Miércoles, 22 de mayo de 2019

Asacriber mantiene como reto crear un nuevo libro genealógico del ibérico

La asociación de criadores hace un llamamiento a los ganaderos para que ingresen en este colectivo

Nueva junta directiva de Asacriber y que preside Pedro Díaz / ALBERTO MARTÍN

Con  más de 30 años defendiendo los intereses de los ganaderos de cerdo ibérico, Asacriber iniciaba hace dos meses una nueva etapa. Desde primeros de noviembre pasado tiene al frente al empresario y ganadero Pedro Díaz, nuevo presidente de este colectivo en sustitución de Manuel José González. En la actualidad, Asacriber aglutina a 120 socios, ganaderos de cerdo ibérico, en su mayoría de la provincia de Salamanca, además de Zamora, Ávila, Segovia y Toledo, también con algún extremeño, lo que reafirma su vocación nacional para defender y representar al sector frente a las administraciones.

Sus objetivos principales, como señala el nuevo presidente, es la defensa del ganadero del cerdo ibérico, por ello Asacriber lidera las reivindicaciones para la modificación de la norma del ibérico ante el Ministerio de Agricultura. Concretamente, Asacriber es una de las diez asociaciones que representan a la parte de los ganaderos en la Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI) y que se reunía el pasado 27 de diciembre en el Ministerio para avanzar en la modificación de la Norma.

Para Pedro Díaz hay tres cuestiones fundamentales entre el decálogo de reivindicaciones puestas encima de la mesa de ASICI,  “el cambio de edad, el prototipo racial para favorecer a los ganaderos pequeños, y la modificación en la alimentación del ibérico de bellota con más tiempo en campo”.

En defensa de los pequeños

En este sentido, el presidente de Asacriber critica la negativa de Aeceriber, colectivo que controla el libro genealógico del cerdo ibérico, a apoyar estas demandas “que piden la gran mayoría de los productores de cerdo ibérico, pequeños ganaderos”.

Junto a Asaja Huelva, colectivo que mantiene estrechas relaciones con Aeceriber a través de sus directivos, el resto de organizaciones representantes de los ganaderos han apoyado las propuestas, “por lo que van en contra del sector, en su mayoría adaptado a la demanda del mercado” y que prefiere un producto racial distinto a la pureza del ibérico que propone Aeceriber. Por este motivo, para Pedro Díaz “Aeceriber no representa al verdadero sector del ibérico porque solo el 10% de los cochinos que se engordan son ibérico puro. Defienden los intereses de un grupo minúsculo y tienen la asociación como si fuera su cortijo. Además, el dato que manejan de 1.400 socios es irreal”.

Con estas últimas palabras, Pedro Díaz hace referencia a las ventajas que supone para Aeceriber tener en su posesión un libro genealógico de la raza. “La inmensa mayoría de los socios que tienen es por conveniencia, por intereses económicos. Al ser socio, el precio que pagas por la inscripción de madres es muy inferior al que si no eres socios. Con ocho cochinas que censes ya has librado la cuota de 200 euros al año”. De ahí que uno de los retos principales de Asacriber sea la consecución de un libro genealógico de acuerdo a los estándares raciales que defiende esta asociación. Como recuerda Javier Sánchez, integrante de la nueva directiva de Asacriber, “lo intentamos pero nos encontramos con el problema del número de verracos por número de reproductoras, porque en la actualidad la mayoría se cubre mediante inseminación artificial y es difícil llegar a registrar 1.000 verracos con el número actual de socios”. Para las “21.000 madres que nos pedían no había problema, llegábamos de sobra, pero no el número de machos”, añade Díaz.

La unión hace la fuerza

Por eso es fundamental para el futuro de Asacriber y del sector del ibérico en provincias de Castilla y León y Castilla La Mancha contar con el número de socios que posibilite cumplir con los requerimientos que permitiría contar con un libro genealógico propio. Desde Asacriber se defiende el cerdo ibérico cruzado por ser el “producto que viene demandando el mercado desde hace 40 años”, y recuerdan que más del 90% de los animales que se engordan son ibérico con cruce de duroc porque sus características en cuanto a la integración de la grasa son distintas al ibérico puro, pues el cruce con duroc “permite asimilar en el músculo de estos cochinos las propiedades oleicas del ibérico y no queda como funda exterior como sucede en el ibérico puro”.

Por lo anterior, los responsables de Asacriber entienden que es necesario que los ganaderos de ibérico pasen a formar parte de esta asociación, “porque es la única forma de defender los intereses de la gran mayoría, no solo de unos pocos”, afincados en el sur de Extremadura y oeste de Andalucía.

Representante para defender los intereses de la mayoría

En líneas generales, en Asacriber defienden un sector que participa como pocos en la economía circular del mundo rural y que aprovecha sus recursos como participante natural, fijando además población, pues sus responsables recuerdan que “el porcino es un sector muy profesionalizado. Somos los terceros del mundo por detrás de China y EE. UU. –añaden–, y estamos al día en medidas medioambientales”. En este sentido, Pedro Díaz recuerda que “nuestro compromiso para reducir emisiones que afectan el efecto invernadero.  La puesta en marcha de Mejoras Técnicas Disponibles (MTD) encaminadas a mejoras medioambientales, reducción de emisiones, manejo, y merma de los niveles de proteína en los piensos”, por lo que para algunos parece un problema, esta particularidad puede convertirse en una ventaja,  como sucede con el “uso de abonos orgánicos en lugar de químicos y aplicando buenas prácticas ganaderas”.

Y este es el principal reto al que se enfrenta la nueva directiva de Asacriber, sensibilizar al ganadero de la necesidad de tener un interlocutor que defienda los intereses de la mayoría ante las administraciones, les escuche y haga de mediador ante los problemas y conflictos que acechan a un sector en expansión a través de la exportación. Además de lo anterior, desde esta organización prestan asesoramiento a sus socios y llevan a cabo acciones formativas para mejorar la rentabilidad de las explotaciones, una tarea cada año más complicada.