Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Su corazón no conoció la maldad

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La Virgen María fue "dotada por Dios con dones a la medida de su misión tan importante" (Lumen Gentium). El ángel Gabriel pudo saludar a María como "llena de gracia" porque ella estaba totalmente llena de la gracia de Dios. Dios la bendijo con toda clase de bendiciones espirituales, más que a ninguna otra persona creada. Ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo". (LG, n. 53)

La devoción a la Inmaculada Concepción es uno de los aspectos más difundidos de la devoción mariana, tanto en Europa como en América la Inmaculada Concepción es patrona de muchos lugares.

En la fe cristiana se ha combinado siempre las creencias del pueblo fiel con la reflexión de los teólogos y el magisterio de los pastores. Lo mismo ha ocurrido respecto a la Inmaculada Concepción de María.

La declaración dogmática de la Inmaculada se produciría el 8 de Diciembre de 1854 por obra del Papa Pío IX, tras la previa consulta al Episcopado universal, con resultado favorable y plebiscitario (546 entre 603).

“El linaje de la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente” (Gn 3, 15); y en Lc 1, 28, el ángel la saluda con estas palabras: “Dios te salve, llena de gracia”.

María es inmaculada, es la totalmente hermosa, es la mujer vestida de sol (Ap. 12,1). Es su belleza la que salvará al mundo de los odios, guerras, muertes…

El punto de partida de la teología de la Inmaculada Concepción no hace referencia a Adán o el pecado, sino a Cristo. Así afirma K. Rahner, “se puede comprender a María sólo partiendo de Cristo”. Si Cristo es el único mediador y redentor del mundo (2 C 5,18-21), se sigue que él en su misterio pascual es el salvador también de su madre.

 

Teilhard de Chardin saluda a María como “perla del cosmos” y la Inmaculada es para él: “la fiesta de la acción inmóvil, quiero decir, la que se ejercita con la simple transmisión de la energía divina a través de nosotros...”. Con María todo lo torcido se endereza, las llagas se cicatrizan; donde ella pisa florece la primavera.

“…Ella pisa con sus talones las zarzas secas del invierno y, a sus pies, florecen ya las rosas de primavera. Ella nos alarga su rosario invitándonos a subir. Sí, Madre de Dios, imagen suya: contigo queremos ir subiendo de rosa en rosa hasta llegar a la felicidad infinita” (Paul Claudel).

Juan Pablo II nos invitaba, en su mensaje de la Vigilia de la Inmaculada, “a ser siempre testigos de los genuinos valores evangélicos en la sociedad española”. Salid a la calle , nos dijo. Sin miedo. San Pablo, en su carta a los Romanos, nos dice: “Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de espabilarse. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz”.

A María se invoca como La Inmaculada, La Purísima. Santos, pecadores, pintores y poetas, todos alaban a María. Pemán dirá: Así en la blanca altura / la limpia nieve se convierte en río / sin perder su limpieza y su blancura.

Y Martín Descalzo añadirá : ¿Qué sintieron los pájaros el día / que, asombrados, rozaron tu blancura? / ¿Qué sintió el sol que te besó primero?

La Virgen María fue "dotada por Dios con dones a la medida de su misión tan importante" (Lumen Gentium). El ángel Gabriel pudo saludar a María como "llena de gracia" porque ella estaba totalmente llena de la gracia de Dios. Dios la bendijo con toda clase de bendiciones espirituales, más que a ninguna otra persona creada. Ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo". (LG, n. 53)

La devoción a la Inmaculada Concepción es uno de los aspectos más difundidos de la devoción mariana, tanto en Europa como en América la Inmaculada Concepción es patrona de muchos lugares.

En la fe cristiana se ha combinado siempre las creencias del pueblo fiel con la reflexión de los teólogos y el magisterio de los pastores. Lo mismo ha ocurrido respecto a la Inmaculada Concepción de María.

La declaración dogmática de la Inmaculada se produciría el 8 de Diciembre de 1854 por obra del Papa Pío IX, tras la previa consulta al Episcopado universal, con resultado favorable y plebiscitario (546 entre 603).

A María se invoca como La Inmaculada, La Purísima. Santos, pecadores, pintores y poetas, todos alaban a María. Pemán dirá: Así en la blanca altura / la limpia nieve se convierte en río / sin perder su limpieza y su blancura.

Y Martín Descalzo añadirá : ¿Qué sintieron los pájaros el día / que, asombrados, rozaron tu blancura? / ¿Qué sintió el sol que te besó primero?