Sábado, 25 de mayo de 2019

El amor puede con todo

A las ciudades pequeñas y recoletas como Salamanca, Cáceres y Badajoz le van bien las estatuas… se funden con el paisaje y el paisanaje, se hacen paseante y adorno quieto. Sin embargo, como todo lo público, suscitan opiniones encontradas y uno es muy libre de admirar o denostar el intento. Sucedió con el elefante pedorro de Barceló que hizo equilibrios sobre la trompa y la Plaza Mayor de Salamanca en un alarde que no gustó a muchos, pero que a mí me fascinó hasta tal punto de desear que lo colocaran en algún espacio alusivo a la inminente catástrofe… por ejemplo, ante el nuevo hospital porque parece mentira que no reviente el sistema sanitario con tanto gestor inútil, tanto enfermo y tan poco médico… pero bueno, estaba yo hablando de estatuas cuando Salamanca disfruta de las piezas de Xu Hongfei, presidente de la Academia de Escultura de Guangzhou y director de la Asociación de Artistas de China que, a juzgar por sus deliciosas gorditas, es un epicúreo con cierta sorna o un Botero con salsa agridulce.

Me van a permitir que les confiese que a mí la escultura del insigne artista, a pesar de haberse recorrido 30 ciudades europeas me tiene intrigada, no sé si me gusta o me disgusta y confío que semejante despliegue al menos sea correspondido por los chinos en forma de intercambios comerciales. Total, festejamos el año del cerdo y nada mejor que hacerlo en Guijuelo, una se ha vuelto práctica y estoy dispuesta, por más contratos y menos bazares, incluso a poner una de esas sílfides en mi propio pasillo si es que caben. Y como lo sorprendente anima la tertulia, me tomo un vino con gusto y mucha gracia con Amador Martín y José María Sánchez Terrones quien ya tiene título para la antítesis que decora la Plaza Mayor de todos los salmantinos. Sí, esa Plaza que unos quieren con libros y otros desnuda de toda página, pero abierta a desmanes tales como la Nochevieja Universitaria. A Terrones no le falta ni gracia ni sabiduría, por eso se solaza en que el amor puede con todo para describir el peso que no pesa, o dicho al modo de Xu Hongfei, la bella gorda que sostiene el enamorado raquítico en un alarde de equilibrio que ríete tú del quevedesco elefante bocabajo de Barceló. El amor puede con todo y es paciente y generoso como decía San Pablo en esa carta tan poética que leen en todas las Bodas, un amor hercúleo a pesar de la endeblez de las piernas del enamorado que sostiene, besa y equilibra a su mastodóntica pareja de baile. Y ya puedes hacer chistes sobre la diferencia de edad, que aquí lo más importante, es la diferencia de volumen.

Amador dice que como castellanos, no estamos preparados para tanto gozo de la imaginación, Terrones sigue fascinado por la antítesis y la hipérbole y yo, que todavía no he deglutido las felices gordas de Fernando Botero tengo hambre no de jamón, sino de rollito de primavera. Esa que se anuncia con un beso, con una rosa y un aluvión de corazones. Tendrá razón José María y el amor puede hasta con ese exceso ya no de peso, sino de regalitos de San Valentín made in China. O quizás sea San Pablo el que la clave diciendo que sin amor no somos nada. Habrá que brindar por ese milagro cotidiano de las ciudades pequeñas en las que te encuentras a la gente en la barra del bar y pegas hebra hasta con la cultura, dónde va a parar. Habrá que tomarse otro vino y empezar a hablar de política.

Charo Alonso.

Fotografía: Amador Martín.