Jueves, 23 de mayo de 2019

50 sombras de grey y la muñeca ‘Harmony’

Me han  hecho tantas preguntas por esta película que anoche la vi por segunda vez (eso sí, solo la primera de la serie).  ¿Qué pienso de ella?

Si sigue mi consejo, le propongo que, antes de leer mis breves pensamientos, responda usted a la pregunta. Yo tengo la costumbre de hacerlo en este orden. Primero pienso yo mismo y luego consulto posibles informaciones, no quiero solo manejar opiniones de los demás que me condicionen y me conviertan en un  repetidor. Aunque después contrasto  gustosamente con lo que otros piensan y escriben, si fuera el caso. Eso he hecho siempre en mi profesión.

En primer lugar, no sé si el guionista y el productor quieren solo sacar dinero, con un tema (como parece el hecho de haber continuado sacando otras películas sobre el mismo tema),  hacernos pensar sobre la historia y los personajes o ambas cosas.

La historia es plausible: un  hombre joven,  rico y atractivo seduce a una chica mucho más joven que él, muy guapa y abierta en relación a la sexualidad. Pero la historia no puede acabar bien, porque él no puede amar y ella no puede soportar esa relación sexual continuada sin amor.

Él, en las interacciones apenas usan sus nombres, ha sido mal socializado sexual y afectivamente y necesita establecer una relación muy estereotipada, predecible y controlada totalmente por él. Le propone un  contrato “sadomasoquista”, acepta varios cambios menores propuestos por ella, aunque no espera a que lo firme, para iniciar la relación que él desea tener. Dos condiciones concretas son esclarecedoras: ella no puede acariciarle y no puede enamorarse.

Este primer personaje es muy probablemente un  hombre con  estilo de “apego evitativo” (personas inseguras con miedo a la intimidad emocional y afectiva), que necesita controlar todos los detalles y la  propia relación  para sentirse seguro. La relación entre dominante y sumisa es la solución que propone y exige. La intimidad, la espontaneidad  emocional y de conductas de ella son una amenaza para él.

Ella acepta determinadas prácticas sexuales, disfruta de determinadas caricias de él, que a veces parecen exquisitas y muy elaboradas; pero  siempre son estereotipadas y sofisticadas, mientras soporta otras más propias del masoquismo.

La contradicción va creciendo, ella se rebela en varias ocasiones, más por lo que no puede hacer (acariciar y amar) que por lo que le hace él ella. Pero cuando acepta ser azotada (un supuesto castigo  a su rebelión), para ver hasta dónde puede llegar lo que él quiere y es capaz de hacer, rompe con  él. Él no lo acepta e intenta seguirla, pero ella se muestra firme y huye cerrando bruscamente el ascensor.

En definitiva, ambos parecen haberse enamorado, él de una forma perversa y dependiente (las personas con  “apego evitativo” necesitan, como todos, lo que más miedo le da: amar y ser amados); ella esperando que la relación pueda cambiar, un  conflicto irresoluble, que acaba con la ruptura de ella y la frustración de él.

Un  drama vital, anunciado. Publicitado  de forma indecente (“no se lo pierda, no tenga miedo”,  decía uno de los anuncios), como si se tratara de una diversidad sexual que todos deberíamos explorar. Es el mito comercial del nuevo deber, “la experimentación”, que sustituye al viejo mito de “la represión” sexual.

Acaban de sacar al mercado una nueva muñeca sexual con la más avanzada inteligencia artificial (Harmony es su nombre), una oferta muy apropiada para este protagonista. Seguro que es muy obediente y no se queja de que la azoten.

¡Vivir para ver!