Miércoles, 13 de noviembre de 2019

El pueblo, la calle, la gente: esas entelequias...

Si no tienen la opción de votar todos los que podrían hacerlo, aunque usen el verbo votar, no deberían usar el sustantivo democracia.

Malos tiempos, para la lírica no sé, pero para la democracia, sí…

La democracia, la fea, la mala, la de los partidos y las instituciones, la que suele llevar el apellido (¿estigma?) liberal, es, como ya vio Churchill, el peor de los sistemas políticos… si exceptuamos todos los demás.

Las instituciones, fallonas y aburridas como algún delantero centro de los de antes, sirven para que no se caiga el andamiaje democrático, cuando no el edificio.

Por eso, cuando se quiere contraponer la calle, la gente o el pueblo, a las instituciones, hay que decirlo, porque el peligro de involución es real.

En España, en una parte de ella, se vivió con un referéndum espurio, en el que los que querían que ganara una determinada propuesta organizaron y votaron, haciendo lo posible por excluir a todos los demás.

Y similar camino lleva el presidente electo mexicano: en vez de esperar a ser presidente y tomar las decisiones que puede tomar, prefiere hacer como que pregunta.

Porque ni siquiera les pide a sus diputados, que ya están ejerciendo, que cambien la ley para que sus consultas sean aceptables, no, mejor las hace por fuera, las organiza su gente, para que vote su gente y alguno que se cuele…

Esa manera de votar no es democrática, señores, si no tienen la opción de votar todos los que podrían hacerlo, aunque usen el verbo votar, no deben usar el sustantivo democracia.

Como ya he escrito en otras ocasiones, ni encuesta es, no puede tener valor estadístico porque no hay el mínimo rigor científico en el proceso.

Y ante las protestas, allá los indepes respondieron, y responden, con la película que siguen montando (en TV3) y acá… el señor presidente electo responde con más de esas preguntas y algo que en España calificaríamos de chulería: “váyanse acostumbrando”.

Quienes creemos en las instituciones, no podemos participar y debemos decir que debemos aceptar las decisiones que tome el señor cuando sea presidente, estemos o no en contra de las mismas; para eso lo eligieron y no necesitan justificación ni respaldo. Podemos, desde luego, empezar a intentar convencer a otros de que se equivoca, cuando lo haga.

Sin embargo, si busca la justificación o respaldo así, con especies de consultas e insultando a todo aquel que no se pliegue a sus designios, está haciendo trampa, y también está polarizando y excluyendo.

Y esa trampa, su trampa y la de los suyos, es una falacia, seria y peligrosa.

@ignacio_martins

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