Shoah

El 27 de enero de 1945 el ejercito soviético liberó a los pocos sobrevivientes del campo de exterminio de Auschwitz. Allí, un millón de judíos y gitanos murieron gaseados. En otros “lager” y zanjas distribuidos por Europa del Este lo hicieron otros cinco millones de personas. Su inmensa culpa: pertenecer a razas inferiores, disentir políticamente, ser homosexuales, discapacitados o ejercer activamente su compasión. El padecer-con siempre se ha castigado con la pena de muerte.

Tristísima conmemoración.

Hace un par de días entré en un bar cercano a mi casa, cuando salía, un par de jóvenes se dirigieron a mí: ¡Caballero, Caballero!  Hice caso omiso. Uno de ellos, posiblemente molesto, me espetó: “’ ¡Viva Hitler!”.

Hace unos años, en el bar de un hotel nos reunimos unos amigos. En esas, salió el tema de los judíos. Recordé la persecución secular de las que habían sido objeto. Sin embargo, uno de los contertulios nos ilustró de la siguiente manera: “¡algo habrán hecho!”. Lo decía un profesor de la universidad.

En otra ocasión, alguien cercano me aseveraba que los judíos “se habían apropiado de los territorios palestinos”. Le recordé la Declaración de Balfour de 1917 y el reconocimiento del Estado judío por las Naciones Unidas en 1948. Asimismo, la guerra de Independencia de ese mismo año, la de Suez de 1952 y la de los Seis Días de 1967, todas promovidas por algunos países árabes y todas destinadas a aniquilarlos. Igual daba.

Meses atrás alguien, muy izquierdoso, me decía: “los judíos dominan las finanzas del mundo” Con tal afirmación quería atribuir a los judíos la autoría del salvaje neoliberalismo que hoy soportamos. Le digo: “consulta la Lista Forbes y me dices, de las diez fortunas mayores del mundo, cuántas están en manos de judíos” Tanto da.

En cierta ocasión un doctorando me espetaba: “eso de que mataran a tantos millones de judíos es pura propaganda sionista” ¿Qué decirle? ¿Acaso merecía la pena responderle?

En la actualidad gobierna en Israel un partido de extrema derecha apoyado por una minoría de religiosos fundamentalistas. Una coalición, por cierto, que está llevando a esa nación al precipicio. Sin embargo: ¿todos los israelitas son fascistas? ¿todos los alemanes eran nazis? ¿todos los españoles eran falangistas? ¿la mitad de los judíos que viven en la diáspora son israelitas?

Sabemos de sobra que no es así. También, que, a los pintores de brocha gorda, este tipo de razonamientos simplistas les pone un montón. Me explico con un ejemplo. Alguien me confesaba hace un par de años: “yo no piso el País Vasco…”

Entonces: ¿de dónde viene tanto antisemitismo? ¿Por qué en China o Japón no existe? ¿por qué en el mundo árabe, hasta 1948, convivían ambas comunidades sin mayores problemas?  Y sí existían, en cambio, en países de religión católica, ortodoxa y protestante. A los polacos que colaboraban con los alemanes en la caza de los judíos les preguntaban: ¿Por qué lo hacen? Y respondían: ¡ellos mataron a Cristo! Esos ellos eran, hombres, mujeres, viejos y niños ¡dos mil años después! Hasta el propio Juan Pablo II, un papa polaco, en el año 2000, dándose cabezazos en el Muro de las Lamentaciones, en el Kotel, pidió perdón en el nombre de la iglesia que él presidía. Un poco tarde, por desgracia.

Durante la Semana Santa, cuando era un niño, recuerdo haber visto salir de la capilla de la Veracruz, en ese maravilloso entorno salmantino, un paso procesional. Cristo cargaba con la cruz. A su vera un impasible centurión romano, cual milico que se precie. También, una figura encorvada, de enorme nariz ganchuda, aprisionando en su mano una bolsa repleta de monedas. Pregunté y me dijeron: “los judíos mataron a Cristo y el que lo vendió por treinta monedas se llama Judas Iscariote”

Años después, no muchos, revisé la veracidad de tal información. Me enteré de que el tal Jesús era judío, pensaba como judío, actuaba como judío y se rodeaba de amigos judíos. También, que siglos después de su muerte, algunos “santos padres” le hicieron hijo de Dios, le privaron de su condición humana y, en esas, enterraron su mensaje liberador. En fin, que al tal Jesús lo ajusticiaron los romanos en connivencia con los judíos pudientes de la época.

Tristísima conmemoración la del día de hoy.