Reflexiones sobre la Plaza Mayor

 

 

 

 

Vaya por delante que soy una persona preocupada por la Cultura, lo he sido siempre y no quiero que por mis opiniones haya quien piense lo contrario. Amo mi ciudad, Salamanca, como el que más y diariamente la recorro, con lluvia, con sol, con nieblas, con frío y con calor. Mis múltiples paseos siempre concluyen o comienzan en la Plaza Mayor, de hecho ni un solo día dejo de atravesarla y  de sentirla, por eso me considero conocedor de toda ella y sus rincones. Día a día la admiro y me encanta la libertad que ella me produce. Si de una cosa estoy convencido es que la Plaza Mayor, la Plaza, tiene vida propia y cada persona que entra en ella sufre la alucinación de la Luz y de su piedra dorada y considero que es el monumento más fotografiado y visitado de nuestra querida Salamanca, ¿quién no lleva en sus recuerdos una fotografía en este lugar?

 

 

 

En nuestra ciudad  la  “plaza”  es un  lugar natural de encuentros para ciudadanos, de todo carácter: espontáneos u organizados, y lo que realmente es importante, es que es el lugar donde todos tenemos la posibilidad de juntarnos sin distinciones de posición social, ideologías políticas o religiosas,  es la esencia, la verdadera y real, sin ella la ciudad no existiría.

 

Con sus características singulares tiene un rol a cumplir, siendo símbolo y referencia de “su” ámbito urbano, espacio de la cotidianeidad. Su ubicación en la trama urbana trasluce una concepción de la ciudad. Estudiándola, estudiamos la ciudad.

“La plaza es la identidad de la ciudad y nuestra mejor representante en el mundo.”

 

 

 

Me gusta escribir —como si nada y a la vez todo fuera importante— aquí  en el centro del incendio, en plena Plaza y siempre. Escribir, como si estuviera escrito, que por el ruido de esas tazas sobre el mármol tuviera que pasar el sonido claro de los versos. La actividad de los días  se remansa en la plaza, serena y sazonada, bienhechora y sutil como una lámpara, clara como el agua de una fuente,  que se abre, como el sueño, por esta brecha en medio de la ciudad de la luz.

 

 

Este espacio no es un espacio vacío. Es ancho y grande, como un hueco abierto en la ciudad. En el tenemos esa placentera sensación de toma de distancia con el mundo cotidiano de la ciudad.  No hay silencio entre las palabras… y es como un intervalo del sueño. No simplificamos cuando decimos que la Plaza  es parte indispensable de la vida misma.

Si a través de una plaza podemos conocer a una ciudad y su gente, esto implica que los hechos que suceden ahí tienen la suficiente trascendencia para acceder a ese conocimiento.

 

 

«La ciudad de Salamanca es tan sucia como todas las otras ciudades de España. Sus calles son también estrechas, mal pavimentadas, unas veces altas, otras bajas, a causa de las desigualdades del terreno; pero hay allí una plaza—añade—

de las más bellas de España.

Está rodeada de casas soberbias, todas de igual altura, a excepción de la del corregidor; son de tres pisos, con balcones de hierro en cada piso, y debajo pórticos muy sueltos, que forman cien arcos, bajo los que están los retratos de los Reyes de España en otros tantos medallones; algunos de esos arcos son como otras tantas puertas para entrar allí, estando a igual distancia y proporcionados; en una palabra, todo el conjunto forma como el patio del palacio de un monarca. No está hecha más que desde hace poco tiempo y está destinada para la fiesta de los toros y otros espectáculos, según las circunstancias»

 

Quizá fue el P. Norberto Caino, en efecto, el primer extranjero que describió la plaza recién terminada, pues hizo su viaje en los años 1755 y 1756. Veinte años más tarde nos visita Towsend,

 

«Aunque he aguardado hasta ahora el hacer mención de la Plaza Mayor, no es menos digna de atención. Con gran frecuencia a cada momento tenía ocasión de atravesarla, y siempre la he visto con gusto; es amplia y está rodeada de pórticos y de edificios regulares, construidos sobre los arcos.

Una plaza semejante—comenta— sería admirada incluso en Londres, o en París. En una ciudad como Salamanca donde todas las calles son estrechas, esa plaza procura una dilatación particular a los pulmones; en ella se goza de la libertad dé la luz que allí le hiere y sobre todo uno se siente encantado cuando la simetría se une a la  grandeza en todos los objetos de que se ve rodeada»

 

 

Ambos coinciden en la descripción de la Plaza Mayor, grandiosa para una población de unos 18000 habitantes. Hoy la Plaza Mayor sigue siendo grandiosa, suntuosa y bella, su cuadrangular figura no impide un movimiento giróvago de gentes que la paseamos y en un sinfín de encuentros.

Todas estas consideraciones me llevan a amar la Plaza en sí misma, abierta, apacible, sentida no considero que los espacios más bellos de la ciudad tengan que ser espacios muertos, le sobra vida a ellos mismos, sin embargo todo aquello que entorpece esta visión no me gusta. Hechos de fortuna fueron quitar los coches… los jardines… las paradas de autobuses, hechos que nos han permitido disfrutar de la Plaza en toda su inmensidad. Y me pregunto porque ahora hay que construir casetas de estética fea… escenarios monstruosos… quitar y poner bancos en cada acontecimiento que allí tiene lugar y ¿por qué permitimos que sea una sala de conciertos multitudinarios cuando somos una ciudad de 140000 habitantes más o menos?… Pienso que para todo esto hay otros lugares…

 

La controvertida utilización de la Plaza Mayor para la Feria del Libro, me suscita una reflexión: Todo el año hay librerías abiertas en Salamanca, unas han cerrado… otras cerrarán, en qué beneficia a ellos, a los libreros del día a día la existencia de las Ferias?. En las Ferias del Libro se venden Libros, es la misma cultura de los libreros ¿Qué preocupa si esa feria se lleva a otro punto de la ciudad?, que iría menos gente?, qué se vendería menos?. Pienso que si nos interesa la cultura iríamos a cualquier otro sitio y todo aquello que se desarrolla en torno al libro podría celebrarse de igual manera en muchos sitios. Si nos interesa centralizar, centralicemos todo en otras Plazas o parques. Creo que existe demasiada mitificación al hablar de acercar la cultura.

 

Por supuesto también soy contrario a Macro-conciertos… a Noche Viejas Universitarias y a otros usos personales

Creo finalmente que hace falta una norma consensuada de utilización de la Plaza Mayor, la merece. No es el Patio de nadie, es de todos.