Miércoles, 20 de noviembre de 2019

Bocadillo, un diminutivo muy grande

 

Algo tan pequeño como un bocadillo puede ser la  ocasión para algo grande. Porque nunca se sabe del todo el tamaño definitivo de cada cosa. Acudo al libro de máxima referencia, a esa Colección de Libros Reunidos que se llama Los Libros (en griego Biblia, nominativo plural neutro) en el que vienen códigos para medir muchas cosas y veo que la monedilla (una cuarta parte de un as ¡y el denario tenía 16 ases!) de una viuda pobre vale más que todo o que una chica de una aldea es la preferida de todas las doncellas del mundo, o que el más pequeño y menos estimado de los hermanos acaba siendo primer ministro, o que donde faltaba un poco de vino al final acaba sobrando vino por puertas y ventanas, o que cinco panecillos de un chaval desbordan las ganas de comer de miles de personas y así ejemplos de este estilo por todas partes. Bueno, como que el último acaba el primero y el más pequeño resulta ser el más grande.

Ya son suficientes estos ejemplos entre mil para que entre alguna sospecha. Y a ver si tiene razón el tan citadoLess is More” de Robert Browning en aquel hermoso poema que puso en boca de Andrea de Sarto. Por ejemplo, hablo de un bocadillo, que es apenas nada; incluso el diminutivo le da un valor añadido que no tiene el popular “bocata”. Pero en cualquier contabilidad moral un bocadillo, cosa diminuta, por muy diminutivo que se le ponga, puede ser muy grande. Y a esto llegamos.

Y es que ese bocata del día, el que me toque el Día del Bocata, ni escogido ni previsto, viene y me llega cargado de sentido y de sabor. Tiene el sentido que recibe de tantos como lo comparten ese día y me llega con el sabor fino y característico de todo lo solidario; viene de manos inteligentes que saben lo que buscan al andar unidas y mantiene entero y contundente el valor de humanidad que parece mentira que quepa en cosa tan pequeña. Y me viene aquí un recuerdo trascendente aunque creo que no se sabe quién lo dijo primero; y es que (suena bien en latín y se entiende): Non coerceri máximo, contineri tamen minimo divinum est; o sea, es propiedad divina no estar limitado por lo máximo, pero sin embargo ser capaz de caber en lo mínimo. Pues es, eso mismo entre el bocadillo, tan mínimo, y su sentido y su valor, tan grandes, casi máximos.

No es que piense en todo este tejido cuando me coma solidariamente el bocata, por toda comida, el día 28 en alguno de los sitios de reparto (colegios, empresas, campus Unamuno y Anaya, parroquias de Jesuitas, Santa Marta, Fátima y Trinitarios), pero que conste que mi pequeño y humilde bocadillo, de lo que sea, que me da igual, lleva un peso muy especial que es por lo que yo lo como. Y eso sí lo sé. Y lo pienso aunque sea muy de pasada en ese momento.

Mi bocata –en mi colegio, en mi parroquia, en mi campus, en mi casa- es una idea. Una idea del mundo tan mal repartido y de la humanidad tan mal avenida; es una idea de la persona, tan importante aunque sea pobre, y de sus derechos, desde el pan de cada día hasta una tierra respetada.  En realidad las ideas no ocupan lugar, por eso podemos tener muchas y muy buenas dentro de un simple bocadillo y el bocata del día 28 me las recuerda. En 20.000 bocadillos caben decenas de miles de ideas.

Y es también un sentimiento. En cada bocata va incluido un sentimiento de dolor ante el hambre y de indignación ante los que la provocan, un sentimiento de afecto hacia los hambrientos sintiendo aunque sea de lejos un poco de hambre y un toque personal de solidaridad añadida.

Y hasta es un compromiso, sin especial alcance, pero que compromete a unas cuantas cosas que van de la mano, por ejemplo, a informarse mejor, a enterarse de lo que hay y de lo que falta, a preguntar los porqués si alguien sabe y se deja, a ahorrar unos euros y entregarlos tranquilamente, a ir  a la Plaza Mayor al abrazo del seis de abril y a volver el año que viene. Y entre medias, lo que sea y lo que venga o lo que parezca. Siempre el bocata lleva una pizca de compromiso adherido a la corteza.

Por todo esto no sé si el bocadillo es algo pequeño o algo grande, pero lo que sí tengo claro es que ese día como de bocadillo. No me conformo con menos.