Lunes, 23 de septiembre de 2019

Tiempo, esfuerzo y dedicación

Al gobierno de Pedro Sánchez le puede la reforma y ya tardaba en arremangarse y liarse con la educación para dejarla niquelada… Y uno se alegra y aprecia el esfuerzo, sin embargo, para transformar hace falta cierto sosiego, tiempo y el trabajo de preguntar a quienes están en ello. Lo digo porque todas las reformas educativas nos dejan ese regusto a prisa, oportunidad, improvisación y resultado chapucero, lo que nos convierte a los docentes en sufridores de todas las ventoleras gubernamentales.

Un buen pacto para la educación requiere de la voluntad de todos para resolver los auténticos problemas y no de las ocurrencias de turno del gobierno al que le toque dejar su pincelada… en ocasiones acertada y la mayoría de las veces, oportunista. Porque verdaderamente necesitamos cambios y deshacer lo andado en la última reforma, pero no precisamos de medidas que acaparan titulares, encienden la mecha de la polémica y esconden lo importante. Telones llamativos que ocultan la falta absoluta de voluntad de cambio y lo que es peor, anuncian el coladero nacional, que es lo que acabará resultando la educación secundaria y el bachillerato. Un vale todo auspiciado por las autoridades pertinentes que convertirá a gran parte de los alumnos en personas que no saben lo que es el esfuerzo, la dedicación y mucho menos, la excelencia.

Los resultados de este nefando sistema educativo que hemos perpetrado entre todos a la vista están: las plazas de profesores no se cubren por el insuficiente nivel de los participantes al proceso de selección. Y peor aún, la educación se está polarizando de una manera notable: por una parte, los centros que dan nivel y piden exigencia a alumnos y familias y por otro, el vale todo de casi todos, y un fracaso escolar al que quiere ponerse freno con medidas tan bizarras como el que se dé el título de Bachillerato a quien tenga una asignatura suspensa. Vamos, que hay que enseñar a los alumnos la palmadita en la espalda, el premio a la falta de esfuerzo y trabajo y hala, a la universidad donde ya te cantarán las cuarenta… o no, porque es posible que pagues una educación superior mediocre y hasta que seas doctor cum laudem con una tesis vergonzosamente mala. Cosas peores se han visto. Es decir, si quieres una formación decente, estudiar áreas tan fantásticas como la música, la pintura o los idiomas… págalo y búscate la vida. Mientras, los docentes, privados de todo recurso para incentivar, enseñar, corregir y estimular, seguiremos intentándolo con todas las fuerzas de nuestra vocación y todas las trabas de nuestro sistema. Así son las cosas y a nadie se le escapa que los problemas no se enfrentan y que las reformas, aún teniendo ciertos aspectos remarcables como el hecho de no facilitar la segregación por sexos o descartar la nota de religión para contar en las medias, son meras operaciones cosméticas que, además, devuelven el poder a quienes usan las lenguas cooficiales como elemento de propaganda. Lo de siempre.

Ni tiempo, ni esfuerzo, ni dedicación. Por suerte, los del gremio de la tiza ya estamos curados de reformas y lo único que hacemos es lo que mejor sabemos: educar personas atendiendo a su diversidad y a ese principio vital del esfuerzo. Es posible que no nos acompañen ni la sociedad del todo vale ni nuestros propios jefes, sin embargo, no lo sabemos hacer de otro modo. Por eso recibimos las reformas con resignación y paciencia mientras esperamos el sagrado advenimiento de un Pacto Educativo. Qué vamos a hacer, lo que se ha hecho siempre: educar desde el respeto, el conocimiento, el amor y la vocación. Y que inventen ellos.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez