Jueves, 13 de agosto de 2020

Basuras y colapso ecológico

 

La Fortuna, con mano ecuánime, presenta a nuestros propios labios la copa que previamente hemos envenenado”

(Shakespeare)

 

Tiene su lógica que “microplásticos” haya sido elegida “palabra el año“, señalando un grave problema que avanza por tierra, mar y aire: las basuras. Un sistema basado en la producción y el consumo crecientes para una población global en ascenso está condenado a vivir junto a los desechos que él mismo genera. Y, desde mi punto de vista, es un problema insoluble, pues no cabe imaginar el abandono de cierto nivel de vida y de gasto por quienes lo disfrutan, ni que dejen la esperanza de llegar a él los que no lo tienen. Los compromisos internaciones para limitar emisiones y vertidos contaminantes son manifiestamente mejorables y el reciclaje es un mero paliativo.

La ciencia ficción viene especulando sobre esto hace décadas. Para Phil K. Dick era causa de alucinaciones (una de tantas): imaginaba “objetos inútiles como la propaganda publicitaria o una caja de cerillas vacía que, cuando no hay nadie cerca, se reproducen“. Incluso dio nombre a estos objetos proliferantes: kipple. Arthur Clarke, que habló de la comida basura –luego escenificada en una película donde la gente vive de una galleta verde hecha de restos humanos– imaginó las posibilidades técnicas del uso de la órbita geoestacionaria a 36.000 kilómetros de la Tierra. Pero no pudo suponer que 40 años más tarde (su relato “Las fuentes del paraíso” es de 1979) esa órbita se hallara ocupada por desechos de objetos lanzados por los humanos, como restos de naves y de satélites abandonados o rotos. Esa acumulación de basura espacial de hecho ya dificulta los viajes extraterrestres y podría poner en peligro lo que para algunos visionarios sería la solución a medio o largo plazo para los terrícolas: la colonización de otros planetas.

Antes de eso, tras un momento crítico provocado por este y otros problemas civilizatorios, no es difícil imaginar un mundo desvaído donde grupos nómadas supervivientes se desplazan entre detritos que cubren suelos abrasados, como hacen los de la serie Mad Max. Es una posibilidad de regresión histórica de la que hay precedentes con distintos formatos (el final del imperio romano, las crisis de la Baja Edad Media, el final de la II Guerra Mundial…). Otras visiones son más biologistas: Brian Stableford concibe un futuro planeta yermo pasando una “Tercera fase” donde la vida se reduce a un magma vegetal en continua expansión. Y Kurt Vonnegut, quizá el más imaginativo, limita la futura vida humana a una de las Islas Galápagos. En el resto del mundo, el ser humano ha desaparecido por infertilidad y allí ha evolucionado hacia un animal parecido al león marino, muy apto para moverse en el agua, aunque no tan inteligente como sus antepasados (la inteligencia, al fin y al cabo, es un recurso más y a veces no es imprescindible para salir adelante). La referencia implícita a Darwin es evidente, pero quizá conviene recordar también la imagen que Herman Melville dio del archipiélago: una especie de anticipo del Infierno…

Al final, todo es cuestión de tiempo. Casi todas las especies vivas existentes desde las primeras eucariotas han ido desapareciendo. La humana, caracterizada por un raro virtuosismo destructivo, no escapará a ese destino, que a veces parece intentar anticipar (y no sólo mentalmente).

(Foto: el decidor.com.mx)