Sábado, 15 de diciembre de 2018

La campaña solidaria de Luis Felipe Comendador para llevar juguetes a los niños de los Cerros peruanos

El poeta bejarano y SBQ Solidario quieren llevar a aquellos que más lo necesitan una sonrisa estas navidades

Comendador, durante su viaje a Perú

Béjar está luminosa y azul. Incansable, el poeta Luis Felipe Comendador se multiplica como siempre: recibe con un abrazo, lleva su imprenta, atiende a quien necesita algo y contesta a la carrera. Brillan sus ojos también azules, sin embargo, le pesa su reciente viaje a los Cerros de Trujillo, en Perú, donde desarrolla su labor solidaria con SBQ, la organización que, desde “el humanismo pequeñito” intenta mejorar la vida de los que nada tienen.

Luis Felipe Comendador: ¿Qué quieres que te cuente? Es un viaje muy duro, muy duro. He vuelto tocado, por eso he decidido que lo mejor es hacer que cada niño reciba un juguete. Que al menos podamos darle una sonrisa.

Charo Alonso: ¡Te fuiste con una maleta llena de zapatos!

L.F. Comendador: Separar a un niño o a una niña del grupo y entregarle unos zapatitos de su talla sin que se enteren los demás porque no hay suficientes zapatos para todos y sentirte fatal por ello es tremendo. He llorado dos veces en mi viaje a Perú, y las dos han sido de impotencia…

Ch.A.: ¿Qué ha sido lo más duro de este viaje?

L.F. Comendador: Mirar el cementerio de Mampuesto desde lo alto de Florencia de Mora, que es como asistir al capítulo más tremendo e increíble del realismo mágico latinoamericano. Tuve el privilegio y la suerte de visitarlo acompañado y protegido. El lugar es inmenso y desde lo alto se aprecia con nitidez lo que fue (y será) el curso del huayco que es una riada. Una gran capa de arena limosa lo cubre todo y tan solo se ven algunas cruces y tumbas. Era un cementerio y ahora es el lugar de asentamiento de mucha gente. Como me dijo mi guía  – “No nos quieren, gringo. Saben que aquí corremos peligro y nos dejan vivir aquí. Solo tienen que esperar al próximo huayco. Esta es la gente que va a vivir sobre sus muertos porque no le queda otra, que van a construir su ranchito justo donde volverá a devorarlo la ferocidad del agua en unos meses. Si tienen suerte, volverán a perderlo todo menos la vida; y si no tienen suerte… Ya le digo, gringo, que no nos quieren y esta es la mejor forma de deshacerse de nosotros. Para nosotros no hay esperanza, ni siquiera caridad”. Volví abrumado de mi visita a Mampuesto no sin antes darle un abrazo sentido a mi guía y protector. No podía darle mucho más.

Ch.A.: ¿Cómo vuelves después de todo eso? ¿Cómo ves ahora los problemas que tenemos nosotros?

L.F. Comendador: No te cuento como llego aquí, sino cómo es llegar allí pensando en que cada uno de mis problemas son lo más y relajar de pronto porque F. me sonríe o enfrentarme a R., de siete añitos, dejado de la mano de Dios y mantenido milagrosamente por los vecinos. Sus ojos no fijan, se mueven con temor de un lado a otro, como intentando defenderse del próximo golpe. No sabe sonreír, pero se queda quieto frente a mí, como un muñeco sucio y desahuciado, como expuesto justo para mi vergüenza, para toda mi vergüenza. Solo se aparta cuando una señora lo retira… “No sabe hablar, pero es buen niño, gringo, con una esquinita le basta”… Y yo me avergüenzo hasta las lágrimas de pensar que mis ‘problemas’ son ‘problemas’, cuando un solo minuto mío será capaz de arreglarles sus vidas. Llegar del jodido Norte para aprender que el ‘hombre’ es otra cosa que esta miseria de números de quienes lo tenemos todo, de quienes les robamos todo, de quienes les negamos todo. Me siento en deuda con cada uno de estos niños, culpable por lo que son y por lo que les está negado, hundido porque sé que no voy a ser capaz de mover ni un solo milímetro de sus duros destinos. Y volver al jodido Norte para contarlo desde un Mac que por sí solo arreglaría un año entero de comida y escuela de uno de estos niños. Somos lo peor y debemos empezar a saberlo.

Ch.A.: Tú no eres lo peor, recaudas, organizas junto con Lorena Pajares, la mujer sobre el terreno… y ahora estás decidido a darles a esos niños un juguete aunque sea… ¿Cómo te recibieron?

L.F. Comendador: Mira, una fila enorme de niños preciosos subían despacito por las escalerotas de Florencia de Mora, uno de los lugares más maltratados por el huayco de hace un par de años. Yo permanecía quieto, mirándolos extasiado, en la parte más alta y ellos miraban asombrados mi cara de gringo, mi barba blanca… Alguien dijo en alto: “¿Saben ustedes quién ha venido?”… Uno de los niños, bien chiquito y con carita de susto, me miró desde abajo hasta mis ojos y dijo asombrado: “Es Jesús”. Yo no pude contenerme y le di un besote en su coronilla, pero, enseguida, una niñita con trenzas divinas y con la misma mirada de asombro, le replicó: “No es Jesús, es Santa Claus”… Y así me quedé, entre Jesús, Santa Claus y Gringo Lucho, pero con una amarga sensación de no poder responder a todas sus necesidades como si fuera un mago. No es justo lo que sucede en el mundo, sobre todo para los niños. No es justo.

Ch.A.: No sabemos, como dice Vargas Llosa, cuándo se jodió el Perú, pero ¿Sabemos cuándo y cómo puede arreglarse para que la gente de los Cerros no esté olvidada?

L. F. Comendador: La consolidación de una clase media sólida es fundamental en las economías emergentes, como la de Perú. Un país rico en materias primas por explotar y con un turismo potencial de primera línea no puede tolerar la bipolaridad social a la que está sometido por sus gobernantes. Solo desde una acción política sensata y mantenida y con un proyecto bien trabado que piense en sus ciudadanos sin despreciarlos, puede conseguirse el objetivo de afianzar esa clase media necesaria.

Ch.A.: Has trabajado en cooperación mucho tiempo, sabes de lo que hablas ¿Qué podemos esperar de países tan ricos que se gestionan tan mal?

L.F. Comendador: Perú tiene los medios –muchos más medios que los países europeos– y debe pelear por su gestión justa. Sé que para lograrlo se van a necesitar varias generaciones, pero hay que empezar a trabajar en ello expulsando de todas las administraciones las corruptelas y tomando el timón de un país que, por el valor de sus ciudadanos y por el tesoro de su cultura, sus materias primas y su geografía, debiera estar entre las primeras potencias mundiales. Que se deje de robar en las altas esferas, que se dejen de regalar valores al extranjero a porcentaje, que se dé dignidad a cada uno de los ciudadanos peruanos y a la vez se les exija colaboración, que se ordene el país con una red de carreteras digna (muy necesaria) y que se eduque en todos los sentidos (desde el sanitario hasta el democrático, pasando por el tráfico, que un país ordenado en sus estructuras termina siendo ordenado también en cada uno de sus habitantes). Me duele mucho ver miseria donde hay medios de sobra para que no exista, y en Perú lo veo cada vez que visito el país. Espero que, más pronto que tarde, el peruano encuentre el camino y la forma de salir de su caos para entrar en un ‘orden’ capaz de beneficiar a todos y cada uno.

Ch.A.: ¿Y mientras?

L.F. Comendador: Mientras voy a hacer lo posible para regalarle una sonrisa a estos niños, un juguete estas navidades. Una sonrisa, solo eso.   

Y sonríe. El poeta, el hombre que nos enseña que otra manera de hacer las cosas es posible. Hay una luz azul en Béjar como los ojos azules de Luis Felipe Comendador ¡No te olvides de decir cómo abrazan esos niños! Los niños de los Cerros de Trujillo, allá en Perú, tan lejos, tan cerca… hay otra forma de ser hombre, la de Luis Felipe Comendador, la de Lorena Pajares allá lejos. Una forma admirable.

Para ayudas al SBQ Solidario. La Caixa ES07 2100 4146 3421 0031 5621

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez y Lorena Pajares.