Martes, 25 de febrero de 2020

Paz y concordia

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro

La Iglesia católica celebra en el primer día del año la Jornada Mundial de la Paz. Y el Papa Francisco ofrece para el aprovechamiento de ese día un Mensaje por la Paz. El mismo Papa refuerza su mensaje con otro mensaje Urbi et Orbi del día de Navidad. En él, además, hace referencia a aquellos países en los que la paz está amenazada, o están ya inmersos en situaciones de guerra, sufriendo las consecuencias de la misma, que afecta particularmente a los miembros más débiles de la población, como son los niños y los ancianos.

La 52° Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2019, tendrá por tema “La buena política está al servicio de la paz”. El Papa Francisco destaca la importancia de la política para el bien común frente a los vicios de la política que socaban los pilares de la caridad.

El Santo Padre nos recuerda que “la política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.

“La función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo”.

En este sentido, “la política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

El Pontífice señala las “virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

Sin embargo, “en la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella”.

“Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social”.

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro”.

En cambio, “cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros”.

En el mensaje, el Papa Francisco también hace referencia a la celebración del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial.

“Nuestro pensamiento se dirige de modo particular –dice el Papa-- a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos”.

En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad”.

Por último, subraya el Papa que “celebramos en estos días los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después del segundo conflicto mundial”.

A esta aportación del Papa Francisco, se podría añadir la contribución que nuestro Rey Felipe VI hizo en su discurso de la noche de Navidad, en que insistió en la necesidad del diálogo y la concordia entre todos los españoles. Sabemos muy bien dónde se localiza la paz, pero es necesario centrase en poner nuestro esfuerzo para construirla.