión, el juicio avanzará cojeando y poniendo en evidencia a las instituciones españolas ante la opinión pública internacional, por muy feroces y condenatorios que se pongan contra los “idiotas” el bipartito, la derecha nacional, la prensa concomitante y esos intelectuales que ven la viga nacionalista en el ojo catalán y no las banderas bicolores desplegadas y cara al sol en el suyo.

Así pues, la república catalana no existe. De momento. Pero parece que para algunos tampoco haya existido la española. El mismo día en que Arrimadas se acercaba a “Waterlú”, el presidente Sánchez fue a homenajear a Antonio Machado y a Manuel Azaña, echando un discurso y poniendo sobre sus tumbas sendas coronas con los colores de la bandera borbónica. Pues muy mal. Si se trataba de un acto de reconocimiento, va de suyo que se ha de considerar al homenajeado en su contexto y su existencia concreta, respetando sus ideas y encomiando sus actos, si lo merece. Siendo así, para Antonio Machado, Manuel Azaña o los miles de exiliados de 1936-39, la bandera no es ni puede ser la bicolor. Y no lo puede ser porque ellos ni siquiera la podrían identificar con la de 1978, supuestamente democrática y reconciliadora, sino con la que entronizó Franco en Sevilla el 15 de agosto de 1936 junto a los generales Queipo de Llano y Millán Astray y al cardenal y arzobispo Ilundain, al comienzo de una guerra civil por ellos y otros como ellos desatada. La misma bandera que enarbolaban los que les expulsaron para siempre de España y bajo la cual se cometieron tantas atrocidades, antes y después, durante tantos años. Así que la memoria de la II República sigue pendiente, aunque el gesto se agradece.

Pues sí, parece que para algunos la república ni existe ni ha existido.  Pero es curioso: en este país de contrastes su recuerdo anima a muchos otros a imaginarla con esperanza en un futuro más o menos cercano.

(Dedicado al profesor F. Javier Infante, que ha pasado recientemente al club de los “jubilatas”)