Lunes, 19 de agosto de 2019

Es mentira II

Para que trinunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.  Edmund Burke

Cuando el pasado viernes repasé mi colaboración del día 18, caí en la cuenta de que solo había planteado los graves problemas que pueden ocasionar las falsas noticias pero sin aportar ninguna posible medida para contrarrestar esa sobresaturación que nos impide procesar la información con cierto rigor, antes de dar un irresponsable clic o un reenviar. Pero a la protesta le debe seguir la propuesta, así que hoy me gustaría aportar algunas sugerencias que pueden resultar útiles para combatir la información falsa, tendenciosa, incluso, manipuladora.

Como decía la semana pasada las noticias falsas, bulos y habladuría son potencialmente peligrosas y en muchas ocasiones llegan a tener graves consecuencia sobre personas, colectivos e instituciones.

Mi primera invitación es un recurso ya muy antiguo y clásico, pues fue propuesto por Sócrates, el que fuera maestro de Platón, allá por el siglo IV a.C. y se debe aplicar antes de prestar atención y difundir murmuraciones. Son tres simples reglas que dicen más o menos así:

  • ¡Óyeme! Quiero contarte una cosa.
  • ¡Espera!. Antes de hacerlo te debo preguntar algo. ¿Has comprobado que lo que quieres decirme es cierto?
  • No, me lo ha contado un amigo.
  • Si no sabes que es verdad, al menos sabrás si se trata de algo bueno.
  • Pues en realidad no lo es. Más bien al contrario…
  • Vaya. Y por último ¿crees que es necesario que yo sepa eso que has oído?
  • Pues no, no es necesario en absoluto.

Entonces, el maestro Sócrates despidió a su alumno diciéndole: Si no estás seguro de que sea cierto lo que me quieres decir, no es algo bueno y a mí no me es necesario saberlo, mejor guarda silencio.

Y es que un silencio responsable puede detener muchos bulos, es un arma eficaz contra la difusión de algo que puede perjudicar seriamente a otros.

Hoy corren falsas noticias sobre nuevos medicamentos, violencia policial, inmigración, inventos maravillosos, alimentos que restablecen la salud, curaciones milagrosas. Y si una imagen vale más que mil palabras, pues los montajes falsos de sucesos que no se han producido o de hacerlo lo han hecho en otro lugar u otro contexto también son, lamentablemente, muy abundantes. Otro efecto nocivo de esto es que pueden llevarnos a dudar de todo, a no creer nada de lo que nos digan, como le sucedió al pastor mentiroso.

Mi segunda sugerencia es aplicar el menos común de los sentidos: el sentido común. Las noticias falsas suelen referirse a acontecimientos muy escandalosos, sugestivos y sorprendentes, que generalmente se dirigen a nuestras emociones más primitivas: compasión por los animales, odio a los inmigrantes, desconfianza en la clase política, desesperación frente a una grave enfermedad, miedo, racismo, xenofobia, etc. La indignación, la rabia, la sensación de no ser bien tratados, la impotencia; todo ello es terreno abonado para creer habladurías, bulos y falsas informaciones. El sentido común puede ayudarnos a separar el trigo de la paja.

Y para terminar una solución más novedosa y tecnológica que es la que nos ofrecen desde  https://maldita.es/. Cómo ellos dicen en su página: Maldita.es es un proyecto periodístico independiente y sin ánimo de lucro cuyo fin es dotar a los ciudadanos de “herramientas para que no te la cuelen”. Maldita Hemeroteca, Maldito Bulo, Maldita Ciencia y Maldito Dato: las diferentes ramas de maldita.es monitorizan el discurso político y las informaciones que circulan en redes sociales y analizan el mensaje aplicando técnicas del periodismo de datos para su verificación.

Bueno, pues ya me quedo más tranquilo, ahora ustedes si lo desean pueden utilizar lo hasta aquí dicho y colaborar a limpiar nuestras redes sociales y nuestras cabezas de falsedades malintencionadas. Recuerden que nuestras decisiones, las que tomamos y las que dejamos de tomar, no solo van dando forma a nuestras vidas, también a las de los demás.

Edmund Burke, político y escritor irlandés del siglo XVIII, dijo: Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Pues eso.