Lunes, 14 de octubre de 2019

Resistencia Sanitaria

Ahora que todo el mundo habla del libro de la resistencia intrascendente, estimo que convendría aprovecharse el momento para hacer referencia a la resistencia trascendente en el ámbito de la Salud, porque ésta si forma parte de la responsabilidad de los ciudadanos y los gobiernos en relación con el control de las enfermedades infecciosas. Además, porque cada vez son más frecuentes los movimientos antivacunas de ciudadanos que suponen un grave riesgo para la Salud Pública de la Unión Europea, hasta tal punto, que existe una gran preocupación por su auge, crecimiento y expansión.

Para prevenir y controlar las enfermedades infecciosas la actividad más efectiva y eficiente es la vacunación de la población porque las vacunas tienen efectos a nivel individual y a nivel colectivo. A nivel individual, protegen a la persona vacunada del riesgo de contraer una enfermedad infecciosa y, a nivel colectivo, protegen a la comunidad, a todos, de sufrir epidemias. Esto último se debe a la inmunidad colectiva o de grupo que es aquel estado de resistencia, generalmente adquirido a través de productos antigénicos, que se han desarrollado para que los ciudadanos puedan vivir y convivir en una comunidad sin riesgos de infecciones y otros eventos que causen daño. En el ámbito social los avances socioeconómicos en los países desarrollados han supuesto el desarrollo de sistemas de Seguridad Social para cubrir determinados eventos vitales y situaciones que no van a dejar de presentarse por buena que sea la situación. El primer seguro social fue asegurar a los trabajadores frente al riesgo de un accidente de trabajo.

En el ámbito sanitario y de la Salud el compromiso de proteger a los ciudadanos se plasma a través de la inmunidad colectiva al conseguir condiciones de resistencia inmunológica adquirida que trata de evitar y disminuir la transmisión de enfermedades infecciosas y, para esto existe algo determinante en Sanidad, que es la vacunación. Las vacunas tienen dos efectos, uno individual al proteger a la persona vacunada y, otro social, la inmunidad colectiva. Para que esta inmunidad sea efectiva a nivel comunitario se necesitan coberturas vacúnales amplias, de niños y mayores, por encima de 90-95%. Esto es así porque cuando sólo 5 personas de cada cien no están vacunados es posible que se de algún caso; pero muy difícil que se produzcan muchos y, se origine una Epidemia. Es decir, un aumento significativo de casos.

Estos sistemas se han basado en un valor social y colectivo que ha sido determinante en el desarrollo de las Sociedades Humanas, la solidaridad y el compromiso social de los que trabajan y pagan impuestos con los que no pueden por enfermedad o accidente, incapacidad y/o dependencia. Por tanto, se trata de crear sistemas de resistencia para paliar estas situaciones de desventaja y exclusión social que pueden ocurrir a cualquiera.

En Salud Pública se sabe que un 2% de los niños no pueden vacunarse por motivos médicos que lo desaconsejan; pero lo que es una grave irresponsabilidad es que otro porcentaje, que va en aumento, dejan de vacunar a sus hijos por motivos ideológicos, religiosos u otras excusas y pejigueras. Sobre las vacunas y la vacunación han existido siempre polémicas e informaciones negativas que se han realizado por diversos conflictos de intereses en los que prevalece el negocio frente a la Salud. En este sentido, los avances tecnológicos suponen un riesgo y, empeorar esta situación por desinformación y la difusión de noticias falsas. En España y, como consecuencia de no vacunar, por negligencia paterna, ya se produjo un caso con resultado de muerte en un niño de 6 años en 2015 y, fue el primer caso de difteria, después de casi tres décadas sin difteria. Cabe preguntarse, por qué estas conductas inadecuadas y nocivas se dan con mayor frecuencia en determinadas poblaciones, que suelen ser, en las que existen los mayores avances en Bienestar. No será que el contexto socioeconómico fomenta valores equivocados y caducos al promocionar el derecho a decidir frente al compromiso y la solidaridad. Todo ello, cuando las evidencias sobre las vacunas indican que constituyen una de las medidas más determinantes de los éxitos de la Salud Pública, que han permitido erradicar la viruela y eliminar el poliovirus de Europa.

En mi opinión, se deben promocionar las vacunas y la vacunación como mecanismo de resistencia consistente y coherente porque se basan en los fundamentos de la Medicina y, `porque los resultados obtenidos son muy satisfactorios. Además, porque la Salud Pública y el Bienestar no pueden estar determinados ni condicionados por la falta de valores y, para que éstos no se puedan transmitir es necesario como cordón sanitario realizar una vacunación comunitaria y, una resistencia inmunológica mediante la razón y, el sentido común.

JAMCA