Sábado, 24 de agosto de 2019

Miles gloriosus

Intentando apañar las cenizas de lo que un día fue el gran proyecto de unión europea, convertido hoy en amontonamiento de desconfiados egos nacionales mirándose de reojo, la ínclita Angela Merkel, en los estertores de su influencia, propone e impulsa la creación de un “auténtico ejército europeo”, proyecto que recibe los plácemes de los países dominantes en el viejo continente, al tiempo que la acostumbrada docilidad del gobierno español, cuya capacidad de sumisión  a cuanto económica o militarmente propongan los mandamases europeos, no varía ni siquiera cambiando el partido gobernante.

Coincidiendo o aprovechando las conmemoraciones (¿celebraciones?, ¿evocaciones?, ¿añoranzas?, ¿nostalgias?) de aquella inmensa salvajada que fue la Gran Guerra europea de hace cien años, que cuenta en su historia con algunos de los episodios más salvajes , atroces y sanguinarios que, en enfrentamientos entre ejércitos la Humanidad recuerda, donde se llevó a la más cruel literalidad el concepto del soldado como “carne de cañón” en lugares cuya sola mención causa escalofrío, como Verdun –sur-Meuse o la batalla del Somme, los herederos de aquella despiadada sevicia proponen sin rubor, y sin pudor, la creación, recreación o refundación de otro gran ejército.

Obviando por el momento hablar de la indiscutible inutilidad real de todos los ejércitos, ya es bastante escandaloso el mantenimiento de una organización como la OTAN, un camelo militar de enorme poder de manipulación y dilapidación económica de espaldas a la ciudadanía, cuya creación y fundamento obedecieron en su origen a la supuesta defensa de “la civilización occidental” (uf...) frente a los también supuestos “peligros” de la entonces no menos supuesta amenaza del “comunismo internacional” (uf...) alineado en el llamado Pacto de Varsovia –otro no menor camelo militar de la extinta URSS-. Hoy día, la existencia de la OTAN constituye un colosal ejercicio de manipulación política multinacional destinado, a falta de “enemigo”, mediante enormes aportaciones de fondos presupuestarios de sus países miembros, a mantener las industrias armamentistas y siderúrgicas asociadas a unos “gastos de defensa” que constituyen, en sí mismos, su propia justificación. La propuesta de creación de OTRO ejército europeo que se añadirá, además, a los ejércitos nacionales de cada uno de los países, se revela como uno de los mayores ejemplos de incapacidad, tropelía autoritaria, negligencia política, ceguera institucional, ineptitud dirigente y falta de visión y oportunidad de los dirigentes europeos, que han perdido totalmente de vista el objeto y el objetivo de la organización a la que pertenecen, consentidos y no poco engolosinados, es verdad, por la pasividad general de las poblaciones de sus países.

Ocioso parece repetir ahora que la naturaleza, la justificación, la labor y la esencia misma de cualquier ejército es la utilización de la fuerza bruta cuando no se ha sabido utilizar la del raciocinio y la inteligencia, que es la antítesis de los cañones. Pero como una inmensa broma macabra, frente al negligente escándalo del ‘Brexit’ que desmembra de raíz la idea de comunidad europea y trasparenta los egos y los egoismos,  y frente a la vergüenza consentida de la rampante ultraderecha xenófoba y racista creciendo en varios gobiernos europeos, se propone un macro-ejército;  frente al empobrecimiento general de las poblaciones de los países del euro y de Schengen y frente a los recortes homicidas que la austeridad capitalista y el mantenimiento de las plusvalías bancarias imponen a los ciudadanos de una Unión Europea sin rastro de los beneficios sociales que su fundación anunciaba, se proyecta el descomunal gasto militar, organizativo, armamentístico, humano y, por supuesto económico que supone la creación de una fuerza armada supranacional de enorme dimensión; frente a la progresiva y rápida destrucción del medio ambiente, que provoca cada día más catástrofes naturales con enorme coste en vidas, futuros y esperanza de millones de seres humanos, se proponen bombas, aviones de combate y balas trazadoras; frente a la tragedia de millones de inmigrantes y refugiados que huyendo del hambre y la miseria llaman con desesperación a las puertas cada vez más cerradas de una Unión Europea sumida en la indiferencia, infectada de creciente insolidaridad, asfixiada por el egoísmo consumista, podrida de racismo y xenofobia  y enferma de ignorancia, los encorbatados dirigentes de esa caricatura de organización que es hoy la Unión Europea, proponen desfiles y uniformes, botas y misiles, generales y entorchados, regimientos y carros de combate, bombarderos y cazas, portaaviones y torpedos, banderas y fusiles, órdenes, radares, enemigos...

La continuada labor de desactivación de la conciencia social y política de la ciudadanía, llevada a cabo en Europa por gobiernos de todo tipo durante décadas, ha cristalizado hoy en unas poblaciones planas en cuanto a su capacidad de influir, enfrentar o incluso comprender decisiones de gran calado que les afectan. Chapoteando en los temas que puntualmente suministran las oficinas de prensa de las organizaciones políticas (y que colorean y repiten la prensa y los tertulianos), aberraciones como esta propuesta de creación de otro ejército europeo caen sin estruendo en la realidad, ensucian el presente, condicionan el futuro y, al final, nos hacen peores, más sumisos y menos libres.