Sábado, 17 de agosto de 2019

Alcohol y Alcoholismo

En los últimos años se han producido unos cambios significativos en el patrón de consumo de los españoles. Entre éstos podemos destacar los siguientes: tendencia a consumir más los fines de semana y en momentos de ocio con el único interés de beber por beber y, muchos con el reto de poner a prueba la resistencia del organismo para conocer su límite dado que muchos llegan al coma etílico. También han desaparecido las diferencias entre hombres y mujeres, en jóvenes ya no existen estas diferencias y no conviene olvidar que por razones biológicas y fisiológicas la mujer absorbe más alcohol y metaboliza menos, lo que determina un mayor riesgo a intoxicaciones agudas (embriaguez); fenómeno cada vez más frecuente y visible a nivel social.

El consumo imprudente es la causa de 1 de cada 3 de los accidentes de tráfico que tienen lugar los fines de semana al terminar la noche o al empezar el día.

 

El riesgo más trascendente del consumo de bebidas alcohólicas es el síndrome de dependencia del alcohol que es el resultado de una compleja interacción de factores constitucionales y personales (vulnerabilidad genética y personalidad), ambientales (aprendizaje infantil ante la actitud familiar) y socioculturales (accesibilidad y disponibilidad, tolerancia al consumo, asociaciones de actos familiares y sociales con el alcohol, imitación a los iguales y a los líderes sociales, etc.). El componente determinante de este síndrome es el alcohol (etanol) que es una de las sustancias psicoactivas con mayor potencial adicción y dependencia física y psíquica. Se trata de un tóxico multiorgánico porque provoca muchos trastornos orgánicos y problemas ocasionados con un impacto grave en el ámbito sanitario, familiar, laboral y social. Tradicionalmente en países con gran tolerancia al consumo como el nuestro, han introducido la costumbre de beber en las comidas, y forma parte incluso del mobiliario y de la estructura orgánica y funcional  de las viviendas en la que existe muy frecuentemente un mueble denominado mueble bar y, actualmente, las bodegas, en las que se pasan muchas horas ingiriendo alcohol y colesterol.

 

El alcohol es un tóxico multiorgánico que no posee ningún efecto terapéutico ni saludable ni beneficioso para la Salud. Además, existen muchas falacias sobre el mismo para tratar de fomentar su consumo como dar energía, estimular el apetito, aliviar la depresión, mejorar el estrés, la ansiedad y, mejorar las habilidades sociales y las relaciones interpersonales. No existen evidencias. Es decir, estudios con pruebas que lo demuestran de manera rigurosa y fiable. Por este motivo, se busca la existencia de un consumo saludable, que no existe, según diferentes estudios e investigaciones. Lo que sí se puede afirmar es que se trata de un tóxico incuestionable, dado que en función de la dosis y la susceptibilidad individual siempre provoca daño. Además, tiene gran capacidad adictiva, física y psíquica, por lo que aunque sea un componente de nuestro estilo de vida y de nuestra sociedad, se trata de una droga legal. Y sobre el existe un conflicto de interés entre poner en Valor la Salud sobre el alcohol y alcoholismo. La recomendación es beber cuanto menos mejor y, tener cuidado con el consumo excesivo porque cuando se pierde el control, su consumo se convierte en una necesidad prioritaria, comienzan los problemas sociales y los sanitarios y, se olvidan las otras formas de satisfacción que existen en la Vida como el trabajo, la familia y las relaciones interpersonales. Todo gira entorno a alcohol y su consumo es cada vez más frecuente e incontrolado. En consecuencia, el alcoholismo y su dependencia al alcohol son incompatible con una Vida normal, integrada y saludable.

Por tanto, para llevar una Vida Saludable No es necesario beber ni bebidas alcohólicas porque no existe un consumo saludable y, lo necesario es utilizar el cerebro y el sentido común para vivir y convivir con capacidad funcional dentro de la normalidad y la racionalidad.

JAMCA