Lunes, 16 de diciembre de 2019

Dialogar, sí, pero ¿qué es dialogar?

Dialogar, dialogar y dialogar, repiten una y otra vez algunos de nuestros políticos. También lo dicen y repiten hasta la saciedad aquellos otros que pretenden desgajarse del resto de España para formar una república independiente. ¡República! milagrosa palabra que todo lo cura. ¡Ah! Si fuera tan fácil, si todos los males de esta nuestra querida España (Cataluña incluida), tuvieran una cura tan sencilla como la de proclamar la República, hasta el mismo rey, creo yo, gustosamente se bajaría del trono.

No pretendo restar importancia al diálogo. Creo que dialogar es una de las cualidades más importantes del ser humano. Pero una cosa es el diálogo entre amigos, la charla más o menos divertida, pero sin mayor trascendencia, la tertulia de café en la que de todo se habla aunque de nada se sepa, y que una vez concluida cada cual sigue su camino con las mismas ideas con que vino. Charlas que no tienen trascendencia, en todo caso puede hacer pensar durante un tiempo, no demasiado, a los interlocutores y para de contar.

Otra cosa muy distinta es cuando dos o más políticos se enfrentan en una conversación, en un diálogo del que se supone van a llegar a algunas conclusiones que afectarán a todos.

Para que ese diálogo sea fructífero hay que acudir con la mente clara, limpia, dispuesta a aceptar las propuestas del otro, defendiendo las propias, pero entendiendo que el otro puede tener tanta razón como yo y por lo tanto sus argumentos son dignos de ser escuchados con el mayor respeto. Una cuestión muy importante que deben llevar asumida y que por obvia a veces se les olvida a nuestros políticos, es que hay unas leyes, y sobre todas ellas, una Constitución, que marcan de forma clara y concisa las reglas del juego, sin respeto a esas reglas nada puede aprobarse. Haciendo un símil con el fútbol podríamos decir que estarían en fuera de juego, por lo tanto cualquier gol marcado en esa posición debe ser anulado. Si no van con esa premisa bien aprendida y asumida, por muchas horas que se pasen sentados el uno frente al otro, por muchas fotografías que se hagan, por muchos abrazos y apretones de manos que se den, no pasará de ser un “diálogo para besugos”. Y si por presiones o chantaje político prometiendo apoyos para permanecer en la poltrona unos meses más, se cede y conceden cuestiones que vayan en contra de la Constitución, lo único que lograrán es un enfrentamiento con el resto de la ciudadanía.

No se puede (no se debe), por muy bonito, pacífico, solidario, demócrata que lo disfracen, hacer concesiones a una parte del territorio español, que por mucho que quieran convencernos de lo contrario, irá en detrimento del resto de los españoles. La tarta es la que es, tiene las raciones que tiene, si alguien se lleva un trozo más grande, es matemáticamente imposible que no repercuta en las raciones de los demás.

Por lo que veo y oigo en los diferentes medios, parece que el Presidente de la Generalidad catalana, no está dispuesto a negociar más que cómo y cuándo se les concederá la independencia. Como esa cuestión está fuera de la Constitución y como ni el  mismísimo Presidente puede hacer concesiones de ese tipo, no entiendo el motivo por el que se alargan estas conversaciones, ¿hasta cuándo? ¿hasta que uno de los dos ceda? No veo a los independentistas catalanes cediendo y si eso ocurriera, no creo que se vayan con las manos vacías, a cambio, exigirán una porción importante de la tarta. Porción, que una vez consumida y aprendido el camino, volverán a exigir una y otra vez, y así ¿hasta cuándo?

  Tal y como veo la cuestión desde esta querida Salamanca, me da la sensación de que los políticos catalanes son bastante más listos que los del resto de España, saben “vender” sus productos muchísimo mejor, tanto dentro como fuera de España. Saben mostrar, al resto del mundo, lo que ocurre en Cataluña con mucha más habilidad, saben enfocarlo de tal manera que ellos siempre son los buenos, los demócratas, los pacíficos, las víctimas. Y una cuestión fundamental, han sabido aparcar sus diferencias políticas para hacer piña con la argamasa que les une, la independencia. Sin olvidar un factor importantísimo de cohesión, como es el tener una enemigo común. ¡No hay nada que una tanto como un enemigo común! Han sabido enfocar la cuestión de tal manera que han hecho ver al resto del mundo que las fuerzas policiales, judiciales y políticas del resto de España son fuerzas represoras, invasoras, que tienen presos a sus políticos y les impiden manifestarse y expresarse con libertad.

Sus mensajes calan en la sociedad europea, mientras que de los mensajes de los políticos nacionales, sólo trasciende sus enfrentamientos, sus discrepancias, sus insultos… sus discursos no llegan a la ciudadanía, son discursos huecos, sólo les interesa su propio partido y aprovechar la circunstancia para encumbrarse ellos mismos, sin importarles el precio. Carecen de la mínima inteligencia exigible a una persona que guiará los designios de un país, son incapaces de unirse y formar un frente común para atajar el problema catalán, porque entre ellos se odian tanto, que prefieren ver hundirse a todo el país, antes que ceder para que el otro gobierne.

Mientras tanto, entre conversación y conversación, acuerdos y desacuerdos, acusaciones y reproches, victimismos… los independentistas, se han sentado a la puerta de su casa, para ver pasar el cadáver de su enemigo.

Mucho me temo, que dentro de no demasiado tiempo, los separatistas, conseguirán cuanto pretenden  y que el resto de los españoles tendremos que pedirles perdón e indemnizarles por los daños materiales y morales que les hemos causado.