Ante el pavor, morir matando

                 “Salvo sorpresa, cualquier intento de desplazar

                                                                        a los socialistas exigirá un esfuerzo, improbable,

                                                                        entre PP. C,s y las diferentes siglas que integran

                                                                        Adelante Andalucía” (El Mundo  19-XI-2018)

Después de 36 años de gobierno socialista en Andalucía, el partido de Susana Díaz no esperaba esa improbable sorpresa, pero esta vez vino el lobo de verdad. Todas las tempestades que azotaron la región, y las hubo muy aparatosas, fueron capeadas por el rodillo socialista, unas veces en solitario y la última con el apoyo de Izquierda Unida. Ese punto de inflexión coincidió con la aparición en escena de un populismo que aquí llegó  con claro tinte marxista-leninista, aunque con el disfraz de jóvenes indignados con el sistema. Estos inconformistas de nuevo cuño, una vez llegados al poder, ya no están tan indignados con él, aunque renieguen cuando lo ostenta el adversario. Cuando inician sus primeros pinitos en la política, pocos –por no decir ninguno- de los partidos ya establecidos se tomaron en serio a los nuevos competidores. Nada –decían-, son cuatro melenudos que carecen de experiencia y que nadie sensato les hará caso. Ya, ya. Al final, acabó viniendo el lobo y, además, en una manada más numerosa de lo esperado. Echando la red en un auditorio de inconformes, inactivos y renegados es fácil llenar la embarcación. Cuando el ciudadano normal advierte que tras la apariencia de ese populismo no hay verdaderas soluciones, reorienta sus pasos hacia nuevas ofertas. En la sociedad actual, con una mejor información o a través de las redes sociales, todo nuevo movimiento de opiniones obtiene rápida respuesta. En no pocas naciones de nuestro entorno, estamos asistiendo al auge de extremismos de uno y otro sentido, fruto de la falta de respuestas adecuadas a los problemas que apremian a la sociedad. Véase lo que está sucediendo en Francia, Alemania, Italia, Polonia, o Hungría, por citar los más cercanos. Aquí, ante la farsa de Podemos, la poca decisión de Rajoy y la debacle a que Zapatero y Sánchez han llevado al socialismo, no es de extrañar que el votante, alarmado, busque nuevos discursos. Es mucho el terreno que se ha cedido en parcelas tan importantes como la defensa de la unidad de España, velar por el cumplimiento de las leyes, llevar a cabo una adecuada política exterior, aplicar las medidas necesarias para mejorar la apurada situación de nuestra economía, etc.

Ante situaciones así, era de esperar que el votante contrarreste su desengaño defendiéndose con lo que tiene a su alcance: el voto. Tanto PP como PSOE han asistido impasibles a un desangrado de votos que los ha llevado hasta mínimas representaciones. De esta manera, han ido apareciendo Podemos, C,s y, ahora, VOX. Los dos primeros, aunque nacidos con ambición nacional, ya han tenido ocasión de tocar poder en ámbitos locales, VOX es nuevo en escena pero su aparición ha sido tan significativa como para alterar el signo del voto en Andalucía. El PSA ya no puede gobernar solo ni en unión de los partidos a su izquierda.

Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa con 84 diputados, se dijo –y con razón- que había sido consecuencia de la decisión de una mayoría en el Congreso. No se tuvo en cuenta a quien tenía mayor representación y, apoyándose en partidos que, a pesar de su legalidad, proclamaban su rechazo a la España resurgida en 1978, pretendían su independencia, o bien se negaban a condenar el terrorismo que había causado casi mil víctimas inocentes, consiguieron expulsar al partido en el gobierno y subir a Sánchez en el Falcon. La tan cacareada regeneración ha terminado en bluf. Cuando el socialismo español estuvo dirigido por personas inteligentes, se consiguieron mejoras y  la propaganda oficial se llevaba a cabo con relativa astucia, de forma que llegó a seducir a millones de españoles. Desde que aparecieron en escena Zapatero y Sánchez, el encanto socialista se ha desinflado por ser unos chapuceros e incautos. Después de oír las respuestas que ha dado Sánchez a los periodistas, tras el último consejo de ministros, es como para echarse a correr. Ni hay sinceridad –nunca la hubo- ni hay seriedad. Para Zapatero la economía española era de champions y para Sánchez este gobierno ha hecho más en seis meses que el anterior en siete años. A pesar de esa sonrisa meliflua, lo que siente Sánchez, al ver que ha perdido Andalucía y puede perder mucho más, es verdadero pavor. Ante la que se avecina, hará lo más insospechado para aguantar en la Moncloa hasta que no haya otro remedio. Ya está dando muestras de saltarse a la torera las mínimas pautas de comportamiento democrático. Se declaran secretas cuestiones estrictamente domésticas o se niega a explicar las exigencias que le plantea el iluminado Torra. Ha claudicado en Cataluña y está dispuesto hacerlo con quien le ponga buena cara. Está tan asustado que ha encargo a uno de sus portavoces que lea un comunicado en el que se califica de “alta traición a España” el acuerdo a que han llegado en Andalucía PP y C.s con el apoyo de VOX. Si el partido de Santiago Abascal cumple los requisitos que marca la ley electoral, lo mismo que Podemos o Bildu, se supone que la misma traición se cometerá aliándose con unos que con otros. Claro está que la verdadera moral con pedigrí sólo está en la izquierda, a la derecha que le den.

Obsérvense los rostros de los personajes que aparecen en la fotografía adjunta para ver el semblante despavorido de quienes ven muy cercano el fin de la bicoca que supone vivir de la política para el que no sabe vivir de otra cosa. Hay apariencias que hablan y ésta es una de ellas. A España no sabemos lo que puede sucederle de ahora en adelante, pero al socialismo español, si no cambia, le espera un porvenir muy negro, y más de uno es consciente de ello. Por eso, el problema radica en saber hasta qué punto están dispuestos a prostituirse sus actuales dirigentes antes de perder el poder. A juzgar por la actitud de Sánchez, nada bueno pueden esperar los españoles que habían confiado en él. Es incapaz de tomar decisiones que favorezcan a la mayoría. De lo que haga en adelante será responsable ante la historia. Bueno, es un decir, porque ahí tenemos a Zapatero que, después del “roto” que hizo en España, ejerce de embajador plenipotenciario ante dinosaurios tercermundistas, encantado de la vida y que le quiten lo bailado.