Miércoles, 21 de agosto de 2019

Enloquecieron por intentar comprender las normas de las empresas de telefonía móvil

La semana pasada se produjo en nuestra ciudad un hecho que aunque debe ser calificado de trágico, tiene una vertiente, que debemos matizarlo con el curioso adjetivo de tragicómico. Yo me enteré del insólito suceso, que terminó con tres internamientos en la Unidad de Agudos del hospital psiquiátrico, pues la tercera víctima, un periodista, me hizo una llamada pocos minutos antes de sumergirse en las sombras de la locura.

Intentaré narrar esta cadena de desgracias, sobrevenidas las tres por intentar comprender qué le había sucedido a nuestro paisano con las terribles telefónicas:

El relato que mi amigo el periodista me contó, en sus últimos minutos de lucidez fue así: El lunes pasado un paisano nuestro fue a una oficina comercial de una de las tres, que manejan el cotarro, para hacer un contrato para tener línea móvil, o doble línea fija-móvil, en fin una de las múltiples “ofertas” con las que bombardean a clientes y no clientes sin interrupción. El amable joven de la oficina, cuando parecía estar en una fase avanzada de la formalización del contrato, le informa a su cliente de que su nombre y DNI aparece en una ¡lista! de “intocables” a los que no se les puede hacer un contrato. Al oír esta información el cliente de nuestro relato dudó si echarse a reír o a gritar, pues no teniendo ningún síntoma amnésico, a pesar de su edad madura, sabía que no tenía la menor deuda ni con Telef1, ni con Movi2, ni con Voda3; ni una deuda desde el día que nació ¡¡ni desde que vinieron a nuestro mundo hispánico las tres Movis!! Ahí empezó para esta primera víctima de enloquecimiento su proceso kafkiano: informes, datos, emails, demostrando su completa inocencia y recibiendo de las Movis etéreas acusaciones de deudas en remotos pasados, que se conservaban en LA NUBE. ¡Ah! ¡La nube! ¡Ahí fue cuando sintió por primera vez el cliente que su cabeza ascendía a las nubes! Pero antes de que la psicosis hubiera invadido toda su psique, pudo llamar a un amigo psiquiatra, que le acompañó a la unidad de psiquiatría del hospital. Ya allí, nuestro protagonista intentó contar a su amigo  toda su rocambolesca peripecia con las Movis; el psiquiatra, haciendo un esfuerzo máximo en el intento de comprender lo que le estaba contando su amigo, sufrió una crisis psicótica de personalidad y empezó a cantar a gritos canciones sobre “NUBES QUE SE MUEVEN al compás del bombo de la lotería”. El médico de guardia viendo los extraños sucesos que estaban ocurriendo, dio una doble orden: que llamaran a un periodista local conocido y que fueran preparando los papeles de las dos víctimas para ingreso en Agudos.

Cuando llegó el periodista, el psiquiatra que acababa de enloquecer intentó contar al periodista qué había sucedido con el cliente, el psiquiatra y las Movis; pero el periodista, a pesar de su larga experiencia en entrevistas y hechos raros, comenzó a abrir los ojos escuchando aquel extraño relato, de tal modo que sus pupilas y su mente quedaron cruelmente paralizadas. El médico de guardia firmó tres órdenes de internamiento en Agudos y llamó al Director del Hospital rogándole que prohibiera que nadie hablara más de “la historia del cliente de las Movis” en el Hospital.

Nota final: Cualquier parecido de este relato con la política comercial de las empresas españolas de móviles es pura realidad.