Viernes, 16 de noviembre de 2018

Invierno sin otoño

Graves temporales –políticos, económicos, sociales, judiciales, religiosos—

Pensando sobre qué escribir hoy, al fin se me ocurrió, como suele suceder cuando no hay nada de qué hablar, hablar del tiempo. Es lo más cercano y visible en estos días que transcurren como lo más perceptible: el cambio de unos días interminables de verano casi permanente, a momentos de frío constante y de amenaza de lluvias casi convertidas en tornados.

De aquí era fácil elevarse a la contemplación de los graves temporales –políticos, económicos, sociales, judiciales, religiosos— por los que estamos atravesando en nuestros días. Casi no haría falta explicitar nada más. A cualquier parte que miremos, nos encontraremos con varios tipos de sunamis, que sufrimos como amenazas o que arrasan ya llevándonos por delante.

Podemos empezar con las historias incómodas de la pederastia que, aun siendo una práctica común en diversos colectivos, en muchos de ellos con más frecuencia y en situaciones familiares más comprometidas, las acusaciones se vienen centrando en los casos relacionados con religiosos, que manchan y comprometen a la Iglesia. Que también se dan en el ámbito protestante y aun en espacios propios de otras religiones.

Cierto que son acontecimientos que hay que tratar con las máximas exigencias, pero en los que no se puede actuar más que reconociendo la presunción de inocencia, y que no es fácil poder probar con certeza la correspondiente culpabilidad, pudiendo en algunos casos condenar al inocente y crear en él una situación psicológica y humana prácticamente irreversible.

No es, por tanto, fácil acertar con el tratamiento de este tipo de abusos, si bien es cierto que hay que reconocer y relacionarse con las posibles víctimas, a las que hay que oír, respetar y reparar en la medida de lo posible, incluso con aportaciones pecuniarias, aun cuando en muchos casos pueda ser el único motivo de reclamación y de denuncia.

Conozco algún caso en el que un religioso ha sido duramente sancionado, aun cuando yo metería la mano en el fuego, como se suele decir, defendiendo con firmeza su inocencia. Consecuentemente, habría que comprender la actitud de sus superiores, a los que se ha tratado injustamente como encubridores. Tendremos que sufrir y soportar por largo tiempo casos como éstos. Basta por hoy con el reconocimiento de este duro signo invernal.

Después tocaría considerar la revolución que se ha armado con el caso de los impuestos por la realización de actos jurídicos documentados. Temporal que ha arrasado el mundo de la justicia, y la actuación consecuente de los políticos, con la supuesta intervención de los mismos bancos. Difícil tema que ha sido traído y llevado abundantemente en los pasados días, que puede traer más cola en el futuro y que parece suficiente ya con lo vivido, que no necesita que le sigamos dando más vueltas. Fuerte sunami de tormenta invernal imprevista.

La helada temperatura por la que está pasando el gobierno por dos de los temas que están en el candelero, en lo que se refiere a la dificultad para aprobar los presupuestos, o para terminar cuanto antes con el largo affaire de la tumba del dictador Franco en el Valle de los caídos, no necesita mucho más comentario. Como tampoco lo necesita el caso de las dificilísimas relaciones con el gobierno y las instituciones independentistas de los catalanes.

Situación más complicada todavía por el desprestigio que recientemente ha afectado a los tribunales supremos de justicia en su actuación contradictoria respecto de los actos jurídicos documentados en relación con las hipotecas concedidas. Y aún más con la determinación tomada por la justicia europea respecto de las reclamaciones interpuestas por Otegui alegando indefensión por parte de los tribunales españoles.

Acontecimientos que complican más todavía las relaciones del gobierno con ciertos grupos independentistas aberzales o catalanistas radicales aferrados a la independización respecto de España, que acusan a los tribunales españoles de contaminados con la influencia del poder político del gobierno y de los partidos constitucionalistas.

Que siga el invierno, pero que vuelva la alegría de la primavera y un verano cargado de abundantes y apetitosos frutos: políticos, religiosos, económicos, sociales, educativos, etc. Y que lo veamos pronto.