Lunes, 9 de diciembre de 2019

¡Que viene la democracia, que viene!

Tantos años esperándola, exigiéndola, sacrificándonos para conseguirla y ahora resulta que no sabemos qué hacer con ella. Tantos sacrificios, tantas carreras delante de los grises para que todos pudiéramos votar en libertad y ahora resulta que no sabemos votar.

Y claro, eso produce serios dolores de cabeza y mareos a nuestros delicados políticos que ante semejante situación tiene que actuar en contra de sus principios, lo que les supone un grave deterioro moral, del que no siempre salen indemnes. Al no saber qué hacer y pensando sólo en el bien de los ciudadanos, se ven obligados a inmolarse, pactando contra natura. Los unos pactan con los de un extremo y los otros con los del extremo contario, con lo que los pobres y honrados políticos se ven en situaciones muy desagradables.

Y es que los españoles somos así, se nos da libertad para votar y ¡hala! a votar cada uno lo que quiere. Pues no, no señor, qué es eso de votar a quien le dé a uno la gana, de eso nada. Todos los sacrificios a los que nos hemos sometido durante tantos años no podemos tirarlos a la basura. A ver si ahora, esos sacrificios van a servir para que unos cuantos descerebrados, que no tienen ni idea de votar y que además no se sacrificaron nada, vengan ahora y voten en libertar lo que les venga en gana. ¡No, no y no!

Dada la situación, se hace imprescindible, y con carácter urgente, el que todos los españoles en edad de votar, tengan que realizar un curso de bien votar, en el que se enseñe a todos los españoles y españolas, a quién y cómo deben votar. El Gobierno de turno, deberá proclamar un decreto ley mediante el cual se prohíba  a todos los españoles (y españolas, claro), que se a cerquen a una urna a menos de doscientos metros, hasta que no acrediten haber realizado con aprovechamiento dicho curso.

Que tranquilidad, que paz reinará en este nuestro querido país, una vez que todos sepamos a quien debemos votar. Se acabarán las discusiones, la violencia callejera, los bochornosos enfrentamientos políticos, los insultos, las descalificaciones… y no sólo entre políticos, también entre los ciudadanos. Y a la hora de aprobar los presupuestos, pongo por caso, ¡qué maravilla! todo aprobado a la primera y por unanimidad. Abrazos, felicitaciones, risas, besos, cantos regionales entonados hasta en catalán se repartirán por todos los escaños del Congreso, incluso del Senado. ¡Todos felices y contentos! Será como un anticipo a la felicidad que traerá la república cuando la consigamos. Utopía de Tomás Moro o la República de Platón serán entes conflictivos comparados con la apacible España.

¡Democracia SÍ!... pero hasta cierto punto, coño.