Jueves, 24 de enero de 2019

“Desde el momento en que volví a visitar el FRAM sentí que tenía que hacer algo por reflotar… ese barco legendario”

Estará en Salamanca este jueves, en Letras Corsarias, para presentar su último libro  
Javier Cacho estará el jueves 10 de enero en Salamanca presentando su último libro "Yo, el FRAM"

Hablar con Javier Cacho, entrevistarle,  es un atrevimiento, a pesar de su cercanía, de su amabilidad infinita, una tiene la impresión de que le está robando algo de su cada vez más precioso tiempo. Escuchar, leer  a Javier Cacho es vivir por unas horas, unas vidas que hoy parecen increíbles y lo eran y que nos dejan exhaustos y sin aliento…Esta vez le da la voz a un barco mítico el FRAM, como en nuestros mejores sueños y lecturas adolescentes y con él, navegamos… de la mano de de la editorial Fórcola. Feliz travesía, el jueves 10 a las 20h estará guiándonos en Letras corsarias

Reconozcamos que el FRAM pedía una historia a gritos, el mítico barco construido para desafíos que parecían imposibles; para los no iniciados cuéntenos un poco la historia de este barco.

El Fram fue un barco único. En aquellos tiempos los barcos se construían pensando que tratarían de eludir las masas heladas, dado que esos bloques de hielo en masas compactas o vagando sobre las aguas eran sinónimo de muerte y destrucción, no hace falta que recuerde la tragedia del Titanic y de decenas y decenas de barcos mucho más pequeños que penetraron en ese mundo helado y no volvieron. Pues, a diferencia de todos esos barcos, el FRAM fue diseñado para soportar la ciclópea presión de los hielos polares. Aquel era su elemento y allí hizo un papel digno.

Además, a diferencia de otros barcos que no suelen realizar más que un viaje de exploración, y una vez terminado se venden para conseguir dinero con el que pagar las deudas de la expedición, el Fram realizó tres viajes legendarios con tres de los grandes exploradores de la época: Nansen, Sverdrup y Amundsen.

Me encanta lo del significado de su nombre  Adelante… Es imposible retroceder una vez que uno descubre el mundo del hielo?

Sí, creo que no es posible retroceder una vez que uno ha descubierto las regiones polares. Algo se apropia de tu alma, o tu alma encuentra su lugar, y ya no puedes dejar de soñar con volver allí.

Me ha gustado el término que has utilizado “descubrir”, otra cosa es “visitar”. En nuestros días mucha gente “visita” las regiones polares y suelen volver encantadas con ese mundo tan espectacular, pero nada más. Si uno lo descubre, lo siento, lo vive… entonces ya no hay forma de retroceder. Sólo cabe la opción de seguir adelante.

Del FRAM se dijo que era “el mejor y más fuerte barco polar jamás conocido. Había sido imaginado para resistir las peores condiciones de navegación; para aprovechar la furia del viento y soportar los embates contra los bloques helados, duros como piedras y afilados como cuchillo”

Y efectivamente así fue. El Fram fue el primer barco en atravesar el océano glaciar ártico resistiendo durante tres largos años la presión de la tenaza de los hielos, los envites de unas masas de hielo inmisericordes. El Fram aguantó lo que ningún otro barco de su época fue capaz de soportar. Recordemos el barco de Shackleton, el Endurance, que terminó doblegándose a la fuerza inconmensurable de los hielos y hundiéndose. Aunque en este caso, ese desastre permitió que Shackleton pusiese en evidencia sus cualidades como líder, dejándonos un ejemplo inmortal de su labor.

Una de las cosas que más llama la atención y que creo que da mucha vida al libro es el giro que da en su voz narrativa, y pasa del biógrafo que lo sabe todo a la voz personal de un barco con alma.

Si, ha sido un cambio en mi forma narrativa. Pero es que sentí que así lo quería el libro, y me atrevería a decir que el propio Fram. Ya llevaba parte del libro escrito cuando decidí volver a visitar el Fram y, allí, sobre su cubierta, entre las maderas que cobijaron a sus exploradores, sentí que tenía que cambiar el narrador, que quien tenía que contar lo acaecido era el propio barco. Además, eso me permitía un acercamiento más personal a los hechos, el Fram es un barco con alma que es capaz de notar los sentimientos y estados de ánimo de sus exploradores, lo que a mí me permitía poderlos describir de forma más emotiva. Incluso fue posible bromear, como por ejemplo la manía que tiene el Fram a los perros porque continuamente ensucian la cubierta con sus excrementos, o por lo ruidosos que son.

Una historia que así en principio parece destinada a los jóvenes, a los chavales ávidos de aventura, que les interesa eso más que la historia y la geopolítica

Es una libro que aspira a colmar la curiosidad de la persona interesada por el tema de exploración polar, pero también para ese público joven que necesita leer aventuras que le ayuden a saciar su desbordante imaginación, a la vez que sugieran patrones de comportamiento, como la lealtad, el esfuerzo, la determinación…, donde establecer los cimientos de su personalidad en desarrollo.

Ojalá que muchos profesores conocieran las aventuras del Fram, porque estoy seguro de que animarían a sus estudiantes a leerlas.

Como podemos hacernos una idea de lo que era el Océano Ártico en esos momentos

No, no podemos hacernos una idea. Es algo totalmente imposible en nuestros días ni siguiera imaginar lo que para aquellos exploradores significaba el Ártico y las regiones polares. Era un mundo desconocido, en el sentido literal de la palabra. Unas personas habituadas a los aviones que sobrevuelan todo, a los satélites artificiales que observan hasta el lugar más recóndito, es imposible imaginar que hubo tiempos en que había grandes extensiones en el planeta en las que no se sabía qué había.

También, para las personas acostumbradas al mundo de las comunicaciones se nos hace difícil hacernos a la idea de que, cuando un barco partía del muelle, desaparecía el cordón umbilical con las familias, amigos y sociedad por un espacio de tiempo que podía durar años. Todo eso es algo que ya no volverá a ocurrir, ni siquiera en la exploración espacial.

El creador del FRAM fue el héroe de su anterior libro Nansen, que hacía diferente a este explorador del resto

Hay dos cosas que diferencian a Nansen del resto de los exploradores. La primera era que él era un científico, lo que tuvo sus consecuencias en una doble vertiente: en primer lugar hacía un estudio teórico y experimental de todos y cada uno de los equipos que iba a necesitar (tiendas, esquíes, trineos, sacos de dormir, hornillo….), lo que le llevaba a innovar, si consideraba que podía mejorarse, y a experimentar una y otra vez con las modificaciones hasta conseguir el resultado que buscaba. Eso hizo que “crease” equipos que se mantuvieron sin modificaciones durante décadas. En segundo lugar, cuando terminaba una expedición dedicaba años a analizar los resultados científicos obtenidos, mientras que los otros exploradores nada más terminar una expedición empezaban a preparar la siguiente.

Y el otro rasgo que diferencia a Nansen del resto de los exploradores era que Nansen fue algo más que un explorador polar. Fue una persona implicada en su sociedad, con su país y, en los últimos años de su vida, en una labor humanitaria para tratar de curar las heridas de la Primera Guerra Mundial, que hizo que le otorgaran el Premio Nobel de la Paz. Nansen es una persona apasionante y la lectura de su vida nos puede ayudar a canalizar la nuestra en la dirección adecuada.

El siguiente en utilizar el barco fue Otto Sverdrup,  que anduvo por Canadá, de este explorador sabemos menos y luego Amundsen hasta la Antártida para conquistar el Polo Sur, un barco amortizado

Otto Sverdrup fue un gran explorador, pero es el gran desconocido. No porque le falten méritos para figurar entre los grandes, sino porque era una persona discreta, que hacía el trabajo que le habían encomendado y no se engolaba como un pavo real para recibir el aplauso de las multitudes y, por lo tanto, para poder organizar nuevas expediciones.

Hacía lo que su país le encargaba y lo hacía bien. Muy bien. Y luego, jugó un papel fundamental para rescatar al FRAM de la destrucción en que la desidia y el abandono por parte de los políticos. Y hoy podemos ver el FRAM en todo su esplendor en su museo de Oslo es gracias al tesón de Sverdrup.

Cada explorador da la impresión de que tenía una relación especial y única con el Fram, Nansen, Admunsen… y que aquí le interesa destacar esa relación esas emociones

Pues claro que la tenían. Para un marino su barco es algo más que un objeto que le lleva de un lugar a otro, incluso es más que su casa durante muchos meses o años. Un marino nunca hablará de su barco como algo impersonal, para ellos un barco es un ser y como tal tiene su propia alma.

Sé que esto a los de la meseta castellana nos puede parecer ridículo, pero no lo verá así un habitante de un puerto de mar y mucho menos un marino. Yo, con mis limitaciones porque soy de Madrid, he podido sentirlo en mis viajes a la Antártida. Y nunca me avergonzaré de decirlo, aunque a muchos lo consideren ridículo y me arriesgo a que me tomen por un extravagante.

En el libro quise destacar esas relaciones que cada explorador tuvo con el Fram, me parecía importante. Creo que es el mejor homenaje que podía hacer al barco.

Tiene una legión de seguidores, con este libro puede abrir la puerta a un montón de gente joven para los que la aventura pasa por una pantalla inevitablemente, ese sería un éxito con mayúsculas, tal vez habría que hacer algo desde la educación, para volver a este tipo de libros que nos iluminaron a tantos la adolescencia

Hasta ahora he escrito para personas interesadas en los temas polares, y por lo tanto para adultos. Con este libro quería, sin perder el rigor histórico, tratar de hacer un acercamiento a los jóvenes. Quería que fuese el libro que un padre interesado en temas polares pudiese sugerir a su hijo adolescente que lo leyera. No sólo porque narrase unas aventuras apasionantes, sino también porque detrás de esos episodios hay un mundo de determinación, coraje y compañerismo que pueden ayudar a los adolescentes a configurar su personalidad.

Desde hace años me gustaría hacer algo con el mundo educativo. Doy algunas conferencias en centros públicos educativos, pero me gustaría hacer algo más. No me importaría escribir para públicos más jóvenes. Es una labor necesaria y sumamente importante.

Todo el libro está recorrido por una vena nostálgica, exenta de tristeza, como si hubiera algo de orgullo, de amor propio en reflotar el barco durante unas horas y la sensación de que no podremos olvidarlo.

Pues claro que hay algo de orgullo. Desde el momento en que, ya con la idea en la cabeza de escribir el libro, volví a visitar el FRAM sentí que tenía que hacer algo por reflotar, como tú dices, ese barco legendario. Por hacerle navegar por los mares interiores de cada uno de nosotros. El Fram llevo a los exploradores en aquellos viajes épicos y ahora era yo quien tenía que llevarle, a través de mis palabras y de la imaginación de mis lectores, a nuevas aventuras por los siete mares, como dicen los marinos.

Y desde el museo de Oslo donde descansa que nos diría hoy el FRAM

Nos diría lo que dijo siempre: Adelante, siempre adelante, pese a todas las dificultades y las equivocaciones que podemos cometer. Nos animaría a que, como sus exploradores, soñásemos con hacer grandes cosas en nuestra vida y que luchásemos denodadamente, con uñas y dientes, por alcanzar esos sueños.

JAVIER CACHO es físico, científico, y escritor. Comenzó su carrera como investigador en 1976 en la Comisión Nacional de Investigación Espacial (CONIE) donde llevó a cabo investigaciones relacionadas con el estudio de la capa de ozono. En 1985 se incorporó al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) donde durante varios años fue responsable del Laboratorio de Estudios de la Atmósfera. El descubrimiento del agujero de ozono en la Antártida hizo que volviese su atención a este continente. Así en 1986 fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida, a donde regresaría los años siguientes, una de ellas en pleno invierno antártico, para continuar las investigaciones relacionadas con la destrucción del ozono.

Precisamente el impacto social que estaba teniendo tan misterioso fenómeno le llevo a multiplicar su actividad divulgadora, que llevaba años ejerciendo como colaborador científico de SALVAT Editores para diversas enciclopedias sobre temas científicos, así publica su primer libro “Antártida: El agujero de ozono”, primer libro en español sobre este tema y que se ha convertido en un clásico en la materia.

A partir de este momento su actividad profesional está ligada tanto a la Antártida como a la promoción de la cultura científica. Así durante varios años fue colaborador de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología en el Programa Antártico Español,Secretario del Comité Nacional de Investigación Antártica de España y delegado alternativo en el Scientific Committe on Antárctic Research. Regresando a la Antártida durante varias campañas de investigación como jefe de la base antártica española Juan Carlos I.

Mientras, en el campo de la divulgación científica y en particular de la ecología  es coordinador/editor de varios libros pertenecientes a la colección MEDIO AMBIENTE-FIAT, colaborador científico de la revista Estratos, miembro del Consejo Editorial y del Comité de  Redacción de la publicación Tendencias Científicas y Sociales, Jefe de la Sección de Ecología de la Revista Conciencia Planetaria, redactor jefe del servicio de noticias de la plataforma de Internet Geoscopio, especializada en temas medioambientales y columnista del periódico La Prensa, publicado en La Paz (Bolivia). Durante sus ultimos años de vida laboral fue Director de la Unidad de Cultura Científica del INTA.

En el campo de la narrativa-ficción, ha escrito” Las aventuras de Piti en la Antártida”, que posteriormente fue publicada en Bulgaria por la Universidad de Sofia. Prácticamente desde que visitó la Antártida por primera vez, comenzó a interesarse por la historia de la exploración de aquel continente. Compaginando estas actividades con la de impartir conferencias sobre temas polares.

Fruto de estos años de estudios es su libro “Amundsen-Scott: duelo en la Antártida” (Fórcola 2011), prologado por Manuel Toharia, que fue publicado al mismo tiempo en Bulgaria por la editorial Ciela, donde fue prologado por prof. Christo Pimpirev, director del Instituto Antártico Búlgaro, y por el escritor búlgaro Emil Andreev. Posteriormente publicó “Shackleton, el indomable” (Fórcola 2013) sobre la vida de tan mítico explorador. A los que acaba de unirse su últimas publicaciónes “Nansen. Maestro de la exploración polar” (Fórcola 2017) y "Yo, el Fram"(Fórcola 2018).

Charo Ruano