Sábado, 17 de agosto de 2019

Salamanca y los estorninos: ¿cuál es el problema?

Sí, ya sé la respuesta oficial, que el problema son los excrementos de los miles de estorninos que nos visitan cada año y el daño que éstos producen en los monumentos.

Pero  mi respuesta particular, y, con seguridad, la de miles de ciudadanos salmantinos, que amamos esta ciudad y también amamos a los estorninos y otras aves, es que ese fantaseado daño sobre los monumentos del que habla el ayuntamiento debe ser más imaginario que real: monumentos que existen hace 400, 500, 600 años, soportando lluvias, nieves, sequías, tormentas, nidos de cigüeñas, plagas de insectos y desde hace un siglo soportando ¡aire contaminado!, siguen ahí, impertérritos. Necesitados, como cualquier cosa valiosa, de ciertas medidas de conservación y limpieza.

¿Cuándo empezaremos a ser conscientes y comparar nuestra sucia y destructiva especie, la humana, con tantas especies inocentes que nuestra estupidez ha hecho desaparecer? ¿No queremos saber la obviedad de que hemos dañado el planeta tan salvajemente que ya no hay posibilidad de marcha atrás, de “cura” y que los científicos nos avisan de que la esperanza de vida del planeta tierra se puede contar ya solo por décadas?

Cuando el frío arrecia en los países del norte de Europa, los estorninos vuelan a países más cálidos, como España, y al llegar a las ciudades, anidan dentro de los agujeros de los árboles, en las grietas de las rocas o bajo las tejas, en los tejados. Se sabe que su vida es muy corta, aunque su reproducción es grande. Es decir estos pequeños pájaros tienen una vida bien poco destructiva y podían ser el símbolo de la inocencia si los comparamos con nuestra destructora especie.

¿A quién le molesta los trinos del atardecer de los estorninos? ¿Son las mismas personas a las que NO les molesta los tubos de escape de las motos, los estruendosos sonidos de “músicas” enlatadas que disparan muchos coches con las ventanas abiertas, los ruidos de los motores de todo tipo en las obras que nos circundan, a veces durante días y noches?

 Los trinos de los pájaros, durante toda la historia de la humanidad, han sido símbolo de alegría, de vida, incluso de espiritualidad, en muchas religiones. En la actualidad las aves que aún resisten la contaminación y el cambio climático son el signo de la esperanza y de la prueba de que todavía puede ser habitable este planeta. El día en el que no escuchemos ya, en las ciudades o en los campos, el trino de los pájaros, sabremos que los días de supervivencia de la especie humana están contados. Será el comienzo del fin de los tiempos.