Miércoles, 19 de diciembre de 2018

Hagan juego, cabrones

Me van a permitir el exabrupto, pero se trata de un tema que me indigna hasta límites insospechados. Trabajo en un barrio obrero en la periferia de Salamanca donde han encontrado acomodo muchas familias de emigrantes. Les doy clase a sus hijos, hijos que a veces, pasan las tardes en centros sociocomunitarios para poder merendar y hacer los deberes. Un espacio, mi barrio, de trabajo, paro, esfuerzo y algún que otro encontronazo. Pues bien, mientras cierran pequeñas tiendas de toda la vida, cuento al menos tres locales, recién abiertos y sumamente bien preparados, de juego y apuestas. Que alguien me lo explique.

Me siento ocasionalmente ante la pantalla a ver el tejemaneje político, que está de lo más interesante y aterrador y me asaltan los anuncios de juego on line y casas de apuestas deportivas. Ni que fuera Gran Bretaña. Lo malo es que hacen publicidad de esta aberración personajes que mis alumnos admiran, nombres que llevan en sus camisetas. Y para colmo, un señor como Carlos Sobera, a quien detesto de una forma ya irracional, protagoniza un anuncio que debería estar prohibido porque si no provoca un ataque de epilepsia, lo hace de taquicardia, empujando con velocidad e insistencia a la gente a jugar, a apostar… a arruinarse. Luego, me temo, vendrá la partida presupuestaria para luchar contra la ludopatía. Es como hacer publicidad de tabaco y alcohol y después, pagar las consecuencias sanitarias o las campañas de erradicación. Puro disparate. La publicidad del juego debería estar prohibida por la ley, sin embargo, se abren ostentosos locales, se potencia el juego, se hace publicidad de su terrible versión on line –después de todo las casas de juego tienen sus pocas, pero irreductibles reglas, sin embargo, en internet no hay barreras- y se empuja a gente desesperada a la miseria sin paliativos.

Hay cosas en esta sociedad nuestra que no entiendo. Nos piden que estemos atentos a las medidas preventivas, sin embargo las listas de espera y las demoras hacen que se nos muera la gente antes de recibir cuidado y atención. Nos avisan de los males del juego, sin embargo, todo son facilidades para estos negocios que, precisamente, se abren allí donde a la gente le cuesta llegar a fin de mes o llenar el cesto de la compra. Publicidad falaz, engañosa, inmisericorde que nos golpea la cabeza una y otra vez si tenemos la genial idea de sentarnos ante la pantalla. Ruina y delirio, adicción y locura pero el negocio es el negocio, y los impuestos que se ganan con ello son perfectamente legales.

Hay cosas en esta sociedad nuestra que no entiendo. No entiendo por qué no se legaliza la droga y se les estropea el negocio a esos mismos seres abyectos que trafican con mujeres en locales que todo el mundo conoce. No entiendo que se permita la apertura de casa de juego. No comprendo que alguien se preste a ser asociado a semejante causa de degradación y ruina. Sin embargo, a mí nadie va a preguntarme, eso sí, tengo la fortuna de contar con un pequeño espacio donde quejarme amargamente y pedir a gritos que alguien, en las altas instancias, sea capaz de ver las cosas como verdaderamente son: una aberración. Alto y claro: que alguien termine con todo esto y que sea ya.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.