Jueves, 23 de mayo de 2019

La sanidad pública y sus síntomas

Una de las manifestaciones en defensa de la sanidad pública, realizadas en Salamanca

Hace poco fui a una revisión médica. Me habían citado para las doce y, pasada la una, pregunté a la recepcionista si tardarían en atenderme. Como no me pudo precisar,  opté por marcharme, pidiendo hora para  más adelante, pues había quedado con unos amigos para hacer una ronda tabernaria y un análisis de la coyuntura política nacional e internacional. First things first.

Les comenté el asunto a mis colegas y, como a todo hay quien gane, uno de ellos contó qué recientemente había pasado toda una mañana esperando consulta sin ser recibido, pues el doctor X se hallaba en un quirófano. Al día siguiente fue atendido y le pidieron disculpas. Otro amigo señaló que llevaba meses esperando una intervención quirúrgica y había ido a reclamar por ello a Sanidad, pues no le llamaban a pesar de unos informes previos más bien alarmistas. Aún sigue esperando. Añadí otro caso chocante, de un hermano mío: después de esperar tiempo y llegar al quirófano para una operación coronaria, le indican que ya no es necesaria. Reconocí que, al lado de estos casos, lo mío era pecata minuta, casi una frivolidad.

Quien más, quien menos,  tiene experiencias así –a no ser que disfrute de buena salud– y puede ocurrir que todo junto no sean sino fallos explicables por una acumulación de tareas. Algo que podría ser momentáneo o temporal –como dice el consejero de Sanidad de la Junta con cara de póker– o resultado de una diabólica estrategia para deteriorar progresivamente la sanidad pública española. Pero el problema es general: hay más de medio millón de personas en España esperando una intervención quirúrgica y la media de los días de espera ronda los ciento cincuenta. Tiempo más que suficiente para que la intervención ya no sea necesaria. Ni la intervención ni nada. Por ello no es de extrañar que la exigencia de una sanidad pública de calidad se haya revelado como motivo principal de movilización ciudadana en muchos lugares de España. (Siete “mareas blancas“ en Salamanca, por ejemplo).

Este problema necesitaría una atención especial por parte de los representantes políticos y de las instituciones, pues tenderá a agravarse aún más si siguen en curso las dos tendencias principales que lo causan: el progresivo envejecimiento de la población española y el deterioro del sistema de salud como consecuencia de los recortes sanitarios y la tendencia a la privatización de sus servicios y de otros colaterales. Así como lo primero es difícil remediar, la tendencia a la privatización y los recortes, derivada de la política neoliberal de la derecha, debe ser frenada y revertida. Porque no sólo hay más necesidades de más personas, sino que las mejoras constantes en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento exigen recursos económicos crecientes. Junto con la escolarización pública general, el sistema sanitario universal es un logro fundamental de la sociedad española, que debe ser mantenido por toda ella, pues toda ella es su potencial beneficiaria.

Mientras llega esa atención de representantes e instituciones, los profesionales y la ciudadanía haremos bien continuando la presión en la calle.