Viernes, 16 de noviembre de 2018

Un discurso de Carmen Negrín en Salamanca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias a la revista El viejo topo de este mes he podido por fin recuperar el discurso que dio en 2011 Carmen Negrín, nieta del último presidente del gobierno republicano durante la Guerra civil, con ocasión de la entrega al Centro documental de la memoria histórica de una copia digital del archivo de su abuelo. (Los originales fueron depositados entonces en la Fundación “Juan Negrín de Las Palmas). La referencia aparece en la crítica del reciente libro de Félix Población La memoria nombrada.

La documentación cedida, que abarca los años de Negrín como ministro de hacienda y de guerra y presidente del gobierno, salió de España en 1939 y se mantuvo oculta durante muchos años en París, salvándose de las acechanzas de la policía franquista y de la Gestapo. Sin duda, el valor de este depósito documental es extraordinario y por ese motivo Carmen Negrín consideró necesaria esa cesión a un archivo público español. Pues, según indicó en su discurso –meditado, sereno y contundente–, conocer la figura de Negrín en la Guerra civil española es tan imprescindible como saber quiénes fueron De Gaulle o Churchill en la II Guerra mundial. La cesión del archivo tenía además, según ella, (o hubiera debido tener, en mi opinión) una relevancia simbólica como iniciativa posibilitadora de un reencuentro con los valores y las personas de la época republicana, semejante a la que pudo tener la vuelta del Guernica de Picasso en 1981.

El franquismo lanzó sus peores invectivas y calumnias contra Negrín, quizá por ser uno de los mejores exponentes de la resistencia antifascista en España, y por ello este archivo podía ayudar a rehabilitar la imagen pública de una de las principales personalidades de la historia española del siglo XX. (Y es triste recordar que tampoco fue bien recordado por el PSOE, su propio partido, durante muchos años). Negrín era consciente de ello y por eso envió copias al gobierno franquista de documentos sobre el llamado “oro de Moscú”, que se mantuvieron ocultos hasta que Ángel Viñas pudo usarlos para elaborar su primer trabajo historiográfico importante, que destruye uno de los muchos mitos de la historietografía franquista vigente durante décadas. Pero su difusión fue retrasada incluso en plena transición democrática.

Carmen Negrín además respondió a la siguiente cuestión: ¿por qué la familia esperó tantos años para esa cesión de los documentos del “abuelo”, como ella llama a Negrín?  La venida del Guernica tuvo lugar en 1981 y la del archivo Negrín hubo de esperar otros 30 años. Pues bien, según dijo era difícil evaluar si la sociedad española había evolucionado suficientemente para entender y valorar el archivo en sus justos términos. Explicó por qué: los exiliados, sus hijos y sus nietos se sentían desconcertados ante ciertas realidades. Aunque el régimen posfranquista fuese una monarquía, ¿cómo asumir el olvido simbólico de la II República, único antecedente democrático?, ¿cómo entender el desinterés oficial por las fosas comunes del franquismo?, ¿cómo ver la actitud de la Iglesia, que nunca ha pedido perdón por su colaboración con el Movimiento, o la de los gobiernos que le han mantenido parte de sus viejos privilegios?, ¿cómo aceptar el curso legal de una historiografía que equipara a un gobierno legítimo con una banda golpista?...

Podría decirse que el acto de cesión de los documentos de Negrín, así como el discurso a que dio lugar, fue una ocasión histórica. Sin embargo, como indica Félix Población –y yo puedo certificar, pues asistí al acto– los medios de prensa lo ignoraron, lo mismo que las autoridades locales o los profesores de la universidad de Salamanca. (Sólo recuerdo a Ricardo Robledo entre los asistentes, al que por cierto o agradezco la indicación del artículo que vengo comentando). Quizá sean algo más que anécdotas los hechos siguientes: el acto tuvo lugar en el viejo Archivo de la Guerra civil, domiciliado en la entonces llamada calle del “Expolio” (denominación por cierto acertada, según se mire el hecho a que se refiere); el nuevo Centro de la Memoria Histórica aún tardó años en inaugurarse (y hoy es el día en que sigue cerrado y solo usado para actos intermitentes) y el medallón del dictador campó en la plaza Mayor de Salamanca aún unos años más, hasta 2017 (y aún sigue en el salón de plenos del Excmo. Ayuntamiento de Salamanca, presidido por el que se considera ya futuro presidente de la Junta de Castilla y León).

Algunas de las preguntas que se hizo Carmen Negrín en Salamanca siguen en el aire.