Lunes, 28 de septiembre de 2020

El estrés de la tercera edad

No estaría de más algún estudio sobre el estrés de nuestros mayores

Sostiene Ernesto que no está reconocido, ni social ni clínicamente, el estrés de nuestros mayores. Según él, no estaría de más algún estudio pormenorizado sobre el tema que analizase las causas y las consecuencias psicosomáticas de la tensión física y emocional en una muestra significativa de la población mayor de 60 años.

Para defender su teoría, y dejando a un lado la margarita que algunos políticos de medio pelo deshojan sobre si en un futuro próximo los jubilados percibirán o no sus pensiones, Ernesto aporta algunos ejemplos que sirvan como estímulo a los estudiosos: tal que el desasosiego que produce la marcha de la economía y del PIB deseando, y a la vez temiendo, su mejora y que sus hijos nos precisen de su pensión para sobrevivir y le devuelvan al asilo; o la desazón de los que andan sin sombra y se levantan antes del alba en Benidorm para colocar su toalla en la arena y afianzar con ese débil ariete un puesto en primera línea de playa; o la tribulación de los que aguardan la visita de hijos y nietos debatiéndose en la duda de no poder precisar si le producen más alegría cuando llegan o cuando se van; o los que están con el alma en un hilo al desconocer si el año que viene las pensiones subirán un real o dos; o la intranquilidad de los que temen que su nombre se haya caído de las listas de espera de la Seguridad Social para operarse de lo suyo; o la desesperanza de los que están en espinas al ver como cuatro tuercebotas pretenden arrojar al país por un precipicio; o el desvelo de los que no duermen temiendo llegar tarde con los nietos al colegio; o la angustia de estar como vendido por culpa de unos órganos que les da por jugar a la ruleta rusa; o la zozobra por tener que asistir a la afrenta de la propia decrepitud; o…