Martes, 25 de febrero de 2020

Año nuevo chino

Hay que descubrir a las personas y superar todas las barreras y distancias que crean nuestros prejuicios

Del uno al tres de febrero hemos podido participar en Salamanca de las celebraciones del año nuevo chino. Supongo que otros años habrá habido alguna celebración del año nuevo chino en nuestra ciudad, pero al menos yo no lo había notado y menos aún vivido como ha sido posible hacerlo en este año.

Yo por mi parte no sabría decir qué institución o grupo ha sido el organizador de las celebraciones del año 2019. Parece que por lo menos ha habido una plataforma España-China que ha montado las deliciosas celebraciones de baile y espectáculos chinos, al menos los que han tenido lugar en el CAEM y el teatro Liceo. Una maravilla de música, luz y finos movimientos de ballet con aire chino de diversas procedencias folklóricas de diferentes regiones de la gran China. Yo recordaba nuestros antiguos festivales de educación y descanso.

Los números puestos en escena, tanto en el CAEM como en el Liceo, fueron los mismos, salvo el número final del Liceo, con más claro sabor nacionalista chino. Pero el entorno fue diferente en ambas representaciones, más luminosas y movidas en el CAEM, y más sencillas en el Liceo, aunque apoyadas por la proyección de imágenes en el fondo del escenario, recordando quizá paisajes de la tierra china.

Yo pensé inicialmente si habría gente en Salamanca a quien interesasen estos festejos, aparte de la corta comunidad china residente habitualmente entre nosotros. Pero cuál sería mi sorpresa cuando constaté que el amplio aforo del CAEM estaba prácticamente completo, y para el Liceo se terminaron rápidamente todas las invitaciones.

El programa de mano distribuido para conocimiento de las actividades previstas era amplio y bien confeccionado. Y en él figuraban, aparte de los actos programados, las numerosas instituciones colaboradoras, incluido el excelentísimo Ayuntamiento.

Se comenzaba el programa con la inauguración de una notable exposición en la calle, en diferentes lugares y plazas, del artista chino Xu Hongfei. Un arte bien llamativo, pero de extraña calidad para nuestro gusto. A mi parecer, no tiene más valor que lo llamativo de las imágenes, que recogen una irracional y exagerada abundancia corporal de personajes femeninos en muy diferentes posiciones. Quizá se pueda salvar para el arte y el atractivo aspecto la imagen situada en la Plaza Mayor. Parece que alguna de estas figuras será donada por el artista al Ayuntamiento de Salamanca.

Los festejos se completaron con paseos callejeros, talleres de trabajos chinos para gente menuda –entre 6 y 12 años-- en el DA2, y hasta muestras de concina china en el mercado central.

En conjunto creo que ha sido un festival de inicio del año nuevo digno de ser reseñado. Y ha servido para un descubrimiento y admiración de las costumbres y el arte del pueblo chino por parte de los salmantinos. Y de las bellezas y cercanía de la ciudad de Salamanca por parte de los amigos chinos . Ojalá se repita y se supere en ocasiones futuras. Merece la pena conocer, y aún amar, a ese gran pueblo, con el que habrá que contar en adelante, no sólo por su potencial económico y político –son casi 1500 millones de chinos--, sino también por su gran riqueza cultural y humana. Los chinos no son ya sólo los mercados que denominamos con el mismo nombre, o los restaurante apellidados del mismo modo.

Hay que descubrir a las personas y superar todas las barreras y distancias que crean nuestros prejuicios, y potenciar el intercambio de usos y costumbres de unos y otros para enriquecernos –ellos y nosotros—con las múltiples riquezas de nuestros dos pueblos. Amigos chinos, especialmente los de Salamanca, feliz año nuevo del cerdo.