Viernes, 15 de febrero de 2019

“Por el pan baila el perro”

Esta semana, el pleno mensual de la Diputación de Salamanca ha abordado diversas cuestiones cuyo debate puede llamar la atención, caso de la moción que buscaba la creación de una autonomía para la Región Leonesa, o la que solicitaba la reprobación del alcalde de Valladolid, por sus polémicas declaraciones pidiendo que se priorice a Valladolid en las inversiones de la autonomía.

En este sentido, aunque inicialmente parecería que estos dos asuntos podrían estar en cierto modo relacionados, el sentido del voto de los partidos ha sido muy distinto en ambas mociones, quedando patente el hecho de que en PP, PSOE y Ciudadanos nadie va a dar un paso al frente en ninguna cuestión si no viene bendecido desde sus élites autonómicas previamente.

Así, la moción mediante la que el PP buscaba acaparar los titulares en la provincia, ha sido la reprobación del alcalde de Valladolid, Óscar Puente, la cual, dicho sea de paso, no ha sido ni original ni exclusiva de la provincia de Salamanca. Y es que, unos días antes, el Ayuntamiento de León ya llevó a cabo una reprobación similar (aunque a instancias de UPL), decidiendo el PP posteriormente presentar mociones similares en diversas instituciones, aunque en este caso con el único objetivo aparente de desgastar la imagen pública del alcalde socialista de Valladolid.

A este respecto, llama imperiosamente la atención que la moción presentada en la Diputación de Salamanca por el PP fuese un copia-pega al que, en el documento trasladado a los diputados provinciales, ni tan siquiera se le eliminó la coletilla “Diputación de Segovia”, que evidenciaba de dónde se había copiado. Vamos, que en el PP salmantino no se molestaron ni tan siquiera en eliminar las pruebas que indicaban de qué grupo de su partido la habían copiado.

Este hecho no evitó, sin embargo, que dicha moción saliese adelante, con los votos a favor de PP y Ciudadanos, la abstención de Ganemos, y el voto en contra del PSOE. Algo esperado y esperable si tenemos en cuenta que el alcalde de Valladolid es del PSOE y que, por mucho que en redes sociales el portavoz socialista en el ayuntamiento de Salamanca manifestase su repulsa por sus declaraciones, a la hora de votar, sus compañeros hicieron lo contrario, bendiciendo lo dicho por el primer edil vallisoletano.

Tampoco es de extrañar que el PP presentase dicha moción, que buscaba un mero desgaste de imagen y electoral para uno de sus contrincantes de cara a las elecciones de mayo. En este sentido, se echa en falta que hiciese lo propio unos años atrás, cuando declaraciones del mismo tipo eran vertidas por Javier León de la Riva, que era alcalde de Valladolid por el PP, y cuyo discurso supremacista de la urbe del Pisuerga respecto al resto de la autonomía era acogido sin rechistar por el PP salmantino, que entonces no presentó ninguna moción para reprobarle.

Por todo ello, visto el baile de caretas, tampoco resulta raro el hecho de que, ante la moción por la autonomía de la Región Leonesa, presentada a instancias del Colectivo Ciudadanos del Reino de León, los representantes de PP, PSOE y Ciudadanos en la Diputación se posicionaran en contra, ya que sus jefes autonómicos así lo estimaban oportuno y, como dice el refrán, “por el pan baila el perro”. En este sentido, desde dichos partidos no han querido incomodar en lo más mínimo a sus superiores, menos si cabe a cuatro meses vista de las elecciones municipales y autonómicas, no vaya a ser que por un disgusto alguien pierda su sillón.

Sí que resulta especialmente lamentable, respecto a esta moción, que ninguno de los grandes partidos presentes en la Diputación haya querido hacer política, y entrar a valorar, como deberían haber hecho, los índices de evolución socioeconómica de Salamanca, Zamora y León en la actual autonomía que la moción señalaba, y las perspectivas de futuro planteadas por el INE.

Especialmente lamentable y bochornosa fue la intervención de la portavoz del PSOE, Carmen García Romero, que despachó la moción sobre la autonomía leonesa alegando simplemente que, para su grupo, no merecía “ni tan siquiera entrar a valorarla”, en un tono de desprecio bastante indignante, y que puede considerarse incluso antidemocrático, pues acarrearía indirectamente algo así como un “sólo hablo de lo que me convenga”.

Por su parte, Ciudadanos se aferró a un “Castilla y León única y unida”, como si de un lema de nacionalismo castellano-leonés se tratase, en una especie de reducción del lema “una, grande y libre” al ámbito autonómico de Castilla y León, autonomía cuyo portavoz en la moción, Jesús de San Antonio, dijo que “está preciosa tal y como está”, aunque curiosamente, lo acompañase afirmando que para su partido el problema “no es si Salamanca debe estar o no en el Reino de León o en Castilla y León”.

Finalmente, algo más de juego en la respuesta, aunque no mucho más, dio el PP, que intentó montar un discurso de justificación para su postura, en base a la premisa de “mejor juntos que por separado”, aunque no entró a valorar tampoco los datos socioeconómicos de Salamanca y las otras dos provincias de la región, ni su deriva dentro de la comunidad de Castilla y León.

En definitiva, que vistos los juegos electorales, a nadie le debe extrañar que las franquicias de los partidos nacionales en nuestra provincia se posicionen sin querer incomodar a sus jefes, aunque sus posiciones puedan ir en contra de los intereses de su tierra. No es algo nuevo, pues tanto PP como PSOE han venido justificando y aplaudiendo proyectos de Presupuestos malos para Salamanca cuando era su partido el que estaba en el Gobierno o la Junta.

Y es que, llevan hasta las últimas consecuencias el dicho de nuestra tierra de que “la burra hay que atarla donde diga el amo aunque se ahorque”. Y en este caso, parece que PP, PSOE o Ciudadanos siguen empeñados en que provincias como Salamanca, Zamora o León sigan ahorcándose en una autonomía que se ha demostrado un fracaso para ellas. Nada sorprendente, ya que para los diputados de estos partidos lo único importante es la voz de su amo, tenerlo contento y no perder la poltrona, aunque todo tenga como consecuencia el empobrecimiento y la despoblación de la provincia de Salamanca.