Lunes, 19 de agosto de 2019

La Filosofía y la verdad

Coinciden en el tiempo dos noticias que, si positivas, no dejan de reflejar la oscuridad de donde vienen, la cutrería mental y política en que no más anteayer chapoteábamos por obra y gracia de ese pensamiento (un decir) devoto de la ocultación y la incultura que define la reaccionaria derecha política española. Tratan estos dos soplos de aire, uno de la afortunada recuperación de la enseñanza de la Filosofía en Educación Secundaria, y el otro del progresivo interés mediático (y, por tanto, público) por esclarecer los casos de pederastia, abuso y violación de menores cometidos por miembros de la iglesia católica española.

Apenas dos puntos en el tráfago de instrumentalización política de la información, pero que no deberían sino calificarse como normales en una sociedad que aspira a ser sana y que se quiere democrática, pero que por obra y gracia del proyecto de ramplonería cultural y empobrecimiento mental a que la derecha política nunca renuncia, y por otra parte al encubrimiento y ocultación que caracterizan a las sectas, como la Iglesia Católica, vienen a paliar en parte el grave empobrecimiento de la sociedad española, insultada en sus derechos y afrentada en su dignidad al tiempo que abaratado el valor y la confianza en sus instituciones con la supresión de la Filosofía y el silencio sobre los abusos.

La recuperada enseñanza de la Filosofía como materia troncal en ESO y Bachillerato, viene a recuperar la importancia educativa de una materia capital para entender todas las demás, imprescindible para comprender el mundo, necesaria para forjar la propia personalidad y discernir la complejidad y riqueza de las relaciones humanas en cada tiempo y en cada espacio. La Filosofía, despreciada en los planes educativos por un utilitarismo tan indigno como vergonzoso fruto de un talante político necio y oscurantista que persigue la sumisión y la incultura, va a volver a las aulas y contribuirá a la formación integral de los individuos justamente en la edad en que su maduración humana necesita el sustento de la reflexión crítica y la capacidad autocrítica; también al conocimiento de la historia del pensar, que los situará en el punto preciso en que les sea posible orientarse para dar pasos en pos de la formación de su propia identidad alejada del dogma y la patraña. La filosofía hará adquirir a los escolares, a los enseñantes y por tanto a toda la sociedad, capacidades como las de juicio sobre los actos morales propios y ajenos, hábitos como el de la justicia y el valor de los principios, valores como la crítica y el diálogo y capacidades como la argumentación, aprecio de las bondades y las exigencias de la libertad, de la ética de las instituciones y, por tanto, rechazo de cuanto atente contra la libre convivencia, el respeto, los derechos humanos, los deberes de ciudadanía, la igualdad o la fraternidad. La filosofía es una actividad en el pensamiento que desembocará en una vida más activa, más feliz, más lúcida y más libre; es decir, más sabia. Por eso la recuperación de la Filosofía en los institutos españoles no puede sino celebrarse con alegría y esperar que una más adecuada preparación de los enseñantes para este reto inaugure un nuevo tiempo en que la enseñanza pueda ser, por fin, sinónimo de educación.

El continuado descubrimiento y/o denuncia de miles y miles casos de pederastia, abuso y violación de menores (gravísimos delitos), cometidos actualmente y durante años (décadas... siglos...) por religiosos católicos en todo el mundo, muchos ya juzgados, en manos de tribunales civiles o sometidos a investigación judicial en multitud de países, y por los que no cesa de elevarse la alarma mundial y crecer la sospecha generalizada sobre los fundamentos, estructura, funcionamiento y prácticas internas de la organización presidida por Jorge Bergoglio, adolecía hasta no más anteayer de una especie de laguna informativa, espacio en blanco o brumosa desatención en lo que respecta a actos criminales de esa repugnante índole cometidos en España, país en el que la Iglesia Católica sigue desempeñando un (incomprensible) papel preponderante de enorme influencia política y social, y que incluso en un estado constitucionalmente aconfesional, sigue recibiendo magras partes del dinero de los impuestos de la ciudadanía a través de sus concertadas empresas de enseñanza, organizaciones jerárquicas de culto religioso y participación institucional y decisoria en órganos supuestamente democráticos, además de colonizar (abusivamente) la utilización y rendimiento económico de espacios y monumentos históricos. Afortunadamente, y muy probablemente por la intervención de fuerzas políticas en la actualidad con (algún) poder de influencia en la orientación política del país, ha empezado a ponerse en cuestión el ominoso silencio y la ocultación sistemática de los indudables casos de aberrantes delitos contra menores que, diremos presuntamente, hayan tenido lugar en el seno de la Iglesia Católica española a lo largo de los años. Ojalá que haya ‘luz y taquígrafos’ en una organización que representa, o dice representar, principios en los que muchos españoles de buena fe depositan su confianza y su creencia, y aun sabiendo que lo siniestro y espeluznantemente sucio del tema da para poca alegría, habría de recibirse también con satisfacción esta nueva entrada de luz, este soplo de aire fresco, esta bocanada de verdad.

La Filosofía y la verdad. Cada una nos aboca a la otra. Dos categorías de un solo afán: la dignidad; dos senderos de la Humanidad que conducen a la misma meta: saber cómo vivir, una exigencia intelectual por la que estas dos noticias hoy, para variar, debieran provocarnos alegría.