Vidas entrelazadas. Capítulo 1.

Uno de los talleres formativos en la Escuela Santiago Uno

La procedencia de los chicos y educadores que llegan a la casa escuela Santiago Uno  es muy diversa.

Podemos decir que además de llamarnos mestizos por la diversidad genética, cultural, religiosa, etc. También se puede decir que hay un mestizaje de paisajes de origen.

Empezaron a venir hace más de cincuenta años desde diversos pueblos de Castilla. Desde las encinas encerradas en cortinas, cuando todavía se hacía cisco y los padres querían que sus hijos fueran más que ellos, siendo ellos mucho. No se valoraban los agricultores y ganaderos, sabiendo  tanto como médicos o abogados, cada uno en lo suyo. La diferencia era que los médicos y abogados leían el periódico. Desde aquí siempre hemos querido demostrar que ser agricultor es una profesión y no una condena. Aquí venían esos hijos a dominar la palabra.

Decía Milani que la verdadera cultura es la de quien perteneciendo a la masa domina la palabra. Por entonces ya buscábamos el retorno al pueblo.

Qué jóvenes tan nobles, qué padres tan entregados. Estos eran últimos en la palabra pero primeros en el trabajo que habían mamado.

Carne de yugo ha nacido, más humillado que bello, con el cuello perseguido, con el yugo para el cuello.

En aquel entonces ya nos inspiraba Milani diciendo que Dios era justo porque a los pobres los había hecho mudos, pero a los ricos ciegos. Los hijos de los pobres aunque no sabían hablar tenían el conocimiento de las experiencias radicales. Los hijos de los ricos hablaban mucho pero con palabras no tan vividas.

Los “ últimos “ han cambiado, vienen hijos de la inmigración y del cruel asfalto.

Allá en un país de África una niña levanta la mano pensando que piden voluntarios y resulta que la dan en una adopción que fracasa.

Allá por  América pedía en unos cartones mientras su hermano ejercía de sicario. En el mismo continente con cuatro años se buscaba la vida ella solita en el barrio.

Niños y niñas que han llegado aquí desde miles de realidades similares y diversas, se disponen a recuperar la ternura, si algún día la perdieron para sobrevivir.

Con ellos luchamos por un porvenir posible. Entre juicio y juicio de los espectadores charlatanes que desde su burbuja de sentimientos vacíos hablan por bocas ajenas desde el más absoluto desconocimiento.

Palmeras, arganes, cactus y encinas. Selvas, desiertos, dehesas, mares, ríos, lagos, montañas. Cientos de ecosistemas que expulsan y reciben.

Católicos, musulmanes, hijos sin Dios. Aquí empieza una nueva historia de vidas entrelazadas de algún lugar desheredadas.