Lunes, 9 de diciembre de 2019

Es mentira

Una mentira puede dar la vuelta al mundo antes de que la verdad tenga tiempo de ponerse los pantalones. Winston Churchill.

Es mentira que un bulo repetido merezca ser verdad[1]. Asi cantaba Joaquín Sabina el siglo pasado,en el año 1996, no lo duden hoy, igual que siempre, un mensaje falso seguirá siendo falso aunque lo reenvien un millon de veces.

Lo que conocemos como “fake news” (noticias falsas) son cada vez más frecuentes en las redes sociales y corren como la polvora, porque la tecla “reenviar” está solo a un clic, pero ¿somos conscientes del peligro que pueden ocasionar dichas falsedades?

La obsesión por estar informados nos conduce directamente a la desinformación, a eso que ahora se conoce como “infoxicación[2]”, es decir una saturación informativa que resulta dificil procesar de forma racional. Aunque en mi opinión, se trata más de una “idiotización[3]” informativa. Y es que cuanto más nos afanamos por estar informados más no alejamos de estarlo, de estarlo realmente claro, pues nunca vemos satisfecha nuestra permanente avidez por estar al dia.

Conocer la Verdad ha sido desde siempre un deseo del ser humano pero, poco a poco este término, “Verdad”, se ha vaciado de contenido, por eso ahora se escribe, y tambien se dice, con minúsculas. La verdad hoy es lo que cada uno quiere que sea y no importa demasido si lo es o no, ni saber qué hay detrás. La tecnología proporciona consuelo a nuestra angustia por estar informados de forma casi instantenea. La libertad de informar y de estar informados en un derecho que todos exigimos, pero muy pocos se paran a pensar que todo derecho impone un deber.

La información, sin entrar en definiciones académicas, podríamos decir que es una comunicación sobre algo que se da en un contexto determinado y en un momento preciso, y que nos ayuda a compreder alguna cuestión, aportado así conocimientos que nos resultan útiles para tomar decisiones, es decir para ejercer nuestra libertad. Por tanto si asumimos como conocimiento noticias falsas, bulos y habladurías nuestra libertad se ve perjudicada y seremos más siervos idoitizados que ciudadanos. Siervos de otros y de nuestra propia angustia por saber todo lo que se dice, lo que se habla, lo que se escribe, etc., sin ser conscientes de que saberlo todo es una tarea imposible.

¿Tienen los medios de comunicación alguna responsabilidad en todo esto? Pues claro, pero solo en parte. Porque somos nosostros, no ellos, los que decidimos qué y a quién leemos, qué y a quién escuchamos, qué y a quién vemos, y sobre todo, qué queremos creer. Tenemos tendencia a aceptar con facilidad aquello que se nos presentan más de acuerdo con nuestras opiniones y en raras ocasiones confrontamos estas con otras diferentes. El caso es que hacerlo o no, es una decisión individual de cuyas consecuencias no podemos culpar a nadie.

Las noticias falsas, lo bulos y las habladuría no hacen daño, lo hacen quien se las creen y puede llegar a tener graves consecuencia. En algún lugar leí que el necio es el que inventa un rumor, el tonto el que lo difunde y el idiota el que se lo cree.

Según un articulo publicado por la revista Science, las informaciones falsas se difunden “significativamente más lejos, más rápido, más profunda y ampliamente” que las verdaderas. ¿estamos nosotros, y sobre todo, lo está la población más joven, preparados para convivir en un mundo donde la sedución de la mentira se impone, para llegar a diferenciar, como decía Sabina, las medías verdades al revés, que no son igual que medías mentiras.

Sería bueno recordar las palabras del que fuera Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill: “Una mentira puede darle la vuelta al mundo antes de que la verdad tenga la oportunidad de ponerse los pantalones.”

 

[1] Es mentira, del álbum Yo, mí, me, conmigo. Año 1996

[2] El neologismo fue acuñado por el especialista en información Alfons Cornella para aludir a la sobresaturación de información, como acrónimo de intoxicación por información.

[3] El término idiota se empleó en la Antigua Grecia para indicar a una persona que no se preocupaba por los asuntos políticos. A su vez, en el latín la palabra idiota significa una “persona sin educación o ignorante”