Martes, 25 de febrero de 2020

Algo nuevo

Está habiendo grandes cambios en las relaciones nacionales e internacionales

“Algo nuevo” es precisamente el nombre que mi amigo Emiliano, párroco del barrio de Buenos Aires, ha querido atribuir a la cooperativa catering con la que la gente del barrio aspira a tener oportunidad de gozar de un trabajo digno. Algo nuevo y mejor es aquello a lo que aspiramos todos, especialmente en estos primeros días del año 2019.

“Feliz año nuevo”, nos decimos. Y en ese algo nuevo, o no tan nuevo, que deseamos, manifestamos el deseo principal y casi único de gozar de buena salud. Que tengamos salud, repetimos. Al menos como la que hemos tenido en el último año, el 2018, que acabamos de dejar atrás.

Queremos que quede atrás todo lo que es viejo. En algunos lugares aprovechan esta noche para enviar al fuego todo lo pasado, antiguo o carente de utilidad, como aquí solemos hacer en las hogueras de la noche de San Juan.

Aspiramos, por tanto, a cosas nuevas y buenas. Salud, por supuesto, trabajo, amistad o incluso amor de pareja, etc., etc. Como antaño se decía: “salud, dinero y amor”.

Todos queremos y buscamos un mundo nuevo y mejor, cargado de paz, amor y trabajo.

Para los cristianos, la novedad viene del Niño recién nacido, al que hemos honrado y adorado en los pasados días de Navidad. Un Niño nos ha nacido, un Salvador se nos ha dado. En este Niño pequeño, Dios se ha hecho uno de nosotros, y esto es una gran novedad, y a nosotros nos ha hecho partícipes de la novedad de vida en el mismo Cristo, nuestro Señor y Salvador.

Él aniquila lo viejo de nuestros pecados y hace de nuestro corazón un corazón nuevo. Y no sólo renueva nuestros corazones individuales, sino que transforma la sociedad y pone en marcha un mundo nuevo y mejor.

Y este Dios cercano --lo llamamos Emmanuel, Dios con nosotros— está renovando permanentemente todas nuestras vidas y las situaciones en que se renueva la convivencia y la vida social y fraterna.

El libro bíblico del Apocalipsis, el último de los libros santos, recoge la expresión atribuida a Cristo que viene al fin de los tiempos, que asegura la novedad de la última acción del Rey y Señor de todos los espacios y tiempos: “He aquí que Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Lo viejo ha pasado, llega lo nuevo: el mundo nuevo o Reino de Paz y salvación que todos estamos esperando.

Con la seguridad de que lo nuevo y bueno que estamos esperando ha comenzado ya a llegar, podemos alimentar nuestra esperanza y también comprometernos a colaborar en la creación de ese mismo mundo nuevo.

Así podemos desearnos con pleno derecho que tengamos un feliz año nuevo. Nuevo porque no lo hemos vivido antes. Nuevo porque confiamos en que sea mejor que el que hemos dejado atrás.

¿Seremos capaces de renovar el mundo económico, social y hasta político, por el que todos estamos suspirando? De hecho, parece que está habiendo grandes cambios en las relaciones nacionales e internacionales. Las viejas relaciones se vienen abajo. Hace falta crear una nueva sociedad de responsabilidad, convivencia y armonía. Cuando lo viejo ya no nos sirve, sabemos que algo nuevo está surgiendo y esperamos que eso nuevo sea mejor que lo que hemos dejado atrás y ya no nos sirve. Feliz año “nuevo”.