Lunes, 9 de diciembre de 2019

El afilador franquista

El afilador, un oficio en extinción

Hace unos días paseaba por las calles de mi barrio cuando, a lo lejos, oí un sonido que me llevaba a mi infancia. Seguí caminando en la dirección de donde provenía ese sonido y volví a escucharlo, ahora con más nitidez; se trataba de una especie de escala musical que iba del sonido más grave al más agudo e in mediatamente se repetía al contrarío. Tras esa musiquilla se oía una voz que aún no era capaz de entender, pero que podía imaginar. Me acerqué y al volver una esquina, me topé con el hombre. Se acercó el chiflo a los labios y ahora sí, ahora lo escuchaba sin lugar a dudas y su voz atronó en mis oídos y en mi mente, ¡el afiladooooor! Y alargaba la o hasta que la garganta no podía más. A su lado, una bicicleta, que mediante un sencillo artilugio mantenía su rueda trasera sin contacto con el suelo. El hombre pedaleaba y hacía girar la piedra de afilar. Al acercar los cuchillos, o las navajas, o las tijeras, saltaban innumerables chispas, las famosas chispas que, cuando yo era niño y el hambre se paseaba con plena libertad por nuestros pueblos y ciudades, se decía que servían de alimento al perro del afilador. Tanto era el hambre que pasaba, el pobre animal, que aquellas chispas era lo único caliente que tenía para comer. A mí me encantaba enfrentarme a esas chispas y salir airoso del desafío después de que rebotaran en mi pecho.

Andaba yo sumido en estos recuerdos, cuando un hombre y una mujer se acercaron al afilador y se encararon con él.

  • ¡Qué está  haciendo usted! - Le espetaron con tono inquisidor 
  • Ya ve, afilando chuchillos - respondió con toda normalidad.
  • Este es un oficio de la época franquista y con su presencia en la calle está evocando los tiempos de la dictadura.
  • Oiga usted, que yo no evoco nada, sólo afilo cuchillos. Bueno y navajas y tijeras…
  • Esta es una actividad que está prohibida. Todo lo que evoque, recuerde o pueda servir de exaltación del franquismo, por ley, debe ser eliminado. ¡Con lo que nos está costando eliminar esos recuerdos, ahora va a venir usted, con su bicicleta y su chiflo a tirar por tierra todos nuestros esfuerzos!
  • Que yo no haga daño a nadie, ni exalto tiempo pasado. Yo lo único que quiero es ganarme un trozo de pan para vivir honradamente. Además ¿qué daño puede hacer un oficio como este?
  •  La gente lo relaciona con épocas de dictadura y lo interpreta como un homenaje a ella. Dictadura en la que murió mucha gente de forma injusta y que cuando vean que por las calles campa con plena libertar un oficio como este, les traerá a la memoria momentos muy difíciles. Por eso tenemos que hacer desaparecer todo cuanto suponga recuerdos de tan nefastos tiempos.

     

    La gente que pasaba, al oír aquella disputa, se iba acercando. Al poco tiempo se había formado un círculo de curiosos que rodeaba al afilador y a los dos inquisidores. El pueblo, al oír que el afilador era franquista, enseguida tomó partido y empezó a gritarle: ¡criminal, facha, dictador…! al tiempo que pedían que se prohibiera un oficio tan peligroso como ese.

    Sin saber cómo ni de donde, empezaron a proliferar pancartas con eslóganes, como “Afilador, traidor”, al tiempo que el círculo, en claro tono amenazador, se cerraba cada vez más.

Intenté mediar y me dirigí a la pareja que en todo ese desaguisado llevaba la voz cantante y que tenían apabullado al pobre afilador.

  • Digo yo, que si al pueblo se le explica debidamente y se le informa de que el de afilador es un oficio noble y digno, lo entenderá y todos podremos vivir en franca armonía. Es cierto que el oficio de afilador se ejerció en la época que ustedes dicen, pero nada tiene que ver ni con la dictadura ni con el franquismo, ni con ninguna de esas zarandajas. En aquel entonces había otros oficios como el de colchonero, calderero, buhonero, albardero,  hojalatero... Todos ellos perdidos porque ya no son necesarios, no porque fueran franquistas o fachas. Que los oficios, al igual que las bicicletas, que yo sepa, no tienen ningún tipo de ideología o afiliación. Es más, creo que la conservación de estos oficios…

No me dejaron terminar mi argumento.

  • Usted es otro facha como él, así que tenga cuidado con lo que dice. Hay que eliminar todos esos nefastos recuerdos que en una sociedad democrática y libre, como la nuestra, no tienen cabida.

    No habíamos terminado la conversación, cuando se presentaron dos agentes de la autoridad. La pareja hablaron con ellos y los agentes procedieron a detener al afilador y dar órdenes a la apisonadora, que venía tras ellos, para que pasara por encima de la bicicleta y la destruyera. Metieron, lo que quedó de ella, en una furgoneta y se lo llevaron al desguace, donde su recuerdo desaparecería para siempre de la memoria de los ciudadanos, dejando de ser un peligro para la sociedad.

    Al pobre afilador, se lo llevaron esposado entre los insultos de la multitud.

    La pareja agradeció a todos los presentes su apoyo y abandonaron el lugar, con el orgullo y la satisfacción de haber prestado un gran servicio al pueblo.

    Al día siguiente, volví a pasear por la misma calle. La paz y la normalidad reinaban de nuevo. Un corrillo de hombres discutía animadamente. Me paré un instante para saber de qué hablaban.

    La verdad, no sé qué será de nosotros como sigamos así.

  • ¿Qué pasa? – preguntó otro, alarmado
  • ¿Que qué pasa? ¿Es que no te has enterado? ¡Que ayer volvió a perder el Real Madrid!