Martes, 10 de diciembre de 2019

Gracias

¿Casualidad?. Tal vez, pero resulta que hoy, además de ser el día que corresponde publicar mi colaboración semanal, hoy podré conocer personalmente y compartir con un importante grupo de personas esta experiencia que, junto a muchos de ellos, inicie un ya lejano 26 septiembre de 2013, cuando recibí un correo electrónico firmado por César García Hernández. En él me invitaba a aceptar un reto, el de aportar una colaboración semanal a una nueva plataforma multimedia que se llamaría salamancartv. Parece mentira, después de 5 años, aquí seguimos.

Por eso hoy, sólo quiero dar las gracias a todo el equipo de este medio, un equipo que siempre nos han tratado con cortesía, que han respetado escrupulosamente los textos en los que plasmamos nuestras opiniones sin hacer modificaciones, sin censuras, sin forzar a nadie a mantener una determinada línea editorial, dejando que nos expresáramos con absoluta libertad. Así que por todo ello, GRACIAS.

Y como hoy toca recordar, me parece oportuno volver a publicar, con las mismas palabras que utilice aquel lejano septiembre de 2013, los motivos que llevaron a aceptar el reto propuesto por César, porque la sencilla razón de que son los mismos que me animan a seguir aquí:  

No sé si a ustedes les ocurrirá, pero yo en ocasiones tengo la sensación de que la vida cotidiana me atropella, noto la presión de la avalancha de información que cada día me asedia, en ocasiones con la perversa intención de cercar mi entorno, de convencerme de que la realidad es, y sólo pueden ser, como nos dicen. A veces, es tan violenta su acometida que me incomoda porque me resulta imposible procesar con cierta coherencia sus abundante y variados contenidos, contenidos, por otra parte, cuya fecha de caducidad es de apenas de unos minutos, ya que las noticias de primera página tardan muy poco en pasar a ser “carne de hemeroteca”. En esos momentos la única solución que he encontrado es detenerme, anclarme en algo concreto y mirar a un punto fijo para no marearme. Esa es la razón por la que desde hace años me impuse una disciplina que procuro cumplir, una disciplina de supervivencia.

Cada cierto tiempo, de entre las miles de noticias de las que nos informan a diario, centro mi interés en una, una sólo. No importa que sea más o menos relevante, más o menos trascendental, lo importante es que haya captado mi atención. Y entonces, comienzo a tratarla como si fuera una de las múltiples y variadas piezas que conforman un puzle, el puzle de la realidad. La aíslo, observo sus formas, amplio mi conocimiento sobre ella y procuro comprender su relación con el resto de las piezas de conjunto a fin de intuir qué lugar puede ocupar, cuál debería ser el sitio correcto para colocarla. Por supuesto, siempre hay equivocaciones porque muchas piezas se parecen, pero esto me permite ir avanzando pues resulta imposible intentar vislumbrar la totalidad antes de continuar caminando, entraríamos en eso que algunos han venido en llamar “la parálisis del análisis”.

Se trata, claro está, de una experiencia subjetiva y personal, la experiencia de un ciudadano cualquiera, de un Ciudadano Cero pero, en mi modesta opinión, beneficiosa y reconfortante, una experiencia que desde hoy me propongo compartir con ustedes, siempre, claro está, que dispongan de un momento.