Y llegamos al cuarto envite.

Terraza cubierta en el Paseo de Pintor Rosales. En las proximidades del Consulado de Perú y la Embajada uruguaya. A nuestro lado, a metro y medio, una mesa ocupada por tres maduros treintañeros. Uno de ellos fumaba un grueso habano que se le apagaba a cada momento, otro era un inexpresivo rubio mofletudo, el de más allá, mirada inquisitiva, protegía sus piernas con una manta suministrada por la casa. Los dos primeros con pinta de pertenecer a los de siempre y el de más allá a los meritorios.

A ráfagas nos llegaba su conversa. Hablaban de negocios, de tantos por cientos, de chollos. “¡Ojo ese stock hay que liquidarlo cuanto antes!” “Tienes razón, se nos viene otro pinchazo” Hablaban de viviendas. En eso el meritorio se ausentó, se fue a hacer pipí, a llamar a la novia, a estirar las piernas, a lo que fuera. Me puse a observar al resto de los contertulios. La prueba del algodón: ¿hablarán de él en su ausencia? En efecto, hablaron y hablaron mal. El del puro se llevó el índice a su sien derecha. El otro, el mofletudo, reía el gesto. No alcancé a oír sus comentarios.

Se incorpora el meritorio y se cambia de tercio. El del puro asevera: “voy a votar a VOX”. El Rubio: “El Abascal es muy vulgarote”. Otra vez el del puro: “Me da igual, los tiene bien puestos”. Tercia el meritorio: “ya tenemos Andalucía y seguro que Valencia”. El del puro: “en Madrid nos van a salvar los viejos”. Remata el angelote: “España es nuestra”. Sigue la conversa política. El del puro: “hostias con ese macarra del Falcon” El meritorio: “no te preocupes los del PP terminarán votando a VOX y los del PSOE al PP”. El moflete pregunta: “¿y qué pasa con Rivera? El jefe, el del puro, sentencia: “ese es un blando, tan pronto está con unos como con otros” Remata: “lo que nos hace falta son gente con ideología, con huevos”. Hasta ahí llegamos. Pagamos a la arisca camarera y nos largamos.

Y de nuevo se repite la historia. Una que mira hacia atrás y otra hacia adelante. Hubo tres momentos claves en la historia de España. El primero acaeció en 1492 cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos sefarditas. Resultado: nos quedamos con “una raza, una fe y un rey” y perdimos a un grupo de gentes de “acrisolada experiencia en el cultivo del comercio y de las artes industriales”. El segundo se inicia en 1789 con la revolución francesa. Entre el cura Merino, Agustina de Aragón y Fernando VII se cierra el paso a la ilustración, el modernismo y la ciencia. Resultado: nos volvimos a quedar con “una raza, una fe y un rey” y nos perdimos la consolidación de una clase burguesa dinámica e innovadora. El tercero y último momento lo constituye el golpe militar de 1936. La república es derribada por el ejército y la Iglesia católica. El nazismo y el fascismo italiano prestaron una ayuda inestimable. Resultado: nos quedamos con “una raza, una fe y un dictador” y nos comimos cuarenta años de aislamiento y marginación. Resumen de todo lo dicho: “¡Vivan las caenas y viva la ignorancia!”

Desde 1978 España ha vivido los mejores años de toda su historia. Nunca el pueblo llano tuvo ocasión de vivir de manera más humana, justa e igualitaria. Quizás, los compatriotas que siempre vivieron en España o nacieron con la democracia no sean conscientes de tales logros. Yo me fui del país en 1968 y retorné en 1985. Dejé un país atrasado y me encontré con otro lleno de pujanza. Irreconocible, en suma.

Pareciera que hoy vuelven a cernirse negros nubarrones. El desmantelamiento del estado de bienestar y el deterioro de nuestras instituciones democráticas cooperan a ello. Las causas son muchas y complejas. Unas de propia cosecha y las más de cosecha ajena. En todo caso, el miedo al futuro irrumpe con fuerza. También la cruda realidad. El asalariado consigue (a veces) un empleo de mierda, el universitario emigra (de nuevo) a las Alemanias, el pensionista (seiscientos euros) debe alimentar con tales ingresos a hijos y nietos y el pequeño empresario deberá sufrir lo indecible para cubrir gastos. Entretanto, las grandes fortunas multiplican por diez sus beneficios y los políticos profesionales se forran. Para rematar, dicen: “¡España se rompe!”.

Mis vecinos de mesa resumieron de manera magistral el momento político que vivimos. Suenan los clarines. Son las cinco de la tarde. Sale el morlaco. El torero le torea, le humilla y le finiquita. Hoy como ayer. El líder hace su aparición. “Volvamos, reconquistemos nuestras esencias: una raza, una fe y otro dictador” Torea al apátrida, al disidente, al homosexual, a la fémina, al perroflauta y, sonando aún los clarines, les finiquita. ¡Qué vivan las caenas y qué viva la ignorancia!